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Home Ciencia

Pulpos capaces de usar espejos para encontrar su presa: un hallazgo que reescribe los límites de la inteligencia animal

by David Pérez
17 de junio de 2026
in Ciencia
Pulpo Octopus bimaculoides extiende un tentáculo hacia un espejo en un tanque de laboratorio con un cangrejo al fondo

Un pulpo usa un espejo en un tanque de laboratorio para localizar una presa fuera de su campo visual, en un hallazgo que redefine la inteligencia animal.

Un pulpo se asoma a un espejo, ignora su propio reflejo y, en un movimiento preciso, se da media vuelta y se dirige exactamente hacia donde está escondida su presa. No la ve directamente: la ha localizado a través del espejo.

Lo que parece un truco de magia es, en realidad, un hallazgo científico publicado en Current Biology. Usar un espejo como herramienta para orientarse en el espacio era una habilidad documentada hasta ahora solo en vertebrados —algunos mamíferos, ciertas aves—. Los pulpos acaban de cambiar eso.

La pregunta que queda abierta es qué nos dice este descubrimiento sobre cómo, y cuántas veces, la inteligencia ha podido surgir de forma independiente en el reino animal.

El experimento: espejos, cangrejos virtuales y una caja de inicio

El equipo trabajó con tres pulpos de la especie Octopus bimaculoides en el laboratorio de la Universidad de Dartmouth. El diseño era sencillo en apariencia, pero cognitivamente exigente: el animal debía identificar, a través de un espejo colocado frente a él, la posición real de un estímulo visual situado a su espalda, y luego desplazarse hacia el lado correcto.

Para evitar interferencias, se optó por una imagen virtual del cangrejo en lugar de uno real. Los pulpos poseen quimiorreceptores que les permiten oler y saborear mediante el tacto, así que usar presa real habría contaminado los resultados. La imagen eliminaba esa variable.

Cada pulpo comenzaba dentro de una caja de inicio, abierta por la parte delantera y superior, con el espejo colocado justo enfrente. La imagen del cangrejo aparecía detrás del animal —a su izquierda o a su derecha—, visible únicamente a través del reflejo. Para conseguir el premio, un cangrejo vivo, el pulpo tenía que darse la vuelta y dirigirse al lado correcto. No bastaba con reaccionar al reflejo: había que interpretar lo que ese reflejo indicaba sobre el mundo real.

Resultados: acierto en el 73 % de los intentos

Los pulpos eligieron el lado correcto aproximadamente el 73 % de las veces, un porcentaje que supera con claridad el azar y que señala una comprensión funcional del espejo como herramienta de orientación espacial.

Con el avance de las pruebas, los animales se volvieron más rápidos para alcanzar la ubicación correcta. No siempre tomaban el camino más corto, pero mejoraban con la práctica. Algunos incluso treparon por el lateral de la caja en lugar de rodearla —lo que apunta a flexibilidad estratégica—: el objetivo era llegar al lugar indicado, y cada animal encontraba su propia manera de hacerlo.

Los movimientos fueron rastreados mediante un punto situado entre los ojos del manto, la parte del cuerpo comparable a una cabeza. Ese seguimiento permitió documentar tanto la precisión de las decisiones como la evolución del comportamiento a lo largo del tiempo.

Una habilidad exclusiva de vertebrados hasta ahora

Usar un espejo como herramienta para procesar información espacial no es algo que la mayoría de los animales pueda hacer. Hasta este estudio, esa capacidad solo se había documentado en algunos mamíferos y ciertas aves —todos ellos vertebrados—.

Este es el primer trabajo que demuestra que un invertebrado puede emplear un espejo para comprender su entorno y localizar presas. La investigadora principal, Mary Kieseler, es directa: «Es la primera vez que demostramos que los invertebrados pueden usar espejos para entender su entorno y encontrar presas». Una habilidad que, hasta ahora, se consideraba patrimonio exclusivo de los vertebrados. El estudio fue publicado en Current Biology mientras Kieseler era estudiante de doctorado en el Departamento de Ciencias Psicológicas y del Cerebro de Dartmouth.

Qué revela sobre la evolución de la inteligencia

El dato evolutivo es difícil de ignorar. El último ancestro común entre humanos y pulpos fue, según los investigadores, un gusano que vivió hace entre 350 y 500 millones de años. Dos linajes tan distantes han llegado, por caminos completamente separados, a desarrollar capacidades cognitivas similares.

Eso apunta a evolución convergente: distintas especies que encuentran soluciones neurales parecidas ante los mismos desafíos. Los entornos donde habitan los pulpos —arrecifes de coral, fondos marinos llenos de obstáculos— podrían haber favorecido el desarrollo de representaciones internas del espacio. Cazar con eficacia en un territorio complejo exige saber dónde estás en relación con lo que te rodea.

Los investigadores proponen que los pulpos podrían poseer mapas mentales internos de su territorio, aunque insisten en que hacen falta más estudios para confirmarlo. Lo que este hallazgo sí invita a reconsiderar es la pregunta de fondo: ¿cuántas veces ha surgido la inteligencia de forma independiente en la historia de la vida? Cada vez que se documenta una capacidad cognitiva en un animal tan alejado de nosotros como un pulpo, la respuesta parece apuntar a que la mente, en sus distintas formas, podría ser una solución que la evolución ha descubierto más de una vez.

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