Green Home Press
  • Selección Green
  • Bienestar
  • Ciencia
  • Economía
  • Energía
    • Precio de la Luz
  • Tecnología
No Result
View All Result
Writy.
  • Selección Green
  • Bienestar
  • Ciencia
  • Economía
  • Energía
    • Precio de la Luz
  • Tecnología
No Result
View All Result
Green Home Press
No Result
View All Result
Home Bienestar

Un estudiante pregunta por qué planificar su futuro si «viene el apocalipsis»: la respuesta de una terapeuta climática

by David Pérez
27 de abril de 2026
in Bienestar
Young university student in deep thought about the future on campus steps amid climate concerns.

A university student grapples with existential questions about planning for the future in a world facing climate challenges.

«¿Para qué voy a planificar mi futuro si viene el apocalipsis?». Esa es, casi literalmente, la pregunta que un estudiante universitario le hizo llegar hace poco a Leslie Davenport, terapeuta especializada en ansiedad climática. Le apasiona su carrera, pero siente que todo lo que estudia podría volverse inútil antes de que llegue a ejercerlo.

No es un caso aislado. Cada vez más jóvenes experimentan lo que se conoce como eco-ansiedad: una angustia persistente ante un futuro que perciben como incierto o directamente catastrófico.

La pregunta que define a una generación

El estudiante que escribió a Davenport no es ninguna excepción. Es, según la propia terapeuta, la cara visible de una tendencia que crece entre quienes tienen entre dieciocho y treinta años: jóvenes que siguen de cerca las noticias climáticas, que se forman con ilusión, pero que sienten que el suelo bajo sus pies podría desaparecer antes de que terminen de construir algo sobre él.

La eco-ansiedad está siendo documentada con creciente insistencia por profesionales de la salud mental. Davenport señala que recibe este tipo de consultas cada vez con más frecuencia, y que la pregunta de fondo suele ser la misma: ¿tiene sentido planificar cuando el mundo parece al borde del colapso?

El peso de la palabra ‘apocalipsis’

Hay algo en esa palabra que lo clausura todo. Cuando el fin del mundo se convierte en conclusión inevitable, resulta casi imposible creer que cualquier esfuerzo importe. El problema no es solo emocional: es también cognitivo.

Davenport distingue entre dos cosas que a menudo se confunden. Las disrupciones graves son reales y, en buena medida, están garantizadas —el cambio climático ya está transformando sectores enteros, mercados laborales, ecosistemas—, pero eso es muy distinto al escenario del fin absoluto. Colapsar todos los futuros posibles en el peor de ellos tiene un efecto psicológico concreto: la parálisis. Cuando el caso extremo se convierte en el único imaginable, la mente se congela. Y esa congelación no ayuda ni a quien la sufre ni a las comunidades que dependen de que la gente actúe.

Descongelarse sin fingir que todo irá bien

Salir de esa parálisis no significa negar la gravedad de lo que ocurre. Davenport propone lo que llama una «agilidad hábil»: la capacidad de adaptarse a medida que las circunstancias cambian, sin pretender que todo va a salir bien ni rendirse ante la idea de que nada importa.

Las habilidades, las relaciones y las formas de pensar que uno desarrolla al seguir una vocación no están encerradas en un título concreto ni en un puesto específico. Son transferibles. La pregunta relevante, dice Davenport, no es si un determinado grado universitario «sobrevivirá» al futuro, sino cómo alguien puede presentarse ante ese futuro con profundidad y flexibilidad. Sentir el miedo y el duelo por lo que ya se está perdiendo forma parte de mantenerse íntegro; no es un obstáculo para actuar, sino una condición para hacerlo con honestidad.

De buscar certezas a navegar por valores

Uno de los cambios más útiles que propone Davenport es reformular la pregunta de partida. En lugar de «¿importará esto dentro de cincuenta años?», la pregunta más fértil es: «¿Qué me importa ahora y cómo construyo una vida coherente con ello?».

Este enfoque conecta con las terapias basadas en la aceptación, que sugieren que soltar el control sobre resultados específicos —no resignarse, sino no aferrarse— aumenta la resiliencia y sostiene la motivación a largo plazo. Los valores, a diferencia de los planes concretos, viajan con nosotros. Permiten pivotar cuando las circunstancias cambian porque no dependen de que el mundo se comporte de una manera determinada.

La pasión no es un lastre: el mundo necesita gente que le importe

El mensaje central de Davenport al estudiante es, en el fondo, sencillo: nadie puede planificar para un futuro fijo porque tal cosa no existe. Nunca ha existido, aunque antes costara menos ignorarlo.

Lo que sí existe —hoy y en cualquier escenario futuro— es la necesidad de personas comprometidas, capaces de usar su creatividad y dispuestas a buscar la siguiente contribución útil. La pasión de ese estudiante por su carrera no es una ingenuidad ni un lujo: es exactamente el tipo de recurso que la acción climática y la resiliencia comunitaria necesitan. Situado en ese contexto más amplio, el planteamiento de Davenport trasciende la terapia individual. No se trata solo de que un joven se sienta mejor, sino de que quienes tienen más razones para desanimarse encuentren la manera de seguir construyendo.


Quizá la pregunta más honesta no sea si el futuro justifica el esfuerzo, sino qué tipo de personas queremos ser mientras ese futuro se decide. La eco-ansiedad, cuando no paraliza sino que informa, puede ser también una brújula.

  • Aviso Legal
  • Contacto
  • Green Home
  • Política de cookies
  • Política de privacidad
Contacto

© 2025 by GreenHomePress

No Result
View All Result
  • Selección Green
  • Bienestar
  • Ciencia
  • Economía
  • Energía
    • Precio de la Luz
  • Tecnología

© 2025 by GreenHomePress