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Home Ciencia

Décadas intentando conservar órganos fuera del cuerpo: la ciencia por fin empieza a ganar esa batalla

by David Pérez
28 de julio de 2026
in Ciencia
Científico sostiene un riñón humano en solución de preservación dentro de un laboratorio biomédico nocturno

Un investigador manipula un riñón conservado en solución criogénica en un laboratorio biomédico. La ciencia avanza hacia la preservación de órganos fuera del cuerpo humano.

Cada año, miles de pacientes mueren esperando un trasplante mientras órganos donados acaban desechados. El motivo es brutal en su simplicidad: una vez fuera del cuerpo, un riñón o un hígado sobreviven apenas unas horas.

Pero algo está cambiando. Un equipo de investigadores ha logrado conservar riñones de cerdo durante días a cuatro grados bajo cero y trasplantarlos con éxito. No es un caso aislado: es la señal más reciente de que un campo científico que llevaba décadas estancado empieza, por fin, a moverse.

El enemigo silencioso: el reloj que corre contra los trasplantes

El problema no es solo la escasez de donantes. Es también que, aunque haya un órgano disponible, el tiempo juega en contra de todo el sistema. Un riñón conservado en hielo convencional tiene una ventana de pocas horas antes de volverse inviable. Un hígado, menos aún. Esa presión obliga a tomar decisiones apresuradas: el receptor ideal puede estar al otro lado del país, pero no hay tiempo de llegar.

Los médicos llevan décadas imaginando algo distinto: un banco de órganos real, donde un corazón o un riñón puedan esperar días, incluso semanas, mientras se busca al mejor receptor, se realizan pruebas de compatibilidad y se organiza el traslado sin urgencia. Ese objetivo chocaba siempre, sin embargo, con el mismo obstáculo físico.

El agua que contienen los tejidos forma cristales de hielo en cuanto la temperatura baja demasiado. Esos cristales destruyen las células desde dentro. El órgano queda inutilizable. Durante décadas, ese fenómeno fue el muro que ningún equipo lograba derribar del todo.

Superenfriamiento: riñones de cerdo conservados durante días

La investigación más reciente y destacada viene del equipo de Matthew Powell Palm, en Texas A&M. Su grupo logró conservar riñones de cerdo a −4 °C durante varios días mediante una técnica llamada superenfriamiento: mantener el tejido por debajo del punto de congelación sin que se formen cristales.

Los riñones superenfriados fueron reimplantados con éxito en cerdos vivos, y su rendimiento superó al de los órganos conservados con hielo convencional. La comunidad científica calificó el estudio de «logro histórico». Un detalle que no pasa desapercibido: el método no requirió crioprotectores químicos, lo que simplifica el proceso y elimina una fuente potencial de toxicidad para el tejido. Powell Palm trabaja ahora en ampliar esta línea de investigación.

Criopreservación: la frontera más ambiciosa y más esquiva

Hay una técnica aún más radical sobre la mesa. La criopreservación consiste en un enfriamiento ultrarrápido que lleva las células a un estado vítreo, similar al del vidrio, sin que se formen cristales. Para óvulos, esperma y embriones ya es un procedimiento rutinario: se enfrían a −196 °C en menos de dos segundos y pueden almacenarse durante décadas.

Nadie ha logrado aún aplicar ese proceso a un órgano humano completo y trasplantarlo después. La escala es el problema. Lo que funciona en una célula o un embrión no se traslada fácilmente a un hígado o un riñón.

El caso del neurocientífico Stephen L. Coles ilustra tanto el potencial como los límites de esta vía. Tras su muerte en 2014, su cerebro fue perfundido con sustancias crioprotectoras y enfriado a −146 °C en una instalación de Arizona. Años después, el criobiólogo Greg Fahy estudió fragmentos de ese cerebro y observó que las células, al recalentarse, recuperaban su forma. Pero eso no significa que estuvieran vivas, ni que la técnica sea aplicable a trasplantes. Como advirtió el propio Powell Palm: «Hay muchas maneras en que esas neuronas podrían estar destruidas.»

Otros equipos investigan combinaciones químicas que permitirían almacenar órganos a temperaturas más bajas y durante periodos más prolongados. Los resultados son preliminares; la aplicación clínica, todavía inexistente.

Máquinas que imitan el cuerpo: la perfusión mecánica gana terreno

Mientras la criopreservación sigue siendo una frontera lejana, otra tecnología avanza con más solidez: los dispositivos de perfusión mecánica. Estas máquinas bombean nutrientes y oxígeno al órgano fuera del cuerpo, imitando lo que haría el organismo de forma natural. Su uso se ha extendido notablemente en la última década, sobre todo para hígados y riñones, con ventanas de hasta 24 horas. No es el banco de órganos soñado, pero representa un avance real frente al hielo convencional.

Lo más significativo es hacia dónde apunta esta tecnología. En Valencia, un equipo desarrolló un sistema de perfusión para úteros —al que llamaron «Mother»— que mantuvo un útero humano vivo durante un día completo. Otros grupos han adaptado ya el protocolo a globos oculares, lo que podría abrir la puerta a trasplantes de ojo completo, algo que hoy no existe.

Un campo en ebullición: qué esperar en los próximos años

El panorama actual es el de varias líneas de investigación que avanzan en paralelo y se complementan entre sí. El superenfriamiento amplía la ventana de preservación sin necesidad de química agresiva. La criopreservación apunta más lejos, aunque con más obstáculos por delante. La perfusión mecánica ya está presente en los hospitales y sigue expandiéndose.

El objetivo compartido es el mismo: pasar de horas a días o semanas de preservación viable. Si eso se consigue, la logística de los trasplantes cambiaría por completo: se podría planificar con margen, buscar al receptor más adecuado, cruzar fronteras sin la presión del reloj.

Los expertos son cautos y advierten que quedan obstáculos técnicos importantes antes de que estas técnicas lleguen a uso clínico generalizado. Pero el ritmo de publicaciones y la calidad de los resultados recientes sugieren que los próximos años serán decisivos. Vale la pena seguir de cerca lo que ocurra en este campo: puede que estemos viendo los primeros pasos de una transformación que llegará antes de lo esperado.

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