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Home Ciencia

Fossils reveal a creature built its own GPS 97 million years ago, long before satellites existed

by David Pérez
7 de octubre de 2026
in Ciencia
Fósiles microscópicos con forma de aguja y huso en el fondo del océano Atlántico, con brillo magnético interno azul y ámbar

Estructuras fósiles microscópicas halladas en sedimentos del Atlántico Norte revelan que una criatura desarrolló su propio sistema de navegación magnética hace 97 millones de años.

En el fondo del Atlántico Norte, en sedimentos intactos desde hace casi 100 millones de años, han aparecido estructuras microscópicas con forma de puntas de lanza, husos y agujas. Durante décadas, su origen y su función fueron un enigma.

Ahora, una nueva técnica de imagen ha permitido observar su interior y ha revelado algo inesperado: una arquitectura magnética interna de gran complejidad, aparentemente diseñada para la navegación. El hallazgo sugiere que una criatura marina desconocida utilizaba el campo magnético terrestre como un mapa mucho antes de lo que se creía posible.

Un misterio magnético en el fondo del océano

Las estructuras halladas en el Atlántico Norte tienen formas difíciles de ignorar: puntas de lanza, husos, balas y agujas. Cada una es más pequeña que una célula bacteriana, pero su geometría resulta demasiado regular para ser producto del azar. Los científicos llevan décadas convencidos de que tienen un origen biológico. Algún organismo las fabricó, aunque nadie ha podido identificar cuál.

El tamaño es lo que más desconcierta. Las bacterias actuales que usan magnetita para orientarse emplean partículas de entre 50 y 100 nanómetros, el tamaño perfecto para una brújula microscópica. Estos fósiles, en cambio, son entre 10 y 20 veces más grandes. Si solo fueran brújulas, serían ineficientes. Algo más debía estar ocurriendo dentro de ellas.

Tomografía magnética: ver dentro de lo invisible

El problema era técnico. Los rayos X convencionales no lograban penetrar partículas tan grandes con eficacia, lo que impedía obtener imágenes magnéticas en tres dimensiones. Sin esa información, el interior de los magnetofósiles seguía siendo una caja negra.

La solución llegó de la mano de Claire Donnelly, del Instituto Max Planck, que desarrolló una técnica de tomografía vectorial magnética. Las mediciones se realizaron en la instalación Diamond de Oxford. Por primera vez, los investigadores pudieron observar cómo se organizaban los momentos magnéticos en el interior de cada partícula.

Lo que encontraron superó sus expectativas. Los momentos magnéticos no se alineaban de forma simple, como agujas de brújula. En su lugar, giraban en espiral alrededor de una línea central, generando un vórtice con forma de tornado. Un patrón interno de una complejidad que nadie había anticipado.

Un vórtice diseñado para la navegación

Esa geometría de vórtice no es un capricho. Tiene propiedades excepcionales para la navegación. Por un lado, permite detectar la inclinación del campo magnético terrestre, que varía con la latitud. Por otro, responde a los cambios de intensidad, que se relacionan con la longitud. Dos coordenadas en una sola partícula.

El mecanismo es sutil. Ante pequeñas variaciones en la intensidad del campo, la estructura produce un ligero bamboleo. Ese movimiento, casi imperceptible, podría proporcionar a un organismo información detallada sobre su posición geográfica. El vórtice es extremadamente estable, además. Resiste perturbaciones ambientales que desorientarían a una brújula convencional.

Rich Harrison, de la Universidad de Cambridge, lo resume con claridad: «Si la naturaleza desarrolló un GPS, una partícula en la que se pueda confiar para navegar miles de kilómetros a través del océano, sería algo como esto».

El animal desconocido detrás de los fósiles

La gran pregunta sigue sin respuesta: ¿qué criatura fabricó estas estructuras? Los investigadores no lo saben, pero el hallazgo les da pistas sobre dónde buscar. No se trata de un organismo marginal. Para dejar restos fósiles abundantes, tuvo que ser común en los océanos de su época.

Las anguilas son una de las candidatas más plausibles. Evolucionaron hace unos 100 millones de años, un margen temporal compatible con los fósiles. Realizan migraciones extraordinarias: viajan miles de kilómetros desde ríos de agua dulce hasta el mar de los Sargazos para reproducirse. Se sabe que detectan el campo magnético terrestre, aunque el mecanismo exacto sigue sin estar claro.

Se han encontrado partículas de magnetita en anguilas modernas. Sin embargo, obtener imágenes directas dentro de sus células ha resultado imposible hasta ahora. Son tan pequeñas que podrían estar escondidas en casi cualquier parte del cuerpo. Harrison lo plantea como una guía para futuras investigaciones: «Esto nos dice que necesitamos buscar un animal migratorio que fuera lo bastante común en los océanos para dejar restos fósiles abundantes».

El eslabón evolutivo de la magnetorrecepción

La magnetorrecepción sigue siendo uno de los sentidos menos comprendidos de la naturaleza. Aves, peces e insectos la utilizan para recorrer distancias enormes, pero los mecanismos biológicos que la hacen posible todavía se escapan a la ciencia. Este hallazgo añade una pieza importante al rompecabezas.

Las bacterias actuales usan cadenas simples de partículas magnéticas como brújulas básicas. Los magnetofósiles gigantes representan algo cualitativamente distinto. No solo indican una dirección: integran dos tipos de información para construir una posición. Es un salto evolutivo considerable.

Harrison lo enmarca en términos de linaje: «Los magnetofósiles gigantes marcan un paso clave para rastrear cómo los animales evolucionaron desde la magnetorrecepción bacteriana básica hasta sistemas de navegación altamente especializados, similares a un GPS». La frase señala una dirección para el futuro de la investigación.

El siguiente paso será buscar al organismo responsable. Si las anguilas modernas conservan estructuras similares, las nuevas técnicas de imagen podrían revelarlas. Si no, habrá que ampliar la búsqueda a otros animales migratorios. Lo que hace 97 millones de años era un sistema de navegación sofisticado podría tener descendientes vivos hoy, nadando con un mapa magnético dentro del cuerpo.

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