A principios de agosto, dos cables submarinos frente a la costa de Australia —Indigo West e Indigo Central— fallaron con pocas horas de diferencia. Durante semanas, los operadores no pudieron ofrecer respuestas claras sobre lo ocurrido. No es un caso aislado: cada año se registran entre 150 y 200 accidentes similares, la mayoría provocados por anclas y artes de pesca. La paradoja es que los cables actuales solo pueden «oír» amenazas en sus primeros y últimos 200 kilómetros, lo que deja miles de kilómetros de océano en completo silencio. Una tecnología emergente, basada en las imperfecciones del propio vidrio de la fibra, podría cambiar esa limitación.
El punto ciego de los cables transoceánicos
La detección acústica distribuida, conocida como DAS por sus siglas en inglés, funciona con una caja interrogadora instalada en tierra, en el punto de amarre del cable. Esa caja envía luz láser por la fibra y lee los ecos débiles que regresan. Esos ecos no son un accidente: nacen de imperfecciones microscópicas del vidrio, creadas durante el enfriamiento en la fabricación de la fibra.
El principio se llama retrodispersión de Rayleigh. Cada cable actúa como una sucesión de espejos diminutos a lo largo de toda su extensión. Cada espejo deja pasar casi toda la señal, pero de vez en cuando refleja una fracción mínima de luz hacia el láser que la envió. Esa fracción es la que permite escuchar lo que ocurre en el lecho marino.
La limitación crítica aparece en los cables largos. En líneas transoceánicas de entre 6.000 y 20.000 kilómetros, la detección solo funciona en los primeros y últimos 200 kilómetros de cada fibra. Todo lo que queda en medio del océano permanece sin supervisión. El caso de Indigo West e Indigo Central lo ilustra bien: los operadores detectaron actividad «sospechosa» de embarcaciones cerca de la hora del fallo, pero no pudieron confirmar la causa con certeza.
Cómo las imperfecciones del vidrio revelan amenazas
El mecanismo físico es más sencillo de lo que parece. Cuando un ancla o un arte de arrastre roza el lecho marino, envía vibraciones a través del fondo. Esas vibraciones estiran ligeramente la fibra óptica. Ese estiramiento desplaza la fase de la luz que viaja por el cable. Si el equipo llega a golpear o arrastrar la línea, los cambios de fase son aún más evidentes.
El sistema funciona como un interferómetro óptico. Mide cómo cambia la fase de la luz que regresa en cada punto del cable. Esa medición continua permite detectar amenazas antes de que se conviertan en daños.
La capacidad actual de alerta ya resulta útil. Las cajas interrogadoras en tierra pueden emitir un aviso hasta 15 minutos y 2 kilómetros antes de que un ancla o un arte de arrastre alcance el cable.
«El sistema funciona como un interferómetro óptico», explica Jan Kristoffer Brenne, responsable de I+D de detección por fibra en ASN, «midiendo cómo cambia la fase de la luz que regresa en cada punto del cable».
La mejora que extiende la escucha a todo el océano
La innovación de Alcatel Submarine Networks (ASN) introduce un cambio en la estación de amarre. En lugar de una caja interrogadora por extremo, el sistema mejorado ejecuta varios interrogadores a la vez, cada uno sintonizado con una longitud de onda diferente. La técnica se llama multiplexación por división de longitud de onda.
Esa técnica ya se usa en los repetidores de todos los cables y en telecomunicaciones 4G y 5G. Lo nuevo es aplicarla a las reflexiones de Rayleigh, no solo a las señales principales.
La instalación es sorprendentemente sencilla. Según Brenne, solo requiere unas horas de trabajo en la estación de amarre. No hace falta apagar el cable completo: basta con apagar fibras individuales, una a una, para instalar el hardware mejorado.
«No ponemos nada nuevo en los repetidores», dice Brenne, «pero ajustamos una función interna para que admita la supervisión de amenazas en cables de larga distancia».
Por qué merece la pena superar el ruido
El obstáculo técnico principal es la señal. Cada eco de cada imperfección de la fibra es extremadamente débil, millones de veces más débil que las señales principales que transporta el cable. Además, cada repetidor que amplifica el eco añade un poco de ruido. Con muchos repetidores, ese ruido puede acabar ahogando el eco original.
Aun así, la mejora merece el esfuerzo. Reparar un cable transoceánico es caro y lento. Brenne calcula que una sola reparación cuesta unas 20 veces más que una unidad DAS.
La escasez de barcos de reparación agrava el problema. «Hay una escasez general en la industria de barcos de reparación, con solo entre 20 y 25 barcos en todo el mundo dedicados a reparaciones de cables submarinos», señala Sandra Maximiano, presidenta de ANACOM, el regulador de telecomunicaciones de Portugal.
La detección mejorada también podría ayudar a atribuir responsabilidades. Un informe de la UIT sugiere combinar DAS con datos de seguimiento de barcos para identificar un buque cerca del cable. Sin embargo, el mismo informe reconoce que vincular actividad inferida en el lecho marino con un barco concreto en mar abierto «sigue siendo un desafío».
De la incertidumbre a la alerta temprana
En marzo de 2024, cuatro cables frente a África Occidental se cortaron. Los operadores sospecharon de deslizamientos de tierra o terremotos, pero la causa nunca se confirmó. Bosun Tijani, ministro de Comunicaciones de Nigeria, no tenía una respuesta clara que ofrecer al público.
«Todos querían una respuesta. Me costó darla», recuerda Tijani.
Su propuesta es un centro regional de redundancia que use soluciones como DAS para supervisar el estado de los cables, predecir problemas y dar alerta temprana a los gobiernos. Esa demanda conecta directamente con la promesa de la DAS mejorada: convertir semanas de incertidumbre en un diagnóstico en tiempo real.
La tecnología de ASN aún debe superar el desafío del ruido acumulado en los repetidores. Pero si lo logra, los cables transoceánicos dejarán de ser mudos en su parte central. Podrán oír amenazas a miles de kilómetros de distancia, mucho antes de que un ancla o una red de arrastre toque la fibra. Lo que hoy es una caja negra en medio del océano podría convertirse, por fin, en un sistema de alerta temprana que abarque el mundo entero.
