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Home Ciencia

Cuando un supervolcán devastó Japón, algunas comunidades prehistóricas no solo sobrevivieron: prosperaron

by David Pérez
24 de octubre de 2026
in Ciencia
Comunidad Jomon prospera entre cenizas tras la erupción del supervolcán Kikai-Akahoya en Kyushu, hace 7.300 años

Sobrevivientes de la erupción del supervolcán Kikai-Akahoya reconstruyen sus aldeas y prosperan en el sur de Kyushu, según revela un nuevo estudio arqueológico.

Imagina una explosión submarina tan violenta que sacude islas enteras con terremotos, tsunamis colosales y una lluvia de ceniza de metros de espesor. Hace 7.300 años, el volcán Kikai-Akahoya convirtió el sur de Japón en un paisaje apocalíptico. Los arqueólogos pasaron décadas barajando dos escenarios posibles: la aniquilación total de las poblaciones cercanas o una resistencia casi milagrosa.

Un nuevo estudio internacional liderado por la Universidad de Lund ha revelado que la realidad fue bastante más extraña. Aquella erupción no fue una catástrofe uniforme, sino el detonante de respuestas demográficas divergentes que aún hoy ponen en cuestión nuestras ideas sobre cómo reaccionan las sociedades humanas ante un desastre natural de escala colosal.

El día que el mar explotó

El Kikai-Akahoya no avisó. La erupción reventó el lecho marino con una violencia difícil de imaginar. Terremotos sacudieron las islas, tsunamis barrieron las costas y una capa de ceniza de varios metros cubrió el paisaje. Para las comunidades Jomon, cazadoras y recolectoras que dependían por completo de su entorno, aquello tuvo que ser un golpe brutal.

Durante décadas, los arqueólogos se dividieron en dos bandos. Unos defendían la teoría del apocalipsis total: las poblaciones cercanas al volcán desaparecieron sin dejar rastro. Otros creían en una supervivencia resiliente, con comunidades que lograron resistir incluso cerca del desastre.

El nuevo estudio, publicado en Science Advances, demuestra que ninguna de las dos explicaciones cuenta la historia completa. La realidad fue mucho más matizada.

Dos regiones, dos destinos opuestos

El contraste más llamativo aparece al comparar el sur y el norte de Kyushu. En el sur, la población llevaba décadas disminuyendo antes de la erupción. Cuando el volcán explotó, ya quedaban pocas personas en la zona. Grupos muy móviles de recolectores la visitaban de forma esporádica, sin asentarse de manera permanente.

El norte cuenta una historia completamente distinta. Allí la población crecía antes del desastre, y ese crecimiento continuó durante la catástrofe y después de ella. Los ecosistemas sufrieron daños extensos y duraderos, pero las comunidades no solo resistieron: se expandieron.

Los investigadores proponen una explicación. Las personas que huían de las zonas más afectadas pudieron reforzar el crecimiento demográfico del norte. Los supervivientes del interior se desplazaron hacia la costa septentrional, donde los ecosistemas marinos se recuperaron con relativa rapidez. Al desarrollar nuevas formas de aprovechar los recursos del mar, estas comunidades sostuvieron un crecimiento adicional.

Consecuencias inesperadas a cientos de kilómetros

El hallazgo más sorprendente no está en Kyushu. Los investigadores detectaron cambios demográficos en regiones mucho más alejadas del volcán. Estas zonas habían experimentado crecimiento antes de la catástrofe, pero después su población se estancó o incluso disminuyó. Nadie había reconocido antes consecuencias demográficas tan extendidas.

Las explicaciones posibles son varias. La erupción pudo causar perturbaciones climáticas temporales que afectaron a comunidades de todo Japón. Otra hipótesis apunta al desgaste dental severo observado en ciervos y jabalíes, dos fuentes de alimento fundamentales para los Jomon. Quizá los animales pastaban en paisajes cubiertos de ceniza, lo que dañaba sus dientes y, por extensión, su salud. Otros efectos volcánicos sobre la salud humana y las condiciones de vida también pudieron influir.

El mensaje es claro: los efectos de un desastre natural pueden extenderse mucho más allá de la zona de destrucción inmediata.

La lección de los Jomon: adaptarse, colaborar, decidir

Enrico Crema y Peter Jordan, los autores principales del estudio, extraen una conclusión que va más allá de la arqueología. Las consecuencias de las catástrofes rara vez son lineales o predecibles. Incluso ante una destrucción abrumadora, las comunidades humanas responden de formas distintas según sus circunstancias y las opciones disponibles.

La agencia humana es el concepto clave. Los supervivientes no fueron víctimas pasivas del desastre. Migraron, forjaron nuevas relaciones sociales, innovaron económicamente y encontraron formas creativas de existir en las nuevas condiciones. Tuvieron que tomar decisiones, ajustarse, colaborar y crear nuevas conexiones.

Para nosotros, que vivimos en una época de crisis climática y desastres naturales cada vez más frecuentes, la historia de los Jomon ofrece una perspectiva valiosa. Comprender cómo las sociedades del pasado afrontaron choques repentinos puede iluminar nuestra propia capacidad de respuesta. No se trata de si sufriremos crisis, sino de cómo decidiremos afrontarlas cuando lleguen.

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