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Turbinas de 230 metros sobre aldeas galesas: la energía eólica enfrenta a vecinos, gobierno y naturaleza en un debate sin resolver

by David Pérez
2 de mayo de 2026
in Energía
Elderly woman overlooking wind turbines and traditional cottages in rural Wales, highlighting energy debate.

An elderly woman stands on a hillside in Wales, pointing towards wind turbines that loom over traditional cottages, symbolizing the conflict between nature and industrial energy.

Desde una colina sobre Abercarn, Grace Lloyd señala el páramo que se extiende frente a su casa. Ocho aerogeneradores ya se ven en el horizonte. Pero lo que se propone ahora es diferente en escala: turbinas cinco veces más altas que los pilones eléctricos actuales, una altura tan difícil de imaginar, dice ella, que solo se comprende cuando se tiene delante.

Gales lleva seis años sin construir un solo parque eólico terrestre. Ahora, varios proyectos de gran envergadura se plantean al mismo tiempo, y las comunidades rurales que los rodean empiezan a preguntarse qué significa realmente esa escala para sus paisajes, su naturaleza y su forma de vida.

Gales necesita más energía eólica, pero lleva seis años sin construir un parque

El país cuenta actualmente con 45 parques eólicos terrestres, con turbinas de entre 50 y 150 metros. Sin embargo, según Abi Beck, de RenewableUK Cymru, Gales «en realidad no ha construido un parque eólico terrestre en seis años». La percepción pública, advierte, tiende a sobreestimar el avance real: «La verdad es que vamos por detrás».

Para acelerar la transición, el gobierno galés ha introducido áreas preevaluadas donde los grandes parques cuentan con apoyo institucional. También ha eliminado las normas fijas sobre altura de turbinas y distancia mínima a viviendas, sustituyéndolas por un análisis caso a caso. Los proyectos de mayor envergadura son ahora competencia de los ministros galeses, no de los ayuntamientos locales. Quienes lo defienden lo ven como una agilización necesaria; quienes lo critican, como una pérdida real de control comunitario.

Turbinas de hasta 230 metros: los proyectos que preocupan a las comunidades rurales

En Abercarn, en el condado de Caerphilly, se proponen hasta 20 nuevas turbinas —tres de ellas de 180 metros— en páramos que albergan aves nidificantes y anfibios. Más al oeste, en la pequeña aldea de Rhydcymerau, en Carmarthenshire, el proyecto Glyn Cothi plantea 27 turbinas de hasta 230 metros, el doble de la altura de la catedral de San Pablo de Londres, a menos de un kilómetro de viviendas.

Glyn Cothi es uno de los tres proyectos impulsados por Trydan Gwyrdd Cymru, la promotora pública de energía renovable creada por el gobierno galés, con planes similares en Rhondda Cynon Taf y en la frontera entre Conwy y Denbighshire. Simon Morgan, director de desarrollo de la empresa, señaló que el diseño se encuentra aún en una «fase inicial» y que esperan continuar el diálogo con las comunidades locales.

Los promotores privados también destacan el impacto económico. RES, que propone 13 turbinas en la zona de Abercarn, habla de una inversión de 26,3 millones de libras en la economía galesa y un paquete de beneficios comunitarios de 9,5 millones. Algunos promotores mencionan además la posibilidad de propiedad local parcial de los proyectos.

Entre el paisaje y la transición: las voces enfrentadas

Grace Lloyd, geóloga jubilada de 67 años, lleva más de dos décadas viviendo en los márgenes de Abercarn. Desde su ventana ya se ven ocho aerogeneradores. No se considera opositora a las renovables, pero teme que la escala de lo que ahora se propone altere de forma irreversible un paisaje que considera patrimonio de su nieta. «Debemos tener energía renovable», dice. «Pero también se supone que debemos proteger los hábitats naturales. No veo mucho esfuerzo por encontrar un compromiso».

Bob Horton, de 67 años, se retiró a Rhydcymerau hace tres años tras décadas en grandes ciudades. Lo que más le preocupa no es la vista desde su ventana, sino el posible impacto en la naturaleza y la economía local. «Estos no son los bonitos que ves en una ladera», dice. «Son monstruos que se verán desde diez o quince kilómetros».

Cathy Alder, trabajadora social de Cardiff en torno a los 60 años, defiende la energía eólica a gran escala sin ambigüedades. «Gales tenía minas de carbón en todas partes», señala. «Si no son turbinas, ¿entonces qué?». Una encuesta de YouGov para Friends of the Earth Cymru refleja que el 65 % de los galeses apoya la eólica terrestre, aunque también muestra un respaldo mayoritario a que las comunidades generen y se beneficien de su propia energía.

Elecciones al Senedd y el futuro de la eólica galesa

Con las elecciones al Senedd de mayo como telón de fondo, los partidos presentan posiciones claramente divergentes. El Partido Laborista galés defiende una «Gales energéticamente independiente» que proteja al país de los mercados globales inestables. Plaid Cymru habla de convertir Gales en líder mundial en renovables, pero insiste en una transición justa que otorgue a las comunidades mayor propiedad y beneficio. Reform se opone a la «industrialización del campo». Los conservadores galeses piden una moratoria sobre la eólica y la solar a escala industrial, mientras los liberaldemócratas critican lo que describen como un modelo de «todo vale» para promotores especulativos.

El debate galés no es un caso aislado. Refleja una tensión presente en toda Europa: cómo escalar las energías renovables con la urgencia que exige el cambio climático sin sacrificar ecosistemas frágiles ni ignorar a quienes viven junto a los proyectos. Las cifras de apoyo público a las renovables son altas, pero el respaldo abstracto a la eólica no siempre sobrevive cuando las turbinas dejan de ser un horizonte lejano y se convierten en una propuesta concreta a menos de un kilómetro de casa. Esa distancia, tanto física como política, es la que Gales tendrá que medir con más cuidado en los próximos años.

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