Tardaron días en llegar hasta él. Días de remontar ríos, de abrirse paso por laderas casi verticales, de cargar equipos pesados por un terreno que parecía diseñado para no ser cruzado. Cuando los investigadores del grupo Taiwan Tree Seekers alcanzaron por fin al árbol, tuvieron que trepar hasta su copa y dejar caer una cinta métrica desde lo más alto para creerse la cifra.
Lo que midieron superaba todo lo que la ciencia había registrado antes en Asia Oriental.
Un árbol que alcanza la luna
El árbol medido en enero de 2023 tiene nombre propio: Heaven Sword of the Da’an River. Con sus 84,1 metros, es el árbol más alto documentado en Taiwán y en toda Asia Oriental. Para llegar hasta él, el equipo siguió el curso de un río durante 20 kilómetros y después ascendió dos días completos por pendientes casi verticales.
El grupo Taiwan Tree Seekers lleva desde 2014 documentando estos colosos. Lo forman escaladores profesionales, ecólogos, geólogos y especialistas en teledetección. Su trabajo acumulado empieza a revelar una realidad que la ciencia apenas había rozado.
El pueblo indígena Rukai tiene un nombre para estos abetos de Taiwania: «el árbol que golpea la luna». La imagen es precisa. Tras años de expediciones continuadas hasta 2026, el equipo ha identificado diez ejemplares que superan los 70 metros, dos de los cuales sobrepasan los 80.
Por qué Taiwán puede albergar gigantes
La geografía de la isla explica, en parte, por qué estos árboles existen. Taiwán ocupa unos 36.000 kilómetros cuadrados —una superficie similar a la de Suiza— y concentra 258 picos por encima de los 3.000 metros. Esa combinación de altitud y extensión genera una variedad notable de microclimas, con unas 5.000 especies vegetales distintas: desde selvas tropicales húmedas cerca del nivel del mar hasta tundra alpina en las cotas más altas. Se estiman 950 millones de árboles repartidos por toda la isla.
Alrededor del 60 % del territorio sigue cubierto de bosque. La tala industrial entre 1912 y 1991 eliminó gran parte del bosque primario original, pero no pudo alcanzar los terrenos más escarpados. Esas laderas inaccesibles actuaron como refugio involuntario: los bosques que allí crecen son, en muchos casos, bosques primarios que de otro modo habrían desaparecido hace décadas.
LiDAR y ciencia ciudadana: buscar una aguja en 950 millones de árboles
Encontrar árboles excepcionales entre 950 millones de ejemplares distribuidos por montañas y valles profundos no es tarea sencilla. El equipo se asoció con la Universidad Nacional Cheng Kung para aplicar tecnología LiDAR: un sistema de escaneo 3D que lanza pulsos láser desde una aeronave y construye modelos detallados del dosel forestal.
El problema llegó enseguida. El relieve irregular de Taiwán confundía al software automatizado, que identificaba erróneamente el 93 % de los árboles candidatos. Los acantilados y los cambios bruscos de elevación generaban falsos positivos que ningún algoritmo podía descartar con fiabilidad.
La solución fue humana. En 2020, el proyecto se abrió a la participación ciudadana y cientos de voluntarios taiwaneses revisaron miles de imágenes de perfil LiDAR, descartando decenas de miles de candidatos incorrectos. Sin ese trabajo colectivo, los investigadores habrían podido pasar años viajando a árboles mucho más bajos de lo que los mapas sugerían. A finales de 2022, esa colaboración produjo el Mapa de Árboles Gigantes de Taiwán, con 941 ejemplares de más de 65 metros documentados.
Los «templos de gigantes»: donde decenas de colosos crecen juntos
El mapa LiDAR no solo sirvió para localizar árboles individuales. También orientó al equipo hacia concentraciones que los investigadores denominan «templos de gigantes». Cerca del monte Benya, una sola hectárea alberga 11 árboles de más de 65 metros de altura.
Diez años después de su primera expedición a la zona del Gran Lago Fantasma —lugar considerado sagrado por las comunidades indígenas locales— el equipo regresó y encontró algo de mayor alcance: unos 30 abetos de Taiwania creciendo juntos en un «bosque puro» de una densidad sin precedentes. La magnitud del conjunto dejó al equipo sin palabras.
Guardianes del clima: densidades de carbono récord
Estos bosques no son solo monumentos naturales. En 2024, el equipo se unió a 15 científicos ciudadanos para estudiar en detalle el valle del Tao Tree, hogar del tercer árbol más alto de Taiwán, con el objetivo de cuantificar cuánto carbono almacena ese ecosistema.
La cifra fue contundente: una densidad de carbono de 1.384,5 Mg/ha, sin contar los sistemas radiculares. Ese dato sitúa los bosques gigantes de Taiwán entre los ecosistemas más ricos en carbono del mundo, comparables a los bosques primarios más célebres del planeta.
Los «árboles que golpean la luna» no son solo una curiosidad geográfica. Son almacenes activos de CO₂ con un papel directo en la salud climática global. Su existencia, preservada casi por accidente gracias a un terreno demasiado abrupto para los madereros, invita a preguntarse cuántos otros ecosistemas igual de valiosos siguen esperando, invisibles, en los rincones más inaccesibles de la Tierra.
