Durante décadas, hablar de energía limpia equivalía a hablar de una promesa cara, minoritaria y tecnológicamente inmadura. Una opción bienintencionada, pero lejos de poder competir con la contundencia del carbón, el petróleo o el gas. Esa percepción, arraigada en el imaginario colectivo, ha quedado obsoleta.
Hoy, en la mayoría de los países, generar electricidad a partir del sol o del viento ya resulta más barato que quemar combustibles fósiles. Lo que antes era una alternativa marginal se ha convertido en el pilar más viable de la transición energética. Nos encontramos ante un punto de inflexión que no es solo tecnológico: es también económico y social.
El fin de una era: por qué el carbón y el petróleo pierden la batalla del coste
Los combustibles fósiles no son solo contaminantes. Son, sobre todo, lentos. El carbón, el petróleo y el gas tardan cientos de millones de años en formarse. Y al quemarse liberan dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero que aceleran el calentamiento global.
Ese modelo ya no aguanta la comparación económica. Las energías renovables son hoy más baratas en la mayoría de los países. Generan, además, tres veces más puestos de trabajo que los combustibles fósiles.
Un factor clave ha sido la caída drástica del coste de fabricación de los paneles solares durante la última década. Lo que antes exigía fuertes subvenciones ahora compite en precio sin ayudas.
El contexto importa: esta transición resulta fundamental para mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 1,5 °C. No es solo una cuestión de ahorro. Es una cuestión de límites físicos.
Sol y viento: los dos gigantes que lideran la expansión
La energía solar es la fuente más abundante. Funciona incluso con cielo nublado, aunque con menor rendimiento. Conviene distinguir entre la solar térmica, que calienta agua mediante acumuladores, y la fotovoltaica, que convierte la radiación en electricidad con paneles.
La escala del recurso impresiona. La Tierra intercepta energía solar a un ritmo unas 10.000 veces superior al consumo humano. No falta sol. Falta capacidad para aprovecharlo.
La eólica ha seguido un camino parecido. Las turbinas son ahora más altas y sus rotores tienen diámetros mucho mayores. Eso ha convertido al viento en una forma potente de producir electricidad.
El potencial técnico mundial de la eólica supera la producción global de electricidad. En Canarias, los vientos alisios soplan desde el noreste durante todo el año, con mayor intensidad en verano. Son constantes y predecibles.
La Palma como laboratorio: de la primera central hidroeléctrica de Canarias al futuro renovable
La Palma no parte de cero. En 1893 entró en funcionamiento El Electrón, la primera central hidroeléctrica de Canarias. Operó hasta 1954, cuando fue sustituida por la central térmica de Los Guinchos.
La isla tiene ventajas que la mayoría de Europa no comparte. Su menor latitud, más cercana al ecuador, y su moderada nubosidad anual le otorgan más horas de sol. Eso se traduce en un recurso solar especialmente generoso.
A ello se suma el viento. Los alisios ofrecen un potencial eólico destacado para la generación eléctrica, con la regularidad que otras regiones no tienen.
La combinación de ambos recursos permite pensar en una transición adaptada a las condiciones geográficas y climáticas de la isla. No se trata de copiar modelos externos, sino de aprovechar lo que ya existe.
Más allá de la electricidad: el desafío pendiente del transporte y la calefacción
Conviene no perder perspectiva. La electricidad representa solo una quinta parte del consumo energético mundial. El resto se reparte entre el transporte, la calefacción y la industria.
Encontrar un papel más relevante para las renovables en esos sectores sigue siendo crítico. No basta con descarbonizar la red eléctrica.
Los biocarburantes aparecen como alternativa a la gasolina y al gasóleo. El bioetanol procede de cereales; el biodiésel, de grasas vegetales. Pero sus impactos negativos son reales: deforestación, cambio de uso del suelo y competencia directa con el sector alimentario.
La geotermia ofrece otra vía. Es una tecnología madura y fiable, con más de 100 años de uso. Sin embargo, su carácter local y no transportable limita su alcance. Se consume donde se produce.
El futuro que asoma: océanos, geotermia y un sistema energético rediseñado
La energía oceánica sigue en fase experimental, con dispositivos de conversión del oleaje y de las corrientes de marea aún en desarrollo. Su potencial teórico supera cualquier necesidad energética humana actual.
Su gran ventaja es la previsibilidad. Está disponible las 24 horas del día, los 365 días del año. No depende del sol ni del viento.
La geotermia demuestra que las soluciones locales funcionan. En la isla de San Miguel, en Azores, las centrales de Ribeira Grande y Pico Vermelho abastecen el 44% de la demanda eléctrica local. Dos instalaciones de tamaño moderado, ajustadas a la escala del territorio.
El futuro energético no tendrá una única fuente dominante. Será una combinación de tecnologías adaptadas a las condiciones de cada lugar. La Palma tiene sol, viento y una historia que apunta en esa dirección. El siguiente capítulo está por escribirse.
