Veintiséis estados de EE. UU. presentaron candidatura. Solo podían quedar cinco.
La convocatoria del Departamento de Energía para crear campus de innovación del ciclo nuclear completo recibió 28 solicitudes, una cifra que los propios organizadores calificaron de histórica. Detrás de cada propuesta había la misma ambición: recuperar en suelo estadounidense toda la cadena industrial del combustible nuclear, desde el enriquecimiento hasta la gestión de residuos, un ciclo que el país ha ido cediendo a terceros durante décadas.
Un proceso de selección con demanda histórica
El Departamento de Energía (DOE) recibió 28 solicitudes procedentes de 26 estados, un volumen que superó las expectativas de los propios organizadores y que catalogaron como un récord. Ante esa avalancha de candidaturas, el secretario de Energía Chris Wright firmó memorandos de entendimiento con los cinco estados finalmente seleccionados para continuar explorando la posibilidad de albergar uno de estos campus.
Las propuestas debían presentarse antes del 1 de abril de 2026. Cada estado tenía que argumentar cómo un campus contribuiría al desarrollo de mano de obra, la inversión en infraestructuras, la diversificación económica o el liderazgo tecnológico. El nivel de detalle exigido reflejaba la seriedad del compromiso que el DOE esperaba de los candidatos: no era un trámite menor.
La selección de estos cinco estados no es el punto de llegada. Los acuerdos de alojamiento definitivos se firmarán en una fase posterior, tras continuar las negociaciones con el Departamento. El proceso sigue abierto.
Los cinco estados elegidos y sus argumentos
Utah, Tennessee, Oklahoma, Luisiana e Idaho son los cinco preseleccionados, y cada uno llega con su propia trayectoria.
Tennessee apela directamente a su papel en el Proyecto Manhattan y al ecosistema nuclear que ya existe en el estado. Su gobernador, Bill Lee, presentó la candidatura como una continuación natural de ese legado. Idaho acumula más de 70 años de innovación nuclear documentada, lo que le otorga una base técnica difícil de igualar.
Utah destaca por su programa Operation Gigawatt, una iniciativa que abarca todo el ciclo: desde la producción de combustible hasta el despliegue de reactores avanzados. El gobernador Spencer Cox lo enmarcó en términos de seguridad nacional y soberanía energética. Oklahoma y Luisiana, con una larga trayectoria en petróleo y gas, ven en la energía nuclear una oportunidad de ampliar su base hacia nuevos territorios.
Qué actividades albergarán estos campus
El concepto central es el de campus integrado: un emplazamiento que concentre toda la cadena de valor del combustible nuclear en un mismo lugar. Eso incluye la fabricación de combustible, el enriquecimiento, el reprocesamiento del combustible usado y su disposición final.
Más allá del ciclo del combustible, los campus podrán albergar reactores avanzados, generación eléctrica, fabricación de alta tecnología e incluso centros de datos, según las capacidades regionales de cada estado. El DOE emplea un lenguaje condicional que reconoce que no todos los campus tendrán el mismo perfil.
Lo que sí comparten todos es la lógica de fondo. EE. UU. considera el ciclo nuclear completo un asunto de seguridad nacional, y estos campus son la respuesta industrial a esa convicción. Recuperar en suelo propio lo que durante décadas se externalizó es el objetivo explícito del programa.
El impacto económico proyectado
Las cifras que maneja el DOE son considerables. Cada campus podría atraer hasta 50.000 millones de dólares en inversión de capital, generar hasta 10.000 millones en ingresos fiscales estatales y locales, y crear casi 25.000 empleos bien remunerados.
Esas proyecciones explican en parte el entusiasmo de los gobernadores. También sitúan el programa dentro de la agenda de «dominancia energética» que promueve la administración Trump, una estrategia que combina seguridad nacional con desarrollo económico regional.
El camino que queda por recorrer
La competencia no ha terminado. Los cinco estados seleccionados deben seguir negociando con el DOE antes de que se firmen los acuerdos de alojamiento definitivos. Ninguno tiene garantizado el campus todavía.
Para Oklahoma y Luisiana, el proyecto representa algo más que energía nuclear: es una oportunidad de diversificar economías históricamente dependientes del petróleo y el gas. Idaho y Tennessee, en cambio, buscan consolidar un liderazgo ya existente. Utah acelera una apuesta estratégica que lleva tiempo en marcha.
Lo que ocurra en los próximos meses —qué estados logran cerrar acuerdos, qué actividades se asignan a cada campus y con qué plazos— será un indicador preciso de hacia dónde se dirige la política energética estadounidense. El mapa industrial del país podría verse redibujado durante las próximas décadas. Todo depende de lo que se negocie ahora.
