Escanear un espécimen de hormiga con un micro-CT convencional podía llevar hasta diez horas. Un equipo de investigadores acaba de procesar 2.000 en una sola semana.
Lo hicieron en el sincrotrón del Instituto Tecnológico de Karlsruhe, en Alemania, donde un brazo robótico rotaba cada hormiga y la sustituía por la siguiente cada treinta segundos. El resultado es un atlas digital en 3D de 800 especies con resolución micrométrica. Lo que está en juego va mucho más allá de las hormigas: este sistema podría redefinir cómo la ciencia cataloga y comparte la vida en la Tierra.
Del escáner lento al sincrotrón: un salto de seis años a una semana
La tecnología micro-CT convencional lleva más de una década siendo el estándar para estudiar la morfología de los insectos. Sus imágenes son extraordinariamente detalladas, pero el ritmo de trabajo resulta incompatible con proyectos ambiciosos. Diez horas por espécimen hace que catalogar miles de muestras sea, en la práctica, inviable.
El equipo liderado por Evan Economo, de la Universidad de Maryland, y Thomas van de Kamp, del Instituto Tecnológico de Karlsruhe (KIT), encontró la solución en una combinación de tecnologías. El sincrotrón del KIT genera un haz de rayos X de alta intensidad; un cambiador automático de muestras rota cada hormiga y la sustituye por la siguiente en apenas treinta segundos.
La diferencia es notable. Julian Katzke, primer autor del estudio publicado en Nature Methods el 5 de marzo de 2026, lo resume con precisión: con un escáner de laboratorio convencional, el proyecto habría requerido seis años de funcionamiento ininterrumpido. Con la infraestructura del KIT, los 2.000 especímenes quedaron escaneados en una semana.
Inteligencia artificial para dar vida a las hormigas digitales
Los escaneos en bruto presentaban un problema inesperado: las hormigas aparecían en posturas retorcidas, lejos de cómo se verían en la naturaleza. Útiles desde el punto de vista científico, pero inservibles para crear los modelos realistas que el equipo buscaba.
La solución llegó desde las aulas. Estudiantes de ingeniería de software de la Universidad de Maryland, en el marco de un curso de capstone dirigido por el profesor asociado James Purtilo, desarrollaron herramientas de inteligencia artificial para la estimación automática de poses. El sistema ajusta las imágenes escaneadas para que las hormigas adopten posiciones naturales, similares a las que tendrían en el campo.
El resultado va mucho más allá de la estética. Los modelos finales revelan, con resolución micrométrica, músculos, sistemas nerviosos, órganos digestivos y aguijones; pueden animarse e integrarse en entornos de realidad virtual, lo que abre posibilidades tanto para la investigación como para la divulgación. «Sin estas herramientas computacionales, básicamente nunca se habría podido hacer», reconoció Economo.
Antscan: una base de datos que ya genera ciencia
El proyecto no es solo una demostración técnica. La base de datos Antscan ya está produciendo investigación publicada. En diciembre de 2025, un estudio aparecido en Science Advances utilizó sus datos para analizar la relación entre el grosor de la cutícula y el tamaño de la colonia en más de 500 especies de hormigas.
La cutícula —la capa protectora del exoesqueleto— requiere nitrógeno y otros minerales para formarse, lo que la convierte en un recurso costoso. El análisis reveló una correlación negativa clara: las colonias que invierten menos en una armadura gruesa pueden sostener más obreras y, potencialmente, diversificarse con mayor éxito.
Esa medición habría sido muy difícil sin los modelos tridimensionales de Antscan, que permiten calcular el volumen de cutícula con una precisión antes casi inalcanzable. Las mismas especies escaneadas coinciden además con las analizadas en un estudio sobre genomas de hormigas publicado en Cell en junio de 2025, también con Economo como coautor. Cruzar ambos conjuntos de datos abre la puerta a conectar rasgos físicos con variación genética de forma sistemática.
Más allá de las hormigas: hacia una biblioteca viva de la biodiversidad
El método es, por diseño, escalable. Los datos brutos están disponibles públicamente, y un visor interactivo permite explorar los modelos en línea sin necesidad de software especializado. Economo ha señalado que el valor del proyecto «no es solo sobre las hormigas», sino que apunta a algo más amplio: construir bibliotecas digitales de organismos que puedan usarse desde laboratorios científicos hasta aulas o estudios de cine.
Las aplicaciones potenciales son diversas. Los modelos podrían servir para entrenar sistemas de aprendizaje automático capaces de identificar especies en estudios de comportamiento en campo, integrarse en materiales educativos o emplearse en producciones audiovisuales que exijan representaciones anatómicamente precisas de insectos.
De cara al futuro, Economo planea ampliar Antscan con nuevos especímenes y seguir colaborando con estudiantes de informática de la Universidad de Maryland para aplicar las mismas técnicas de inteligencia artificial a otros conjuntos de datos biológicos. La ambición declarada es avanzar hacia lo que el propio Economo describe como «una biblioteca viva de modelos interactivos correspondientes a la biodiversidad de la Tierra». Si el ritmo marcado en esta primera semana de escaneos se mantiene, esa biblioteca podría crecer considerablemente más rápido de lo que cualquier estimación anterior habría sugerido.
