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Home Ciencia

Científicos mapean por primera vez las zonas ocultas de la Tierra donde se concentran los metales que alimentan la revolución tecnológica

by David Pérez
6 de junio de 2026
in Ciencia
Manos de geólogo sostienen una roca ígnea con minerales de tierras raras en un paisaje montañoso al atardecer

Geólogo examina roca ígnea rica en metales críticos. Científicos mapean por primera vez las zonas profundas donde se concentran los minerales clave para la revolución tecnológica.

El metal que hace vibrar un smartphone, mover un coche eléctrico o girar las aspas de un aerogenerador nace en lo más profundo de la Tierra. Durante décadas, los geólogos sabían que existían depósitos de tierras raras en determinados puntos del planeta, pero nadie había logrado explicar por qué aparecían allí y no en otro lugar.

Un equipo internacional liderado por la Universidad de Cambridge acaba de publicar el primer mapa global que ofrece una respuesta.

Un mapa del tesoro construido con 9.000 muestras de roca

Para construir ese mapa, el equipo recopiló datos químicos de cerca de 9.000 muestras de rocas ígneas enriquecidas en CO₂ procedentes de todo el mundo. Estas rocas comparten una característica clave: su composición favorece la concentración de tierras raras. Reunir esa cantidad de información a escala global no tenía precedentes en este campo.

Los geólogos identificaron estas formaciones ya en el siglo XIX, aunque durante mucho tiempo las consideraron simples curiosidades. Hoy ocupan un lugar central en la transición energética. «Hasta hace relativamente poco, este subconjunto de rocas ígneas eran meras curiosidades», explicó la profesora Sally Gibson, autora principal del estudio.

Parte del problema era terminológico. Los nombres de estas rocas provienen de los lugares donde se descubrieron o de los minerales insólitos que contienen. «La terminología es tan extensa que casi podrías construir un nuevo idioma con los nombres de estas rocas», señaló Gibson. Esa complejidad disuadió históricamente a los investigadores de abordarlas de forma sistemática.

El estudio, publicado en Nature Geoscience, es el primero en analizar el problema a escala global en lugar de examinar yacimientos individuales. Ese cambio de enfoque resultó decisivo.

Las raíces más antiguas de los continentes guardan el secreto

El hallazgo central del estudio es claro: las rocas con la química adecuada para concentrar tierras raras aparecen principalmente a lo largo de los bordes abruptos de la litosfera más gruesa y antigua de la Tierra. No se distribuyen al azar. Siguen un patrón geológico predecible ligado a las raíces más profundas de los continentes.

El mecanismo responde a una lógica física precisa. La litosfera gruesa mantiene las rocas del manto bajo alta presión y temperaturas relativamente bajas, condiciones que limitan la fusión y generan solo pequeñas bolsas de magma ricas en CO₂. Esas bolsas quedan atrapadas bajo la litosfera y se enfrían lentamente; en eventos geológicos posteriores pueden volver a fundirse de forma parcial. Cada ciclo concentra aún más los metales.

Eso explica por qué ciertos territorios acumulan riqueza mineral mientras otros, aparentemente similares en superficie, no contienen nada aprovechable.

Ondas sísmicas como escáner del interior terrestre

Para establecer esa conexión, el equipo combinó la base de datos de rocas con imágenes sísmicas del interior de la Tierra. Las ondas generadas por terremotos permiten obtener una especie de radiografía de la litosfera, similar a la que el sonar proporciona del fondo marino.

«Usando ondas sísmicas de terremotos, podemos crear una imagen en sección transversal de la litosfera», explicó el geofísico Sergei Lebedev. «A partir de ese mapeo podemos ver que el grosor de la litosfera actúa como guía espacial para encontrar estos depósitos.»

Ninguna de las dos fuentes de información, por separado, habría bastado para revelar el patrón. Fue su combinación —química de rocas y datos sísmicos— lo que hizo visible la conexión y permitió cerrar el círculo.

Tierras raras y soberanía tecnológica: por qué importa este hallazgo

Las tierras raras no son un recurso abstracto. Están en el smartphone que tienes en el bolsillo, en el motor del coche eléctrico, en las turbinas eólicas y en buena parte de la infraestructura que sostiene la transición energética. La demanda no deja de crecer.

El problema es la dependencia. Europa, Estados Unidos y otras regiones importan la mayor parte de estos materiales de China, una concentración del suministro que genera vulnerabilidades estratégicas que varios gobiernos llevan años intentando reducir.

El nuevo mapa ofrece, por primera vez, una herramienta predictiva concreta. En lugar de explorar a ciegas, los equipos de prospección pueden orientar sus esfuerzos hacia las zonas con mayor probabilidad de contener depósitos. Gibson lidera además un proyecto de investigación de un millón de libras esterlinas centrado específicamente en la formación de estos yacimientos.

El siguiente paso: retroceder 200 millones de años en el tiempo

El estudio actual se centró en rocas formadas después de las principales fases de ruptura de los supercontinentes, es decir, con menos de 200 millones de años. Fue una decisión metodológica, no una limitación definitiva.

Las rocas más antiguas albergan algunas de las minas de tierras raras más importantes del mundo, pero la actividad geológica posterior —formación de montañas, ruptura de continentes— las ha alterado y complica su interpretación. El equipo planea ahora extender el análisis a esas formaciones.

Gibson se muestra optimista. «Ahora que hemos establecido que este comportamiento sistemático existe, podemos retroceder más en el tiempo», afirmó. «Será más desafiante, pero confío en que será un paso clave para predecir ocurrencias minerales.» Si el modelo se confirma también para rocas más antiguas, el poder predictivo del mapa podría aumentar de forma considerable. La exploración minera del futuro quizá empiece no en el terreno, sino en los datos sísmicos de las raíces más profundas de los continentes.

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