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Décadas de registros climáticos podrían quedar atrás si el actual El Niño alcanza la categoría de «super» antes de 2026

by David Pérez
1 de julio de 2026
in Ciencia
Científico en buque NOAA observa el Pacífico ecuatorial cálido bajo cielos tormentosos durante un evento El Niño

Un científico a bordo de un buque de la NOAA contempla el Pacífico ecuatorial inusualmente cálido, símbolo de la amenaza de un «super» El Niño que podría romper récords climáticos.

En junio, la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó oficialmente que la Tierra ha entrado en la fase cálida de El Niño. No es una novedad que el fenómeno regrese —lo hace cada pocos años— pero los modelos actuales asignan ya un 63 % de probabilidad de que este episodio alcance la categoría de «muy fuerte» o «super» antes del invierno.

Si esa previsión se cumple, décadas de registros climáticos podrían quedar atrás. Lo que aún está por ver es si el calentamiento del Pacífico seguirá la trayectoria que los científicos vigilan desde la primavera —y qué escala de consecuencias traería consigo.

Qué es El Niño y por qué importa su intensidad

El Niño forma parte de un ciclo climático más amplio conocido como ENSO, siglas en inglés de El Niño-Oscilación del Sur. Su nombre describe bien su mecánica: una oscilación, un sube y baja de presiones atmosféricas entre el Pacífico oriental y el occidental que se repite cada dos a siete años.

En condiciones normales, los vientos alisios soplan hacia el oeste a lo largo del ecuador, empujando las aguas cálidas superficiales hacia Asia y Australia. Eso permite que agua fría y rica en nutrientes aflore frente a las costas americanas. Cuando ese patrón se invierte —con alta presión en el oeste y baja en el este—, los vientos se debilitan o cambian de dirección, las aguas cálidas permanecen en el Pacífico oriental y las temperaturas superficiales suben con rapidez.

La intensidad lo determina todo. Un calentamiento de 0,5 °C sobre la media ya define oficialmente el inicio de El Niño, pero cuando las temperaturas superan los 2 °C por encima de esa media se entra en territorio de «super El Niño» y los efectos sobre el clima global se multiplican de forma significativa.

Cómo ha evolucionado el episodio actual desde la primavera

Desde abril, los investigadores han registrado temperaturas persistentemente por encima de la media en el Pacífico ecuatorial oriental. Las primeras señales llegaron antes de la confirmación oficial de la NOAA en junio, y los modelos de todo el mundo anticipaban ya un evento fuerte.

El seguimiento de estas anomalías no es sencillo. El cambio climático calienta el planeta de forma desigual según la región, lo que dificulta separar la señal de El Niño del ruido de fondo del calentamiento global. Para compensarlo, la NOAA adoptó en mayo un nuevo índice denominado RONI —Relative Ocean Niño Index—, diseñado específicamente para ajustar las predicciones al contexto climático actual.

Con ese nuevo índice, las proyecciones para noviembre y diciembre son, según el climatólogo Tom Di Liberto de Climate Central, «sorprendentemente altas». El umbral del super El Niño —más de 2 °C sobre la media— tiene ya una probabilidad del 63 % de alcanzarse este invierno.

Los episodios anteriores más intensos y sus secuelas

Para entender lo que podría estar en juego, conviene mirar atrás. Los eventos de mayor intensidad más recientes ocurrieron en 1982-83, 1997-98 y 2015-16, siendo el de 1997-98 el más fuerte jamás registrado.

Ese episodio elevó la temperatura media global en 1,5 °C durante su duración. Sus consecuencias fueron graves: lluvias torrenciales e inundaciones en Perú y África Oriental, sequías que desencadenaron incendios mortales en el Sudeste Asiático, tormentas con deslizamientos de tierra en California, y el blanqueamiento de aproximadamente el 16 % de los arrecifes de coral del mundo.

Las secuelas económicas también fueron profundas. Según un estudio publicado en 2023 en la revista Science, las pérdidas globales atribuidas al evento de 1997-98 se estiman en unos 5,7 billones de dólares, frente a los 4,1 mil millones del episodio de 1982-83. Esa diferencia refleja, en parte, cuánto puede importar la intensidad.

Salud, agricultura e infraestructuras en el punto de mira

El calor extremo asociado a un super El Niño no solo afecta a los termómetros. Favorece también la proliferación de enfermedades transmitidas por vectores: el cólera, el tifus y la malaria tienden a aumentar en períodos de calor sostenido, con consecuencias especialmente graves en regiones con sistemas sanitarios frágiles.

En el plano agrícola e hidrológico, El Niño altera la posición de la corriente en chorro del Pacífico. Algunas regiones sufren sequías prolongadas mientras otras reciben precipitaciones que desbordan infraestructuras. No existe un patrón único, sino una redistribución global del riesgo.

El impacto sobre los ciclones es igualmente asimétrico. Los años de El Niño suelen registrar más actividad ciclónica en el Pacífico, mientras que los cambios en los regímenes de viento pueden frenar la formación de huracanes en el Atlántico. Incluso un episodio de intensidad moderada podría superar récords históricos dado el calentamiento de base ya acumulado.

Lo que los científicos vigilarán en los próximos meses

El ciclo de vida de El Niño sigue una pauta relativamente predecible: formación en verano, fortalecimiento durante el invierno, disipación en primavera. Los meses críticos para este episodio están, por tanto, aún por llegar.

La incertidumbre sigue siendo real. No está garantizado que el evento alcance la categoría de super El Niño, y los modelos climáticos continuarán midiendo las variables clave hasta finales de 2025. Lo que sí parece claro es que el contexto de cambio climático amplifica cualquier nivel de intensidad: el calentamiento acumulado por emisiones humanas eleva el punto de partida desde el que opera este fenómeno natural.

Como señala Di Liberto, no haría falta un evento muy fuerte para ver cómo caen récords este año. Lo que los científicos observarán con atención es si las temperaturas del Pacífico oriental siguen subiendo, si los modelos de noviembre y diciembre confirman sus proyecciones actuales y si existe margen suficiente para prepararse antes de que llegue el pico.

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