Donny lleva la cara pintada de azul y blanco, una bandera de Escocia al hombro y miles de kilómetros en las piernas. Ha cruzado el Atlántico para estar en Boston, donde su selección se juega mucho ante Marruecos en esta novena jornada del Mundial 2026.
No es el único. Las calles de la ciudad se han llenado de aficionados llegados de los rincones más inesperados del mundo, cada uno con su propia historia a cuestas. Pero Donny tiene algo que lo distingue del resto.
Un aficionado, una bandera y un sueño azul
Donny se ha convertido en uno de los rostros más reconocibles de este Mundial. La cara pintada de azul intenso, el kilt tradicional y una energía difícil de ignorar lo han hecho viral en redes sociales antes incluso de que el árbitro pitara el inicio del partido. No es un personaje construido para las cámaras: es un aficionado que quiere a su selección con una intensidad que no admite fingimiento.
Boston lo ha recibido como a uno de los suyos. Las calles cercanas al estadio se llenaron de tartanes, gaitas y cánticos que mezclaban el acento escocés con el rumor de la ciudad americana. Para muchos de esos aficionados, estar aquí no es solo ver un partido. Es presenciar algo que durante décadas pareció fuera de alcance.
Escocia regresa a un Mundial después de décadas de ausencia. Para una generación entera de seguidores, este torneo es la culminación de una espera que ya formaba parte de su identidad. Donny, con su bandera al hombro, encarna exactamente eso: la mezcla de incredulidad y euforia de quienes por fin ven cumplido un sueño colectivo.
La jornada 9: partidos con mucho en juego
La novena jornada concentra cuatro partidos con implicaciones directas en la fase eliminatoria. Estados Unidos recibe a Australia en Seattle, Escocia se mide a Marruecos en Boston, Brasil afronta su duelo ante Haití en Filadelfia y Turquía se enfrenta a Paraguay en San Francisco. Varios equipos tienen la oportunidad de sellar su clasificación.
El partido de Mauricio Pochettino al frente de la selección estadounidense tiene un peso particular. El técnico argentino asumió el cargo con la misión de transformar un equipo con talento pero sin cohesión, y Seattle será una prueba de hasta dónde ha llegado ese proceso.
Turquía y Paraguay se juegan su continuidad en San Francisco. Brasil, mientras tanto, busca confirmar en Filadelfia lo que el papel ya le otorga de antemano. No todos los partidos del día concentran el mismo foco mediático, pero todos importan.
Brasil y EE.UU.: la presión de dar el paso
Brasil llega a su partido ante Haití como favorito indiscutible. La diferencia de recursos, de historia y de nivel individual entre ambas selecciones es considerable. Los Mundiales, sin embargo, han demostrado en repetidas ocasiones que las etiquetas no juegan al fútbol. Clasificarse pronto reduce la tensión y permite gestionar mejor el resto de la fase de grupos, algo que Brasil conoce bien.
La situación de Estados Unidos tiene otra dimensión. Jugar un Mundial en casa amplifica cada acierto y cada error. Pochettino ha insistido en que su equipo debe abrazar esa presión en lugar de esquivarla, y clasificarse en Seattle, ante la propia afición, enviaría un mensaje claro: este equipo está listo para lo que viene.
El peso de ser anfitrión no es solo logístico. Es psicológico. Los aficionados estadounidenses llevan años esperando ver a su selección rendir en suelo propio, y cada partido en casa es una oportunidad para construir ese vínculo entre equipo y país.
Por qué los superfans son el alma del Mundial
Los resultados son efímeros. Las clasificaciones cambian, los goles se diluyen con el tiempo, pero las imágenes de personas como Donny permanecen. Hay algo en esa entrega sin red —cruzar un océano solo para estar presente— que conecta con algo más profundo que el marcador final.
Los Mundiales han producido siempre sus propios iconos populares entre la afición: figuras que se vuelven reconocibles no por lo que hacen, sino por lo que representan. La idea de que el fútbol merece ese sacrificio, esa distancia, esa pintura en la cara.
Donny no es una excepción curiosa. Es el recordatorio de por qué este torneo sigue siendo único. En un estadio lleno de miles de personas, cada una lleva consigo una historia personal, y a veces una sola de esas historias basta para resumir lo que sienten todas las demás.
Vale la pena preguntarse qué dice de nosotros el hecho de que necesitemos a alguien como Donny para recordar por qué amamos este deporte.
