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Home Ciencia

Una imagen de Landsat vista en el instituto cambió su vida: ahora calibra los ojos de la NASA en el espacio

by David Pérez
16 de julio de 2026
in Ciencia
Científica en bata blanca calibrando instrumentos ópticos en laboratorio de la NASA con imagen Landsat al fondo

Una investigadora trabaja con espectrómetros de precisión en el Centro Goddard de la NASA, donde se calibran los sensores de los satélites Landsat que observan la Tierra desde el espacio.

Una imagen en blanco y negro del lago Ontario, captada desde el espacio por el satélite Landsat, bastó para que una adolescente supiera exactamente dónde quería trabajar el resto de su vida.

Décadas después, Julia Barsi dirige los laboratorios de calibración del Centro Goddard de la NASA, donde se decide algo que pocos conocen: si los datos que envían los satélites desde órbita son científicamente válidos o simplemente inútiles.

La calibración que nadie ve pero todos necesitan

Antes de que un científico pueda usar una imagen satelital para estudiar un incendio forestal, el retroceso de una costa o la salud de un cultivo, alguien tiene que responder una pregunta fundamental: ¿qué significa exactamente ese valor numérico que envía el sensor?

Eso es la calibración radiométrica. En esencia, establece la relación entre la respuesta del instrumento y una magnitud física real: la radiancia, es decir, la cantidad de energía que llega al sensor. Los laboratorios de Barsi trabajan con luz ultravioleta, visible, infrarrojo cercano e infrarrojo de onda corta, y para cada longitud de onda el equipo necesita saber con precisión cómo responde el instrumento.

Sin ese paso, los datos son números sin contexto. Con él, los científicos pueden cuantificar procesos reales en la superficie terrestre.

La calibración también es lo que permite comparar imágenes tomadas con años de diferencia. Detectar cómo ha cambiado la extensión de un lago entre 2005 y 2025 exige que las mediciones de ambas fechas hablen el mismo idioma físico. Sin una calibración rigurosa, construir series temporales para detectar cambios sería, sencillamente, imposible.

Tres laboratorios, un estándar común

Barsi dirige tres instalaciones en el Centro Goddard: el Laboratorio de Calibración Radiométrica, el sistema GLAMR y una instalación dedicada a la caracterización de reflectancia de materiales. Cada una cumple una función distinta, pero todas comparten un mismo principio: la trazabilidad al NIST.

El NIST es el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos. Que una medición sea trazable al NIST significa que su valor puede conectarse a un patrón común reconocido, lo que permite comparar con confianza las lecturas de instrumentos distintos —ya sean satélites, radiómetros de campo o equipos aerotransportados.

Entre los materiales que se caracterizan destacan los difusores solares, que viajan en los propios satélites como referencia de calibración en órbita, y los materiales de barrera usados dentro de los telescopios para controlar la dispersión de la luz. Los instrumentos calibrados en estos laboratorios incluyen hardware espacial real, pero también equipos que se usan en tierra o se montan en aeronaves para verificar los datos desde abajo.

Probar como si ya estuvieras en órbita

El entorno ideal para calibrar hardware espacial no es un laboratorio convencional. Es una cámara de vacío térmico, conocida por sus siglas en inglés: TVAC. Estas cámaras recrean las condiciones del espacio —temperatura extrema y presión casi nula— con un objetivo claro pero exigente: probar el instrumento tal y como funcionará cuando esté en órbita.

La temperatura y la presión pueden alterar físicamente un instrumento, modificar la respuesta de un detector o deformar elementos ópticos. La calibración previa al lanzamiento es la única oportunidad de entender esos efectos antes de que el satélite sea inaccesible.

Trabajar en TVAC tiene un coste elevado y un tiempo muy limitado. No hay margen para repetir. Según Barsi, los instrumentos de la NASA y la NOAA son tan precisos que a veces superan la capacidad de detección del propio equipo de calibración en tierra, lo que complica determinar si un problema viene del instrumento o del sistema de medición.

Un cepillo de dientes eléctrico en medio de una campaña TVAC

La presión de trabajar en TVAC ha generado algunos de los episodios más reveladores de la carrera de Barsi. En una prueba, el equipo comenzó a detectar un ruido eléctrico que no había aparecido en tests anteriores con el mismo instrumento. Tras descartar varias hipótesis, los ingenieros localizaron el problema en un componente conectado a un circuito ya saturado. Lo desenchufaron, lo movieron a un circuito con menor carga. El ruido desapareció.

En otro caso, un láser nuevo generaba datos completamente inutilizables por un efecto óptico llamado speckle, descubierto en plena campaña TVAC. Durante una pausa para cenar, alguien propuso vibrar la fibra óptica para reducir el efecto. El único objeto disponible capaz de hacerlo era el cepillo de dientes eléctrico de un compañero. Funcionó. Acabaron usando tres cepillos en rotación para completar esa franja del test.

Barsi señala que ambas soluciones surgieron fuera del procedimiento formal, en momentos de pausa. Esa capacidad de improvisar con los medios disponibles, dice, es parte de la cultura de los equipos de la NASA.

De analista de escritorio a directora de laboratorio: el salto de Julia Barsi

Durante casi veinte años, Barsi trabajó como analista radiométrica de Landsat. Empezó con Landsat 7 y estuvo presente hasta Landsat 9. Era un trabajo de precisión, riguroso y valioso, pero fundamentalmente sedentario: todo ocurría frente a una pantalla.

El giro llegó durante la calibración previa al lanzamiento de Landsat OLI-2, el instrumento de Landsat 9. Su papel entonces era servir de enlace entre el equipo de Landsat y el sistema GLAMR, y ese contacto con el trabajo de laboratorio le mostró un entorno completamente distinto —dinámico, impredecible, con problemas nuevos cada día.

Cuando surgió la oportunidad de dirigir las instalaciones de calibración previa al lanzamiento en Goddard, la tomó. Ella misma describe el cambio como un salto real: dejó la estabilidad de una posición consolidada para asumir un rol donde el hardware puede fallar en cualquier momento y las soluciones deben encontrarse sobre la marcha.

Lo que la mantiene motivada sigue siendo lo mismo que la llevó hasta aquí. La emoción que sintió de adolescente al ver aquella imagen en blanco y negro del lago Ontario no ha desaparecido. Cada imagen que sale de un satélite que ella ha ayudado a calibrar lleva consigo algo de esa primera mirada. Vale la pena preguntarse cuántas otras imágenes que damos por sentadas dependen de un trabajo igual de invisible, igual de esencial.

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