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Home Energía

Las renovables iban a ser la energía más barata, pero los apagones y la dependencia de subsidios cuentan otra historia

by David Pérez
23 de abril de 2026
in Energía

Durante casi tres décadas, la industria eólica y solar ha repetido el mismo argumento: sus tecnologías son ya la fuente de electricidad más barata del mercado. Es una afirmación que ha moldeado políticas energéticas en medio mundo.

Pero una serie de acontecimientos recientes complica ese relato. En cuestión de segundos, la red eléctrica de la península ibérica —dominada por renovables— se quedó a oscuras. En el Reino Unido, las oscilaciones bruscas de la generación solar amenazan con desestabilizar una red ya sometida a presión. Y en Estados Unidos y Australia, los gobiernos empiezan a cuestionar en voz alta hasta cuándo deben sostenerse estas tecnologías con subsidios y mandatos obligatorios.

La distancia entre la promesa y la realidad operativa no parece estar reduciéndose.

La promesa de la energía más barata y la dependencia persistente de los subsidios

Durante décadas, la industria renovable ha argumentado que el viento y el sol compiten ya en igualdad de condiciones con los combustibles fósiles. Sin embargo, como señala Gary Abernathy, hay una contradicción difícil de ignorar: si estas tecnologías son realmente las más baratas del mercado, ¿por qué sus defensores siguen presionando para mantener subsidios, mandatos y objetivos obligatorios de generación renovable? El argumento siempre aplaza la competencia real hacia un horizonte que nunca termina de llegar.

En Estados Unidos, la decisión de la administración Trump de retirar los permisos para proyectos de eólica marina tuvo consecuencias inmediatas y reveladoras. TotalEnergies, la gigante energética francesa, redirigió los miles de millones previstos para eólica offshore hacia proyectos de petróleo, gas natural y GNL en suelo americano. Si la eólica marina fuera genuinamente competitiva, esa inversión habría buscado otros mercados renovables. En cambio, encontró en los hidrocarburos una alternativa más atractiva en cuanto desapareció el paraguas político.

Apagón en la península ibérica: cuando la red dominada por renovables se quedó a oscuras

El caso más significativo de las últimas semanas ocurrió mucho más cerca. España y Portugal experimentaron un apagón súbito y masivo en una red con alta dependencia de generación solar y eólica. Según el análisis de Andrew Montford, el sistema colapsó en cuestión de segundos, sin margen de reacción.

El incidente pone de manifiesto uno de los puntos débiles de las redes con alta penetración renovable: la generación intermitente, sin respaldo suficiente de fuentes de carga base o almacenamiento a gran escala, puede generar vulnerabilidades sistémicas que simplemente no existen en redes tradicionales. No es un argumento contra las renovables en sí mismas, sino contra la velocidad de transición sin infraestructura de respaldo adecuada.

En el Reino Unido, el problema adopta una forma diferente pero igualmente preocupante. Will Jones ha documentado cómo las oscilaciones bruscas en la generación solar —subidas y bajadas masivas en poco tiempo— someten a la red eléctrica a tensiones para las que no fue diseñada. Una red ya presionada por la integración del viento difícilmente absorbe sin consecuencias esos picos imprevisibles.

Australia y la trampa energética autoinfligida

Australia ofrece quizá el ejemplo más ilustrativo de cómo las decisiones políticas pueden comprometer la seguridad energética de un país entero. Se trata de una nación extraordinariamente rica en recursos propios —tanto renovables como fósiles—, y aun así, según el análisis del equipo de Jo Nova, depende hoy casi por completo de fuentes externas para sus combustibles líquidos.

Esta situación no fue accidental. Fue el resultado acumulado de una década de políticas hostiles a los hidrocarburos que priorizaron objetivos ideológicos sobre la seguridad de suministro. El país, en palabras de Jo Nova, caminó «sonámbulo» hacia una trampa energética que ahora resulta difícil de deshacer. El caso australiano sirve de advertencia sobre lo que ocurre cuando la planificación energética ignora sistemáticamente la pregunta más básica: ¿qué sucede si las fuentes preferidas no están disponibles?

El regreso nuclear en Estados Unidos: una alternativa impulsada por la realidad

Frente a este panorama, el renovado interés estadounidense por la energía nuclear destaca por un rasgo singular: no está siendo impulsado por mandatos gubernamentales ni por subsidios extraordinarios. Según Jason Isaac, el resurgir nuclear responde a necesidades energéticas concretas y a un cálculo pragmático sobre qué tecnologías pueden suministrar electricidad fiable a gran escala. La nuclear ofrece algo que las renovables intermitentes no pueden garantizar por sí solas: generación continua, predecible e independiente de las condiciones meteorológicas.

El contraste es relevante. Mientras las renovables continúan dependiendo de marcos regulatorios favorables para atraer inversión, la nuclear parece estar recuperando terreno por sus propios méritos operativos. Esto no implica que esté exenta de dificultades —los costes de construcción y los plazos siguen siendo un desafío real—, pero el argumento de su regreso se apoya en la realidad técnica, no en la política climática.

¿Competencia real o protección permanente?

El patrón que emerge al observar conjuntamente los casos de Estados Unidos, Reino Unido, España y Australia apunta a una tensión estructural que va más allá de los detalles de cada mercado. En todos ellos, el despliegue masivo de renovables ha coexistido con problemas de fiabilidad de red, dependencia de apoyo político y, en algunos casos, vulnerabilidades energéticas nuevas.

Los críticos del modelo actual sostienen que una competencia genuina —sin mandatos de generación ni subsidios cruzados— transformaría radicalmente el mix eléctrico resultante. Los defensores de las renovables replican, con cierta razón, que históricamente todas las fuentes de energía han recibido apoyo público en sus fases de desarrollo. El debate de fondo —cuándo debe terminar ese apoyo y bajo qué condiciones— sigue sin resolverse.

Los próximos años serán reveladores. Si las renovables logran sostenerse en mercados donde los apoyos se reducen, la promesa de tres décadas habrá encontrado por fin su demostración. Si no, habrá que hacerse preguntas más incómodas sobre qué se ha estado subsidiando realmente: la energía barata, o la ilusión de ella.

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