Solo ocho días después de su lanzamiento desde la base de Vandenberg, el pequeño satélite Pandora transmitió sus primeras imágenes de ingeniería desde el espacio. La señal confirmó que sus instrumentos funcionan según lo previsto.
Con un presupuesto máximo de 20 millones de dólares, Pandora es la primera misión del programa Astrophysics Pioneers de la NASA y lleva a bordo un instrumento derivado directamente del James Webb. Superada esta prueba inicial, el telescopio se prepara para analizar las atmósferas de veinte exoplanetas conocidos.
Primeras imágenes desde la órbita: los instrumentos de Pandora superan la prueba
Las imágenes de ingeniería fueron transmitidas el 19 de enero de 2025, apenas ocho días después del lanzamiento del 11 de enero desde Vandenberg a bordo de un Falcon 9 de SpaceX. La rapidez del resultado fue bien recibida por el equipo científico.
El espectrógrafo NIRDA mostró en su imagen de calibración la dispersión de luz esperada: líneas verticales amarillas que confirman que el instrumento puede descomponer la luz en sus distintas longitudes de onda. Esta capacidad resulta esencial para analizar la composición química de las atmósferas planetarias.
Las zonas oscuras de las imágenes también aportaron información relevante. Confirmaron que el sistema criogénico mantiene NIRDA a 110 Kelvin (-163 °C), la temperatura óptima de operación. Sin ese enfriamiento preciso, el detector infrarrojo quedaría inutilizado por su propio calor residual.
Jordan Karburn, del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (LLNL), destacó en un comunicado la «excepcional estabilidad de apuntado» del satélite —un factor determinante para elegir a Blue Canyon Technologies como socio en el desarrollo de la plataforma—. Sostener esa estabilidad durante observaciones de hasta 24 horas consecutivas es uno de los mayores retos técnicos de la misión.
Tres instrumentos en un satélite pequeño: la arquitectura de Pandora
Pandora integra tres instrumentos en un paquete compacto: CODA, un telescopio Cassegrain de 45 centímetros de diámetro desarrollado por LLNL en colaboración con Corning; VISDA, el fotómetro que opera en el rango visible e infrarrojo cercano; y NIRDA, el espectrógrafo, que es una copia de respaldo reutilizada del instrumento NIRCam del telescopio James Webb.
La combinación simultánea de observaciones en visible e infrarrojo es el elemento central del diseño. Permite separar las señales falsas generadas por la propia estrella —manchas estelares o variabilidad intrínseca— de las firmas reales de las atmósferas exoplanetarias. Sin esa distinción, los datos resultarían ambiguos e interpretables de múltiples formas.
El satélite fue desarrollado por LLNL junto con Blue Canyon Technologies y Corning Incorporated para la NASA. Las operaciones científicas diarias recaen en la Universidad de Arizona, el Centro Goddard y el Centro Ames.
La misión científica: veinte exoplanetas bajo la lupa
Una vez completada la fase de puesta en servicio, Pandora iniciará observaciones de seguimiento de 20 exoplanetas en tránsito ya catalogados. El plan contempla 10 mediciones de tránsito por objetivo, con sesiones de unas 24 horas cada una, durante al menos un año de misión nominal.
Los candidatos proceden de catálogos como WASP, HAT y TOI —objetos de interés identificados por el telescopio TESS— y de la iniciativa de ciencia ciudadana Exoplanet Watch de la NASA. Muchos de estos mundos llevan años siendo observados desde tierra, pero sus atmósferas siguen sin estar bien caracterizadas.
Las mediciones en infrarrojo podrían identificar atmósferas ricas en agua e hidrógeno. Lo que hoy son simples puntos de luz en un catálogo podría convertirse, con los datos de Pandora, en mundos con propiedades físicas y químicas concretas.
Órbita singular y desafíos técnicos
Pandora orbita en una trayectoria heliosincrónica polar retrógrada, un tipo de órbita que hasta hace poco era territorio casi exclusivo de los satélites de observación terrestre. Esta configuración le permite apuntar de forma continua hacia objetivos alejados del Sol y de la Tierra, maximizando el tiempo de observación útil.
Cada vuelta a la Tierra dura 97 minutos. A lo largo de sesiones que pueden extenderse un día completo, el satélite debe mantener una estabilidad de apuntado submilimétrica —y las primeras imágenes sugieren que esa exigencia se está cumpliendo.
Pioneers: ciencia de vanguardia con presupuesto reducido
El programa Astrophysics Pioneers, creado en 2020, impone un tope de 20 millones de dólares por misión. El objetivo es demostrar que proyectos de pequeña escala pueden abordar preguntas relevantes en astrofísica sin competir directamente con los grandes observatorios.
Pandora es la primera misión del programa en llegar al espacio, y su arranque positivo refuerza esa premisa. La siguiente será Aspera, diseñada para estudiar galaxias en el ultravioleta extremo, con lanzamiento previsto en agosto de 2026 a bordo de un cohete Electron de Rocket Lab.
Si misiones de bajo coste pueden generar ciencia competitiva junto al JWST, la exploración exoplanetaria podría apoyarse tanto en grandes telescopios como en una red de satélites pequeños y especializados. Los primeros resultados científicos se esperan a lo largo de este año. Con ellos llegará la prueba real de lo que esta nueva generación de misiones es capaz de aportar.
