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Esquema de instalación de aerotermia en vivienda unifamiliar: componentes, circuitos y todo lo que necesitas saber antes de dar el paso

by David Pérez
15 de septiembre de 2026
in Sin categoría
Bomba de calor aerotérmica instalada en el exterior de una vivienda unifamiliar moderna con suelo radiante y depósito de ACS

Unidad exterior de aerotermia sobre base de hormigón junto a una vivienda unifamiliar moderna: circuito hidráulico, depósito de agua caliente y suelo radiante integrados en una instalación eficiente.

En España, cada vez más propietarios de viviendas unifamiliares buscan una alternativa real a la caldera de gas o gasóil. La aerotermia lleva años ganando terreno, y en 2026 se ha consolidado como una de las opciones más elegidas: un único equipo capaz de cubrir calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria durante todo el año.

Pero antes de tomar la decisión, hay un elemento que muchos pasan por alto: el esquema de instalación. La manera en que se conectan la bomba de calor, los depósitos, los emisores y los circuitos no es un detalle menor. De esa conexión depende, en buena medida, si el sistema funciona con la eficiencia prometida o no.

Qué es la aerotermia y por qué encaja en la vivienda unifamiliar

La aerotermia funciona mediante una bomba de calor aire-agua que extrae energía térmica del aire exterior y la transfiere al circuito hidráulico de la vivienda. No quema combustible. Por cada kWh eléctrico que consume, genera entre 3,5 y 5 kWh de energía térmica. La normativa española exige un COP mínimo de 2,5 para que el equipo sea reconocido como fuente de energía renovable.

La vivienda unifamiliar reúne las condiciones ideales para este sistema: hay espacio exterior para instalar la unidad sin depender de ninguna comunidad de propietarios, y la demanda térmica —mayor que en un piso, porque la casa pierde calor por fachada, cubierta y suelo— es precisamente la que mejor amortiza la inversión. Un único equipo sustituye a la caldera, el aire acondicionado y el termo.

Componentes clave del esquema de instalación de aerotermia

El núcleo del sistema es la unidad exterior, que contiene el evaporador, el compresor y el ventilador. Capta el calor del aire y opera hasta −15 °C. Según la configuración elegida, puede ser monobloc —todo integrado en la unidad exterior, con solo agua circulando dentro de la vivienda— o bibloc, con un módulo interior o hidrokit que mejora el rendimiento en climas fríos.

El depósito de ACS (150–300 litros) almacena el agua caliente para grifos y duchas sin que la bomba funcione de manera continua. El depósito de inercia, opcional, actúa como pulmón térmico: reduce los arranques del compresor y estabiliza el sistema, algo especialmente útil en viviendas de gran superficie. Ninguno de los dos debería descartarse sin antes evaluar el perfil de consumo de la vivienda.

Los elementos de protección —vaso de expansión, filtro de lodos magnético, válvulas de seguridad y purgadores automáticos— tampoco son prescindibles. No siempre aparecen desglosados en los presupuestos, pero condicionan directamente la durabilidad de toda la instalación.

Cómo funciona el circuito: del aire exterior a cada rincón de la casa

El sistema opera con dos circuitos diferenciados. El circuito frigorífico, contenido dentro de la bomba, mueve un refrigerante que capta calor en el evaporador, se comprime para elevar su temperatura, cede ese calor en el condensador y se expande de nuevo para reiniciar el ciclo. Todo ocurre en bucle cerrado.

El circuito hidráulico distribuye el agua calentada hacia los emisores —suelo radiante, radiadores de baja temperatura o fancoils— y hacia el depósito de ACS. El control por curva de calentamiento (weather compensation) cruza los datos de la sonda exterior con la temperatura de impulsión para ajustar la velocidad del compresor en tiempo real, reduciendo el consumo al mínimo necesario. En verano el ciclo se invierte: el sistema extrae calor del interior y lo expulsa al exterior, sin necesidad de un equipo adicional.

Emisores compatibles: suelo radiante, radiadores y fancoils

La aerotermia trabaja a temperaturas de impulsión bajas, entre 30 y 45 °C, lo que la hace incompatible con los radiadores convencionales de fundición, que requieren temperaturas mucho más elevadas para rendir correctamente.

El suelo radiante es la opción más eficiente y confortable, idónea para obra nueva o reforma integral, con un coste adicional de entre 40 y 70 €/m². Los radiadores de baja temperatura resultan viables en reformas donde ya existe la red de tuberías, con un precio que ronda los 350–500 € por unidad. Para quienes quieran incorporar refrigeración en verano con respuesta rápida, los fancoils o ventiloconvectores ofrecen una solución práctica, con un coste de entre 220 y 370 € por unidad.

Proceso de instalación paso a paso y plazos reales

Todo comienza con el estudio de cargas térmicas. Un instalador habilitado en RITE calcula la potencia necesaria —entre 8 y 16 kW en una unifamiliar— en función de la superficie, el aislamiento y la zona climática. Antes de la obra conviene tramitar la licencia de obra menor y solicitar el certificado de eficiencia energética previo, imprescindible para acceder a las deducciones del IRPF.

La unidad exterior se monta en el jardín, la fachada o la cubierta, con 30–50 cm libres alrededor para garantizar la circulación del aire. El módulo interior y el depósito de ACS se ubican en el garaje o en el cuarto técnico. La puesta en marcha incluye el purgado y presurizado del circuito, el ajuste de las curvas de calentamiento y el registro ante la comunidad autónoma.

Los plazos dependen del alcance de la obra: 2–3 días si se aprovechan los emisores existentes, 2–5 días con depósito nuevo, y hasta 1–2 semanas si se instala suelo radiante desde cero.

Coste, ahorro y ayudas disponibles en 2026

Los precios orientativos para una instalación completa con calefacción y ACS son: 9.000–13.000 € para una vivienda de 100 m², 12.000–18.000 € para 150 m² y 17.000–22.000 € para 200 m². Si se incorpora suelo radiante nuevo, hay que añadir entre 40 y 70 €/m² de obra.

Frente a una caldera de gas, el ahorro energético ronda el 65%, lo que equivale a unos 700 €/año en una vivienda de 100 m². Combinada con autoconsumo fotovoltaico, el ahorro puede superar el 75%.

En cuanto a las ayudas vigentes en 2026, es posible combinar varias vías: la deducción del IRPF del 20%, 40% o 60% según el nivel de mejora energética acreditada; los Certificados de Ahorro Energético (CAE), que permiten recuperar entre 1.000 y 3.500 € al sustituir una caldera de combustible fósil; y las bonificaciones municipales, que pueden alcanzar el 50% del IBI y el 95% del ICIO. Sin ayudas, el periodo de amortización se sitúa entre 6 y 12 años; aplicando las deducciones fiscales y los CAE, se reduce a 5–8 años, con una vida útil del equipo de entre 15 y 20 años.

Para quienes estén valorando dar el paso, el momento tiene relevancia. Las condiciones fiscales actuales —con deducciones de hasta el 40% por obras pagadas antes del 31 de diciembre de 2026— no tienen garantía de mantenerse en los mismos términos el próximo ejercicio. Cuanto antes se realice el estudio técnico y se encargue el certificado energético previo, mayor margen habrá para planificar la instalación y aprovechar el marco de incentivos disponible.

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