La Ley CHIPS de 2022 prometía devolver a Estados Unidos el liderazgo en semiconductores: más fábricas, más investigación, menos dependencia de Asia. Dos años después, la mitad de esa promesa se está cumpliendo.
Las plantas se construyen, los hitos de fabricación se alcanzan y el dinero fluye hacia las empresas que levantan instalaciones en Texas o Missouri. Pero los 11.000 millones de dólares reservados para investigación y desarrollo permanecen casi intactos —el Gobierno ha gastado apenas una fracción— y el Departamento de Comercio no ha publicado ningún plan para utilizarlos.
Una ley con dos velocidades
La Ley CHIPS y Ciencia de 2022 nació con un doble mandato: relanzar la fabricación de semiconductores en suelo estadounidense e impulsar la investigación y el desarrollo nacionales. Ambos objetivos recibieron financiación y ambos se consideraban igualmente urgentes. Un informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO), publicado el 6 de agosto de 2025, revela sin embargo que los dos frentes avanzan a ritmos muy distintos.
El Departamento de Comercio, responsable de administrar los fondos, no ha publicado ningún plan para cumplir los requisitos de I+D establecidos por la ley. Donna Dubinsky, empresaria en serie y exfuncionaria del propio Departamento, lo sintetiza con claridad: el Congreso destinó dinero tanto a fabricación como a investigación avanzada, y las dos son necesarias para mantener el liderazgo.
Los proyectos de fabricación avanzan sin grandes tropiezos
En el frente de la fabricación, el balance es positivo. A fecha de abril de 2026, se habían completado 24 de los 144 hitos repartidos entre 49 proyectos, con los fondos correspondientes ya desembolsados. Desde entonces, Commerce ha anunciado siete proyectos adicionales. La GAO prevé que la mayoría estarán terminados en 2028, y todos antes de 2033.
Un caso concreto es GlobalWafers, empresa taiwanesa de obleas de silicio que construye instalaciones en Texas y Missouri con apoyo directo de la Ley CHIPS. Completó la primera fase de su planta en Texas el año pasado y recibió los 200 millones prometidos sin contratiempos. Brent Omdahl, vicepresidente sénior de asuntos gubernamentales de la compañía, reconoce que el sector se puso nervioso cuando el presidente Trump cuestionó el programa de subvenciones directas al inicio de su mandato; los cambios introducidos por su administración, dice, han facilitado la ejecución de los proyectos.
El dinero para I+D, paralizado
El contraste con la investigación resulta llamativo. De los 11.000 millones de dólares asignados a I+D, el Departamento de Comercio solo ha desembolsado unos 506,8 millones. Con la llegada de la nueva administración se cancelaron 7.800 millones en compromisos, la mayor parte destinada al Centro Nacional de Tecnología de Semiconductores (NSTC).
Los únicos desembolsos relevantes dentro del marco original son unos 347 millones para investigación metrológica del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) y menos de 5 millones para el programa de innovación para pequeñas empresas. Cifras modestas frente a la ambición inicial. La carta fundacional del NSTC redactada por Commerce en abril de 2026 no recoge ninguna estrategia alineada con la Estrategia Nacional de Investigación en Microelectrónica —un requisito explícito de la ley—, y el departamento tampoco ha involucrado al sector privado en la creación de su fondo de inversión. Commerce no respondió a las solicitudes de información sobre sus planes.
Nuevas apuestas fuera del marco original: ¿inversión o desvío?
Al margen del marco cancelado del NSTC, Commerce ha adjudicado 900 millones de dólares a empresas como xLight, Sandbox AQ e I-Pulse, y ha prometido otros 2.000 millones en premios preliminares para computación cuántica, tomados también de los fondos de I+D de la Ley CHIPS.
Hay una diferencia relevante respecto a las ayudas originales: estas nuevas adjudicaciones exigen participación accionarial de las empresas receptoras a cambio de fondos públicos. Dubinsky cuestiona ese enfoque. «Están usando estos fondos para invertir en empresas que ya tienen acceso a los mercados de capital», señala. Para ella, el espíritu de la ley era generar apalancamiento que atrajera inversión privada adicional, no sustituirla. VJ Sahi, de la consultora Clark Street Associates, matiza que no había proyectos de desarrollo significativos en marcha dentro del NSTC cuando se canceló, de modo que el daño real podría ser más un retraso que una pérdida definitiva.
El riesgo de perder la carrera tecnológica
La advertencia de fondo es clara. Sin inversión sostenida en I+D, el liderazgo en diseño y fabricación avanzada de chips podría desplazarse hacia Bélgica, Japón y Corea del Sur, según Dubinsky. La GAO comparte esa preocupación: la ausencia de un plan definido sitúa a Estados Unidos en riesgo de perder la ventana de oportunidad para avanzar en tecnología de semiconductores.
La pregunta que subyace va más allá de una discrepancia presupuestaria. ¿Puede un país mantener el liderazgo en fabricación de chips sin liderar también su investigación y diseño? La historia de la industria sugiere que no: las fábricas producen lo que los laboratorios conciben primero. Construir instalaciones sin cultivar el conocimiento que las alimenta puede ser, a largo plazo, una victoria incompleta.