Europa está invirtiendo miles de millones en aerogeneradores, paneles solares y bombas de calor, pero el despliegue choca con un muro inesperado: no hay suficientes manos para instalarlos. Veintiún Estados miembros declaran escasez de electricistas de obra. Veinte carecen de fontaneros e instaladores de tuberías.
El sector ya emplea a cerca de un millón de personas en toda la UE y la cifra seguirá creciendo. Pero la ambición climática de Europa depende menos de la tecnología que de las personas que la ponen en marcha.
Un sector que ya emplea a casi un millón de personas
Las tecnologías limpias dieron empleo directo a cerca de un millón de personas en la Unión Europea en 2023, según estimaciones de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA). La eólica encabeza la lista con unos 273.500 puestos de trabajo directos. El 77% corresponde a actividades operativas: mantenimiento, contratación energética y administración de ventas.
La solar fotovoltaica ocupa el segundo lugar, con aproximadamente 227.300 empleos. El 36% de esos puestos está en la construcción. Las bombas de calor emplean a unas 80.100 personas, con un potencial de crecimiento considerable. Las baterías tienen la plantilla más pequeña —alrededor de 33.000 trabajadores— pero registran el crecimiento más rápido.
El dato clave no está en las fábricas. La mayor parte del empleo se concentra en tareas de campo: instalación, mantenimiento y administración de contratos. Es un reflejo de la base instalada que ya existe y de la necesidad constante de operarla y mantenerla.
El cuello de botella está en las profesiones técnicas
No faltan ingenieros. Las carencias más urgentes están en las ocupaciones técnicas y de formación profesional. Veintiún Estados miembros declaran escasez de electricistas de obra y veinte reportan falta de fontaneros e instaladores de tuberías.
Las brechas afectan también a mecánicos electricistas, técnicos de ingeniería eléctrica y mecánicos de maquinaria. Sin estas personas, las tecnologías limpias no se pueden instalar, conectar ni mantener. La consecuencia es directa y genera efectos en cadena: los proyectos se retrasan, lo que a su vez impacta sobre la fabricación y la inversión.
La AEMA es clara al respecto. Sin una expansión más rápida de la formación profesional, el aprendizaje, el reciclaje y el aprendizaje permanente, los cuellos de botella laborales podrían frenar los objetivos climáticos de Europa y debilitar la competitividad de su industria limpia.
Mujeres y jóvenes: el talento que no llega
El sector arrastra otro problema estructural: no atrae a una parte importante de la población. Las mujeres representan solo el 14% de la fuerza laboral en bombas de calor, el 22% en solar fotovoltaica y alrededor del 26% en eólica y baterías. Los desequilibrios persisten también en los puestos de liderazgo.
Los jóvenes de 15 a 24 años suponen apenas entre el 6% y el 7% del empleo en las cadenas de valor de eólica, solar y bombas de calor. El doble problema es que los beneficios de la transición no se reparten equitativamente y se desaprovecha una gran reserva de talento justo cuando escasea la mano de obra y la plantilla envejece.
Las soluciones pasan por una educación STEM y una formación profesional más inclusivas, aprendizajes, mentorías y referentes visibles. También por mejorar la calidad del empleo: nadie entrará ni permanecerá en estos sectores si los puestos no son atractivos, seguros y sostenibles.
El mapa europeo de los nuevos empleos verdes
La distribución geográfica es muy desigual. Alemania lidera en empleo absoluto en eólica, solar fotovoltaica y baterías. Dinamarca destaca como centro de fabricación eólica. Hungría y Polonia emergen como polos de fabricación de baterías en rápido crecimiento. Portugal tiene la mayor fuerza laboral en bombas de calor, seguido de España e Italia.
Este patrón responde a capacidades industriales previas, infraestructuras y ecosistemas de innovación. Pero encierra un riesgo: las regiones dependientes de industrias intensivas en carbono, o con menos infraestructuras y capacidad formativa, podrían quedarse atrás.
La AEMA pide estrategias territoriales que conecten la inversión en tecnologías limpias con la diversificación económica regional, la educación y el desarrollo de capacidades. Sin ello, la expansión podría profundizar las desigualdades existentes en lugar de reducirlas.
Qué necesita Europa para no quedarse sin instaladores
Europa compite por un grupo limitado de trabajadores técnicos cualificados. La solución pasa por atraer a más personas a ocupaciones técnicas y de formación profesional, no solo a las ingenierías. Para lograrlo, hay que mejorar la visibilidad de estas carreras, reforzar la formación profesional y los aprendizajes, y garantizar buenas condiciones laborales y perspectivas de carrera.
El reconocimiento mutuo de cualificaciones entre países podría facilitar la movilidad laboral transfronteriza. Las políticas deben ser inclusivas y sensibles al territorio: atraer a mujeres y jóvenes, apoyar las transiciones desde industrias en declive y asegurar que todas las regiones se beneficien.
La transición energética europea no se decidirá solo en los laboratorios ni en las cumbres políticas. Se decidirá en las aulas de formación profesional, en los programas de aprendizaje y en la capacidad de Europa para convertir una escasez crítica en una oportunidad de empleo de calidad para cientos de miles de personas.
