El 8 de enero de 2026, el gobierno iraní cortó de golpe toda comunicación en el país. Durante semanas, más de 90 millones de personas se quedaron sin internet, sin llamadas y sin mensajes de texto, en medio de las protestas más graves desde la Revolución Islámica. Era un apagón sin precedentes.
Trece días después del inicio del cierre, un pequeño equipo activó un sistema construido para exactamente este tipo de momento: uno que esconde archivos dentro de emisiones de televisión por satélite convencionales y los entrega en silencio a quienes los necesitan.
Un país desconectado del mundo
El apagón de enero de 2026 no fue una restricción parcial ni una ralentización selectiva. Fue el primero total en la historia de Irán: internet cortado en todas las provincias, VPN bloqueadas, SMS interrumpidos, llamadas móviles y fijas severamente limitadas durante semanas. Noventa millones de personas quedaron aisladas no solo del mundo exterior, sino entre sí.
El contexto era explosivo. Millones de iraníes habían salido a las calles para protestar contra la crisis económica y la represión política, en lo que muchos consideran el levantamiento más significativo desde la Revolución Islámica de 1979. La respuesta del gobierno fue brutal: según distintos informes, el número de muertes confirmadas superó los 7.000, aunque otras fuentes sugieren que la cifra real podría exceder los 30.000.
A diferencia de países donde el tráfico internacional circula por miles de rutas independientes, en Irán la mayor parte de las conexiones globales pasan por un número reducido de nodos controlados por operadores vinculados al Estado. A eso se suma la Red Nacional de Información —un sistema de enrutamiento doméstico— y técnicas de inspección profunda de paquetes que permiten identificar y bloquear en tiempo real VPN, aplicaciones de mensajería y redes sociales. Una arquitectura diseñada desde el principio para el control.
Toosheh: datos camuflados en señales de televisión
La respuesta de NetFreedom Pioneers a ese tipo de cierre lleva años en desarrollo. Mehdi Yahyanejad, tecnólogo iraní-estadounidense, cofundó la organización sin ánimo de lucro en 2012 con una idea aparentemente sencilla: replicar por software la funcionalidad de las tarjetas DVB —hardware que conecta un ordenador a frecuencias satelitales— y usarla para colar datos dentro de emisiones de televisión convencionales.
El sistema se llama Toosheh, que en persa significa «mochila». Funciona sobre el estándar MPEG transport stream, el formato que utilizan las emisiones de televisión por satélite, el cual permite empaquetar múltiples capas —audio, vídeo, subtítulos— en un único flujo de datos. El equipo de NFP descubrió que podía añadir una capa adicional completamente indistinguible para el receptor de satélite del resto del contenido, con documentos, vídeos, noticias o software.
El resultado es unidireccional e imposible de rastrear. No requiere suscripción, no genera registros de actividad y no deja huella digital en el usuario. Cada paquete descargado contiene entre 1 y 5 GB de contenido cuidadosamente seleccionado. El coste de acceso es mínimo: una antena parabólica y un receptor cuestan menos de 50 dólares en Irán, y la mayoría de los hogares ya los tienen instalados, a pesar de que las antenas son técnicamente ilegales.
Contra el bloqueo de señales: redundancia frente al jamming
El gobierno iraní no se limita a cortar internet. También emplea interferencias de señal —conocidas como jamming—, instalando antenas en puntos elevados para emitir ruido en las frecuencias de los receptores domésticos e impedir la recepción de paquetes de datos.
Esta modalidad terrestre tiene limitaciones físicas importantes. Requiere mucha energía y solo cubre áreas reducidas, lo que hace imposible aplicarla a escala nacional. Siempre hay zonas donde la señal llega con claridad.
En 2009, Irán probó una táctica más agresiva: interferir directamente el enlace ascendente del satélite, inutilizándolo por completo. La amenaza de sanciones internacionales llevó al gobierno a abandonar ese método en 2012. Ante el jamming terrestre, NFP responde con un sistema de redundancia inspirado en el principio RAID del almacenamiento de datos: en condiciones normales dedica alrededor del 5 % del ancho de banda a datos redundantes; durante períodos de interferencia activa, esa proporción sube hasta el 25 o 30 %.
Del apagón de 2019 a la crisis de 2026: impacto real
Toosheh no es nuevo en situaciones de emergencia. Durante las protestas de 2019, cuando Irán vivió el cierre de internet más grave registrado hasta entonces, la base de usuarios de la herramienta se multiplicó por seis. NFP distribuyó actualizaciones locales, guías de asistencia jurídica, herramientas de seguridad digital y noticias independientes a receptores de todo el país.
En el apagón de 2026 el alcance fue mayor. NFP distribuyó comunicados oficiales de la oposición iraní, tutoriales de primeros auxilios para médicos y manifestantes heridos, noticias sin censura de BBC Persian, Iran International, IranWire y VOA Farsi, además de paquetes de software anticensura y guías para conectarse de forma segura a terminales Starlink.
El impacto más difícil de cuantificar es el humano. Un profesor itinerante en el oeste de Irán contó a NFP que distribuía regularmente archivos de Toosheh a estudiantes de aldeas remotas. En uno de esos paquetes había imágenes de atletas femeninas compitiendo en los Juegos Olímpicos, algo que nunca se emite en la televisión iraní. Para una niña de esa aldea, fue la primera vez que supo que las mujeres podían competir profesionalmente en el deporte.
Futuro incierto y nuevas fronteras
El mayor riesgo para Toosheh no es técnico, sino financiero. Operar el servicio cuesta decenas de miles de dólares al mes en ancho de banda satelital. La financiación que NFP recibía del Departamento de Estado de Estados Unidos terminó en agosto de 2025, lo que obligó a suspender temporalmente las emisiones hacia Irán. Cuando estalló el apagón de enero de 2026, el equipo necesitó aproximadamente 50.000 dólares mensuales para reactivar el servicio, cifra que lograron cubrir gracias a donantes privados, aunque la continuidad sigue siendo incierta.
NFP trabaja en paralelo con Starlink. La organización ha entregado más de 300 terminales en Irán, de un total estimado de 50.000 en el país. A diferencia de Toosheh, Starlink permite comunicación bidireccional, lo que da a los usuarios la posibilidad de enviar mensajes y vídeos al exterior, pero también conlleva riesgos: las autoridades iraníes han arrestado recientemente a usuarios y vendedores, y las señales de transmisión pueden ser detectadas.
De cara al futuro, NFP está desarrollando herramientas de curación inteligente de contenidos, sistemas de redistribución local vía Wi-Fi para ampliar el alcance en zonas sin infraestructura, y un programa educativo por satélite para Afganistán orientado a las niñas excluidas de las escuelas por los talibanes. Este último está técnicamente listo, pero aún no tiene financiación para su despliegue. Lo que ocurra con esos proyectos —y con la propia supervivencia de Toosheh— dependerá en buena medida de si existe voluntad política y económica para sostener el acceso a la información allí donde los gobiernos han decidido suprimirla.
