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Home Ciencia

Biotecnología azul: el mar esconde fármacos, alimentos y combustibles que apenas empezamos a explorar

by David Pérez
6 de noviembre de 2026
in Ciencia
Bióloga marina desciende hacia un respiradero hidrotermal abisal con una linterna, rodeada de gusanos tubulares y bacterias,

Una bióloga explora un campo de fumarolas negras a 4.000 metros de profundidad, donde organismos extremófilos podrían inspirar nuevos fármacos, alimentos y biocombustibles. La biotecnología azul busca

Cada año, biólogos marinos y submarinistas se sumergen en aguas de distintos puntos del planeta no para contemplar el paisaje, sino para recolectar pequeñas muestras de organismos que podrían contener la próxima generación de medicamentos, alimentos o combustibles. De esas inmersiones regresan con la materia prima de la biotecnología azul, la ciencia que convierte la biodiversidad acuática en soluciones tangibles para la vida en tierra.

Los océanos cubren más del 70% del planeta y albergan formas de vida adaptadas a condiciones extremas que no existen en la superficie: bacterias que sobreviven junto a fumarolas volcánicas a 5.000 metros de profundidad, invertebrados con compuestos antitumorales, microalgas capaces de depurar aguas residuales. ¿Qué se esconde realmente bajo la superficie y qué aplicaciones prácticas está generando ya?

Qué es la biotecnología azul y por qué ahora capta tanta atención

La biotecnología azul es el uso de organismos acuáticos —algas, bacterias, hongos e invertebrados— para desarrollar productos y procesos útiles en medicina, alimentación, agricultura, cosmética y medio ambiente. No se limita a los océanos: también abarca ecosistemas de agua dulce como ríos, lagos y embalses.

Esta disciplina se enmarca dentro de la Economía Azul, un pilar de la estrategia de crecimiento sostenible de la Comisión Europea y del Pacto Verde Europeo. Su desarrollo permite ampliar el horizonte de la biotecnología tradicional y descubrir recursos en los rincones más desconocidos del planeta.

Jerónimo Chirivella Martorell, coordinador del máster Erasmus Mundus en Biotecnología Marina de la Universidad Católica de Valencia, lo resume con una comparación clara: el mar es hoy lo que la selva amazónica fue en los años ochenta — una frontera de descubrimiento biológico.

Lo que hace especialmente valiosos a estos organismos es su adaptación a condiciones extremas. Las bacterias que viven junto a fumarolas volcánicas a 5.000 metros de profundidad soportan presiones altísimas y temperaturas que no existen en la superficie, pero que sí se dan en algunos procesos industriales. Estudiarlas puede inspirar nuevos métodos y aplicaciones.

Medicamentos que nacen en el fondo del mar

La medicina es la aplicación más citada de la biotecnología azul, y con razón. El primer medicamento antitumoral de origen marino aprobado en el mundo nació en España. Lo desarrolló PharmaMar a partir de la ascidia colonial Ecteinascidia turbinata, un invertebrado que vive en arrecifes y raíces de mangles del Caribe y el Mediterráneo. El fármaco, llamado Yondelis, marcó un hito en la oncología.

PharmaMar lleva más de tres décadas explorando el ecosistema marino en busca de compuestos con propiedades terapéuticas. Fruto de ese trabajo, la compañía posee la mayor colección de muestras de organismos marinos del mundo: más de 400.000 ejemplares recolectados en expediciones por todo el planeta, siempre sujetos a la legislación vigente y a tratados internacionales como el protocolo de Nagoya.

La biotecnología azul explora compuestos bioactivos de organismos marinos con potencial para tratar enfermedades difíciles, incluido el cáncer. Desde PharmaMar lo resumen con una frase que define su enfoque: «El mar es nuestra plataforma terapéutica». No es una metáfora vacía, sino la base de un proceso que comienza bajo el agua y termina en el laboratorio.

Alimentación, agricultura y cosmética: aplicaciones que ya están en el mercado

La biotecnología azul no es solo promesa de futuro. Ya hay productos en los supermercados y en los estantes de cosmética. La Compañía Española de Algas Marinas (CEAMSA) produce ingredientes derivados de algas que se utilizan en bollería, quesos, gominolas y productos con utilidad médica.

Un caso ilustrativo es el color del salmón. Esa tonalidad rosada proviene de una sustancia presente en el caparazón de los crustáceos de los que se alimenta. Durante años se sintetizó químicamente y se añadió a los piensos. Hoy puede producirse de forma natural con microalgas que generan la misma molécula.

En Colombia, la investigación liderada por Diana Marcela Vinchira, doctora en Biotecnología de la Universidad Nacional, identificó microorganismos de arrecifes del Caribe capaces de combatir plagas en cultivos de tomate y plátano. Es un ejemplo de cómo los recursos marinos pueden reducir el uso de plaguicidas químicos.

En cosmética, los compuestos marinos con propiedades antioxidantes, antiinflamatorias e hidratantes se emplean en cremas, lociones y productos de cuidado personal. Los extractos de algas y los péptidos marinos son ingredientes habituales en formulaciones comerciales.

Biorremediación y energía: cuando el mar limpia y alimenta

La biorremediación consiste en cultivar microorganismos en aguas contaminadas para que se alimenten de los residuos y limpien progresivamente el entorno. Es una de las aplicaciones más prometedoras de la biotecnología azul en el ámbito medioambiental.

El proyecto All-gas, liderado por Aqualia y apoyado por la Unión Europea, demostró su viabilidad. Desde 2016, este proyecto obtuvo biogás a partir del cultivo de microalgas en aguas residuales. El objetivo era doble: aprovechar los nutrientes y la energía presentes en las aguas residuales y utilizar el biocombustible generado para hacer funcionar vehículos. Chirivella lo describe como «una prueba que sirvió para demostrar la posibilidad de crear una economía circular, de cerrar el circuito».

Otro ejemplo real está en marcha en el Puerto de Alicante. La start-up Mediterranean Algae ha puesto en marcha un proyecto de biorremediación en sus aguas, cultivando microorganismos que se alimentan de los residuos.

Además, existe el concepto de carbono azul: ecosistemas como manglares, marismas y praderas marinas capturan y almacenan grandes cantidades de CO2. Aunque en el mar no hay grandes bosques, millones de seres unicelulares fotosintéticos cumplen una función equivalente en la captura de carbono.

Los retos pendientes: costes, regulación y océanos amenazados

El camino no está exento de obstáculos. Explorar nichos inexplorados —grandes profundidades, volcanes submarinos, alta presión— es técnicamente difícil y costoso. Marian Vinuesa Navarro, responsable del Departamento de Micología de Biomar MT, lo explica: el acceso a zonas de gran profundidad y presión es un desafío de ingeniería que limita el descubrimiento de la riqueza biológica de los océanos.

Los productos naturales derivados de microorganismos marinos deben igualar la eficacia de los sintéticos. Sin embargo, su biodegradabilidad y menor impacto ambiental están impulsando su adopción, especialmente en sectores como los pesticidas.

Vinuesa señala otro reto urgente: detener la contaminación creciente de las aguas por plásticos, micro y nanoplásticos, que ya son ubicuos en aguas y organismos acuáticos. «La magnitud de este problema es enorme y requiere soluciones urgentes», advierte.

A esto se suma la necesidad de una regulación clara para organismos genéticamente modificados y el reto de la aceptación pública. Parte de la sociedad mantiene reticencias sobre la biotecnología, y superarlas exigirá transparencia, evidencia científica y comunicación honesta.

Lo que viene

La biotecnología azul está en un punto de inflexión. Los avances en biología molecular, genómica y bioinformática están acelerando el descubrimiento de compuestos marinos. La Comisión Europea la contempla como un pilar de su estrategia de bioeconomía, y cada vez más países con costa la integran en sus planes de crecimiento sostenible.

El futuro pasa por formar profesionales capaces de convertir ideas en negocios. Chirivella lo plantea con claridad: «También pueden curar el cáncer desde la biotecnología marina». La frontera está abierta, y lo que se descubra en los próximos años dependerá de cuánto invirtamos en explorarla de forma responsable.

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