Durante siglos, mover mercancías, achicar el agua de una mina o tejer una pieza de tela dependió casi por completo del esfuerzo humano, de la fuerza animal o del capricho del viento y del agua. La Edad Moderna empezó a resquebrajar esa dependencia. Los grandes viajes oceánicos exigieron mejores barcos e instrumentos de navegación, y el pensamiento renacentista colocó la razón en el centro del conocimiento.
Algunos diseños se adelantaron tanto a su época que no pasaron del papel. Décadas después, una máquina de combustión externa cambió para siempre la escala del transporte y del trabajo.
Una época de exploraciones y cambio de mentalidad
Los grandes descubrimientos geográficos no surgieron de la nada. Fueron consecuencia directa del avance de la industria naval y de las nuevas técnicas de orientación. Sin mejores barcos ni instrumentos más precisos, cruzar océanos habría sido una apuesta suicida.
España y Portugal se situaron a la cabeza de estas empresas. De ellas obtuvieron importantes beneficios económicos y territoriales que transformaron su papel en el mundo.
Al mismo tiempo, el Renacimiento y la Ilustración colocaron al ser humano y a la razón en el centro del conocimiento. La religión fue perdiendo el papel preponderante que había tenido durante la Edad Media.
Este periodo culmina con los establecimientos coloniales de ultramar y con la Revolución Francesa, que instauró un nuevo orden político y social.
Leonardo da Vinci: el inventor que se adelantó a su tiempo
Leonardo da Vinci fue pintor, ingeniero, arquitecto, físico, biólogo, urbanista y diseñador de máquinas. En cada una de estas facetas asombró a sus contemporáneos.
Estudió la presión de los fluidos y demostró que los líquidos mantienen el mismo nivel en vasos comunicantes. También investigó la hidrodinámica, las ondas del aire y las leyes del sonido. Se adelantó a la teoría ondulatoria de la luz.
En el campo del diseño, ideó un helicóptero, un paracaídas y un vehículo automóvil. También proyectó una grúa móvil, un molino de aire caliente y una excavadora flotante. Pretendía hacer navegables los ríos.
Sin embargo, ninguno de sus inventos pasó del estadio del diseño. Eran demasiado avanzados para su época y no llegaron a utilizarse.
Ciencia y técnica empiezan a trabajar juntas
Poco a poco, la ciencia se alejó de lo religioso. Se fundamentó el método científico como forma de entender el mundo.
Los nuevos descubrimientos científicos comenzaron a generar instrumentos técnicos. A su vez, esos instrumentos permitieron nuevos descubrimientos. Se creó un círculo virtuoso que no existía antes.
El telescopio, el microscopio, el péndulo cicloidal y el barómetro son ejemplos claros de esa colaboración. Cada uno permitió observar fenómenos que antes resultaban invisibles.
Benjamin Franklin, presidente de Estados Unidos y prolífico inventor, aportó el pararrayos, las gafas bifocales, la estufa que lleva su nombre, las aletas de nadador y el cuentakilómetros.
La máquina de vapor y el salto a la Revolución Industrial
La máquina de vapor transforma energía calorífica en energía cinética. Es de combustión externa, porque la quema de combustible se produce fuera de ella.
Thomas Newcomen creó la primera máquina de vapor en 1712. Se empleaba para achicar agua de las minas de carbón. Entre 1765 y 1784, James Watt la perfeccionó con el condensador externo y el regulador centrífugo, que aumentaron su seguridad y eficacia.
Las aplicaciones no tardaron en llegar. Richard Trevithick usó una máquina de vapor para mover una locomotora en 1804. Robert Fulton construyó el primer barco de vapor comercial. George Stephenson diseñó la locomotora Rocket en 1829, capaz de transportar carga y pasajeros a mayor velocidad.
En España, la primera línea férrea se inauguró entre Barcelona y Mataró en 1848.
De la fuerza animal a la automatización
Por primera vez se pudo prescindir de la energía de personas o animales para realizar tareas. Ese cambio de escala no tenía precedentes.
La máquina de vapor mejoró las comunicaciones al permitir transportar mayores cargas a distancias antes impensables. El mundo se hizo más pequeño.
Con el tiempo, se introdujo en máquinas como hiladoras y tejedoras. Esa mecanización dio lugar a las primeras automatizaciones de procesos.
Lo que empezó con diseños en papel y experimentos aislados se convirtió en un sistema industrial. La Edad Moderna no solo cambió las herramientas: cambió la forma de pensar sobre lo que era posible. Y ese impulso no se detuvo. Las bases estaban puestas para una aceleración que continuaría en las décadas siguientes.
