La mantis religiosa lleva siglos integrada en los ecosistemas europeos: indicador de biodiversidad, protagonista de leyendas y habitante discreta de prados y jardines. Su imagen resulta familiar, incluso tranquilizadora.
Sin embargo, desde hace aproximadamente una década, dos especies asiáticas de mayor tamaño se han ido asentando silenciosamente en parques, zonas urbanas y regiones mediterráneas del continente. Lo que comenzó como una rareza es hoy un fenómeno documentado en expansión. Y ahora, por primera vez, la ciencia les ha asignado una etiqueta oficial.
Una clasificación oficial que pone nombre al problema
Hasta ahora, nadie había analizado en profundidad qué estaban haciendo estas dos especies en Europa. Un nuevo estudio publicado en el Journal of Orthoptera Research lo cambia: Hierodula tenuidentata e Hierodula patellifera han sido designadas formalmente como Especies Exóticas Invasoras (EEI). La investigación fue liderada por Roberto Battiston, del Museo de Arqueología y Ciencias Naturales G. Zannato.
Según Battiston, ambas especies llevan cerca de una década presentes en Europa, aunque sus poblaciones han crecido de forma drástica en los últimos años, tanto en regiones mediterráneas como continentales. El asunto había recibido escasa atención científica, en parte porque estas mantis son grandes y llamativas, y muchas personas las perciben como una curiosidad bienvenida antes que como una amenaza.
Por qué se reproducen y se expanden tan rápido
La velocidad de expansión responde a factores muy concretos. Cada puesta puede producir una media de 200 crías, casi el doble que la mantis europea nativa (Mantis religiosa). Las ninfas jóvenes, además, se devoran menos entre sí que en otras especies, lo que permite que un mayor número llegue a la edad adulta.
El cambio climático actúa como acelerador: las temperaturas más cálidas les permiten avanzar hacia el norte, mientras que el efecto de isla de calor en las ciudades prolonga su actividad durante los meses fríos. Los entornos urbanos también les ofrecen ventajas inesperadas. Estructuras como los hoteles de insectos, concebidas para favorecer la biodiversidad, se convierten en zonas de caza productivas para estas especies invasoras.
Una amenaza silenciosa para polinizadores y vertebrados protegidos
El impacto ecológico va más allá de la competencia directa con otras especies. Estas mantis se alimentan de una amplia variedad de animales nativos —entre ellos polinizadores clave como las abejas melíferas— y también depredan vertebrados protegidos como ranas arborícolas y lagartijas.
Hay además un efecto especialmente perturbador sobre la mantis europea. Las hembras invasoras atraen a los machos de Mantis religiosa, que intentan aparearse con ellas; el resultado es fatal: los machos acaban siendo devorados, reduciendo directamente las poblaciones locales de la especie nativa. El riesgo es especialmente grave en las islas mediterráneas, donde muchas especies —tanto invertebrados como vertebrados— son únicas en el mundo y no cuentan con poblaciones de reserva en ningún otro lugar.
El papel sorprendente de los gatos y las ciudades
Uno de los hallazgos más inesperados del estudio tiene que ver con los gatos domésticos. Son el principal depredador vertebrado de estas mantis invasoras, responsables del 45% de los eventos de depredación registrados. El dato, sin embargo, no admite una lectura sencilla.
Los gatos no distinguen entre especies invasoras y nativas, de modo que también cazan mantis europeas. Estas ya se encuentran en declive en muchos entornos periurbanos, presionadas tanto por la competencia con las Hierodula como por la propia actividad felina. Las ciudades, en definitiva, funcionan como facilitador involuntario: ofrecen calor, refugio y presas abundantes, creando condiciones que favorecen a las especies más adaptables —en este caso, las invasoras.
Cómo puede ayudar la ciencia ciudadana a frenar su avance
Los investigadores no trabajan solos. Un proyecto de ciencia ciudadana coordinado por William Di Pietro y Antonio Fasano, del grupo GRIO, ha recopilado más de 2.300 avistamientos reportados por ciudadanos y aficionados, datos esenciales para comprender cómo y hacia dónde se desplazan estas poblaciones.
Cualquier persona puede contribuir. En invierno, cuando los árboles pierden sus hojas, las ootecas —puestas de huevos esponjosas y marrones de unos 2-3 cm— son fáciles de localizar en las ramas y se pueden retirar. Los científicos recomiendan consultar antes con un especialista para no eliminar accidentalmente huevos de especies nativas.
La expansión de estas mantis asiáticas no se detendrá por sí sola. El seguimiento continuo, la concienciación pública y las estrategias de contención coordinadas serán determinantes en los próximos años para saber si Europa logra frenar este avance o si estas dos especies terminan por instalarse de forma permanente en sus ecosistemas.
