El lunes, decenas de personas se congregaron ante la gran ventana del Moonshot Museum de Pittsburgh para observar algo que pocas ciudades industriales pueden presumir de albergar: un módulo lunar casi terminado, listo para viajar a la Luna.
El módulo se llama Griffin-1, y detrás de él hay casi dos décadas de desarrollo y una derrota reciente que lo transformó por completo. Lo que Astrobotic ha construido esta vez es distinto, y la NASA ya lo considera una pieza clave de sus planes en el polo sur lunar.
Pittsburgh entra en la carrera espacial
El Moonshot Museum no es un espacio cualquiera. Está adosado a las instalaciones de Astrobotic y dispone de una gran ventana que da directamente al cuarto limpio donde se construye el Griffin-1. Ese lunes, el público podía ver el módulo sin intermediarios, sin pantallas, sin filtros. Para John Thornton, CEO de la compañía, el simbolismo resultaba difícil de ignorar.
«Es fantástico ver a gente de Pittsburgh y Pensilvania unirse para celebrar este gran momento en el espacio», dijo Thornton. «Pittsburgh está en la carrera espacial. Ya no es algo que ocurre solo en Houston, San Francisco o Florida. Ocurre aquí.»
El concepto Griffin lleva en desarrollo casi desde que Astrobotic se fundó, hace cerca de dos décadas. No es un proyecto improvisado. Es el resultado de años de trabajo acumulado que, tras el tropiezo de 2024, ha encontrado por fin su forma definitiva.
Las lecciones del Peregrine-1: cómo un fallo de válvula rediseñó un módulo entero
En enero de 2024, el Peregrine-1 despegó con la esperanza de convertirse en el primer módulo comercial en alunizar. No lo consiguió. Un problema con una válvula de helio en los primeros momentos del vuelo impidió cualquier intento de aterrizaje, y la misión terminó antes de llegar a su destino.
Lo que vino después no fue solo un análisis del fallo concreto. Astrobotic constituyó un exhaustivo comité de revisión que examinó no únicamente lo que había fallado, sino todo lo que podría haber fallado. Según Thornton, todos esos frentes quedaron cerrados antes de continuar.
La solución adoptada en el Griffin-1 es un sistema de válvulas con doble redundancia: dos válvulas independientes que tendrían que fallar de forma simultánea para reproducir el mismo resultado. «Eso no va a ocurrir», afirmó Thornton. «Hemos terminado con los problemas de válvulas en nuestros módulos.»
Una misión que va más allá de transportar carga
El Griffin-1 tiene una capacidad de carga útil de 650 kilogramos y ya ha integrado múltiples cargas. Su relevancia, sin embargo, no se mide en kilos. La NASA lo ha designado como «Moon Base 2», considerándolo un vuelo fundacional para el programa de infraestructura permanente en el polo sur lunar.
Carlos García-Galán, responsable del programa Moon Base en la NASA, estuvo presente en el evento de Pittsburgh. Para él, la misión tiene una dimensión que supera el mero transporte. «Es fundamental que avancemos rápido», dijo. «Esta misión será uno de los pilares para establecer el ritmo que necesitamos para construir la base.»
García-Galán subrayó que el Griffin-1 no solo transporta tecnología: también probará sistemas de aterrizaje fiable, el despliegue de rovers y la capacidad de gestionar varias funciones de forma simultánea, incluidas las comunicaciones. Pruebas que la NASA necesita superar antes de plantearse cualquier presencia humana permanente.
El rover FLIP: el explorador que nació de una cancelación
La carga principal del Griffin-1 es el rover FLIP, siglas de FLEX Lunar Innovation Platform, desarrollado por Astrolab. No viajará desde Pittsburgh: se integrará con el módulo directamente en Cabo Cañaveral, en las semanas previas al lanzamiento.
FLIP surgió de una circunstancia inesperada. En julio de 2024, la NASA canceló temporalmente su rover VIPER, dejando un hueco en la misión Griffin-1. Astrolab diseñó y construyó el FLIP en apenas 18 meses, convirtiéndolo en precursor tecnológico para los vehículos lunares tripulados CLV-1 y FLEX, que podrían transportar astronautas en un futuro próximo. Sus neumáticos, desarrollados junto a Venturi Space, han sido probados en 11 plataformas distintas, desde el Glenn Research Center de la NASA hasta instalaciones en Suiza. En la Luna no hay talleres. Todo debe funcionar desde el primer momento.
Próximos pasos: pruebas ambientales, adquisición y lanzamiento
El Griffin-1 se trasladará al Jet Propulsion Laboratory de la NASA en California a finales de junio para someterse a pruebas ambientales, el siguiente hito antes de que el módulo emprenda su viaje definitivo hacia el sur de Florida.
Astrobotic está siendo adquirida por Voyager Technologies, empresa que ve en ella un encaje natural para sus ambiciones en el espacio profundo. Matt Magaña, presidente de Defensa y Seguridad Nacional de Voyager, fue directo: «Esto es solo el principio.»
El lanzamiento está previsto a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX en el cuarto trimestre de 2026. Aún no hay fecha concreta. Pero cuando despegue, llevará consigo no solo tecnología y rovers, sino también la primera respuesta real a una pregunta que la humanidad lleva décadas formulando: cómo quedarse en la Luna.
