Apenas veintiún días después de que Estados Unidos e Irán firmaran un acuerdo presentado como histórico, con concesiones mutuas sin precedentes en décadas, los medios estatales iraníes informaban de explosiones en Bandar Abbas, Qeshm y Sirik, tres localidades estratégicas de la provincia de Hormozgán, a orillas del Estrecho de Ormuz.
¿Cómo puede desmoronarse tan rápido un pacto que ambas partes describieron como un punto de inflexión? El presidente estadounidense se encontraba en Turquía para la cumbre de la OTAN cuando llegaron las primeras imágenes del humo sobre la costa sur iraní.
Un acuerdo provisional que ya crujía desde el primer día
El entendimiento alcanzado entre Washington y Teherán no era un tratado definitivo, sino un punto de partida frágil por diseño. Ambas partes se habían comprometido a retirar los bloqueos navales, garantizar la libre navegación por el Estrecho de Ormuz sin peajes y facilitar la normalización del mercado del petróleo. Los puntos de conflicto más profundos, sin embargo, quedaban pendientes de conversaciones bilaterales que debían prolongarse durante meses.
El nudo central era el control del estrecho. Irán insistía en mantener la autoridad sobre las rutas de navegación y en cobrar por el paso de los buques, mientras que Estados Unidos y sus aliados del Golfo rechazaban esa pretensión de forma tajante: argumentaban que trastocaba décadas de práctica internacional consolidada en esa vía marítima.
La ambigüedad era estructural. El vicepresidente JD Vance había calificado las conversaciones celebradas en Suiza como una «buena base para un acuerdo final exitoso», una formulación que, leída con atención, confirma que nada estaba cerrado. El acuerdo provisional era exactamente eso: provisional.
La Guardia Revolucionaria dispara y Washington responde en dos fases
El detonante inmediato llegó desde el mar. Un buque petrolero que navegaba frente a la costa de Omán fue alcanzado por un proyectil y se incendió. La agencia británica de Operaciones de Comercio Marítimo confirmó el incidente, y la televisión estatal iraní añadió que el buque transportaba gas natural licuado, lo que elevaba considerablemente la gravedad del ataque.
Washington respondió en dos tiempos. Primero, de forma económica: el Departamento del Tesoro revocó la suspensión de las sanciones a la exportación de petróleo iraní, una de las concesiones centrales del acuerdo provisional. La señal era clara, pero no suficiente para la Casa Blanca.
Horas después llegó la segunda fase. La administración autorizó bombardeos directos sobre Bandar Abbas, Qeshm y Sirik. El Pentágono los justificó como respuesta a una «agresión injustificada y peligrosa» que constituía «una clara violación del alto el fuego».
Teherán denuncia una violación del acuerdo y amenaza con consecuencias
La respuesta iraní no tardó. El Ministerio de Relaciones Exteriores calificó la revocación de las licencias petrolíferas de «violación del acuerdo provisional» y advirtió de que Estados Unidos «asumirá la responsabilidad por las consecuencias de este incumplimiento». El lenguaje diplomático era severo, aunque deliberadamente impreciso sobre qué consecuencias concretas se anunciaban.
El viceministro Kazem Gharibabadi fue más directo: en la red social X señaló que los bombardeos estadounidenses también vulneraban ese entendimiento. La posición iraní, por tanto, es que ambas partes han incumplido, aunque en distinto orden y con distinta escala.
Vale la pena recordar el contexto. La licencia revocada autorizaba la producción, entrega y venta de petróleo iraní hasta el 21 de agosto. Las sanciones sobre el crudo iraní llevan vigentes desde la Revolución de 1979, y Washington las había suspendido al menos dos veces como incentivo negociador desde el inicio del conflicto. Su revocación ahora supone un retroceso especialmente significativo.
El Estrecho de Ormuz y el impacto inmediato en los mercados energéticos
El estrecho no es solo un escenario geopolítico: es una arteria económica global. Durante el fin de semana previo a los ataques, al menos 108 barcos lo cruzaron por diversas rutas, según la firma de datos Kpler, y cualquier interrupción sostenida tiene consecuencias directas sobre el suministro energético mundial.
Los mercados reaccionaron de inmediato: el precio del petróleo repuntó un 6% y superó los 76 dólares por barril, el nivel más alto en dos semanas. Una cifra que ilustra hasta qué punto la estabilidad en Ormuz está conectada con los precios que pagan los consumidores en todo el mundo.
La OTAN, Netanyahu y el nuevo tablero diplomático
Trump gestionó la crisis desde Turquía, donde participaba en la cumbre de la OTAN. La simultaneidad no es un detalle menor: las decisiones más delicadas se tomaron mientras el presidente atendía otro escenario diplomático de primer orden. En ese mismo encuentro anunció el levantamiento de las sanciones impuestas al gobierno de Erdogan por la compra del sistema de defensa ruso S-400 en 2019. «No queremos sancionar a nuestros amigos», declaró, abriendo la puerta a que Turquía adquiera cazas F-35 y reordenando las alianzas en la región.
Esta semana llega a Washington Benjamin Netanyahu, el principal opositor al acuerdo con Irán. Sus recelos hacia Teherán marcarán la agenda. A finales de mes está prevista también la visita del presidente del Líbano a la Casa Blanca.
Lo que viene ahora es incierto. El acuerdo provisional no está formalmente muerto, pero tampoco tiene pulso visible. Todo dependerá de si alguna de las dos partes decide dar un paso atrás antes de que la escalada haga imposible cualquier retorno a la mesa. La posición de Turquía dentro de la OTAN, la visita de Netanyahu y la respuesta iraní en las próximas horas serán las primeras señales que indiquen hacia dónde se mueve este tablero.
