El propulsor Never Tell Me The Odds vuelve a estar erguido en la plataforma LC-36 de Cabo Cañaveral. Es el mismo que en noviembre de 2025 lanzó dos naves hacia Marte y aterrizó sobre una barcaza en el Atlántico.
Apenas cinco meses después, Blue Origin se prepara para relanzarlo el domingo 19 de abril. Si lo consigue, se convertiría en la segunda empresa en reutilizar un propulsor de clase orbital, solo por detrás de SpaceX. El intento también pondrá a prueba algo más amplio: si la reutilización de cohetes puede funcionar fuera del ecosistema Falcon 9.
Un propulsor con nombre de apuesta: la historia de Never Tell Me The Odds
El nombre no es arbitrario. Never Tell Me The Odds —«Nunca me digas las probabilidades», la célebre frase de Han Solo en El Imperio Contraataca— sintetiza la actitud con la que Blue Origin afronta este vuelo. El propulsor es el GS1-SN002, la primera etapa que en noviembre de 2025 puso rumbo a Marte las dos naves gemelas ESCAPADE de la NASA y que después aterrizó verticalmente sobre la barcaza Jacklyn en el Atlántico.
Tras ese aterrizaje, el propulsor fue trasladado a Puerto Cañaveral, devuelto a posición horizontal e inspeccionado antes de regresar a LC-36. El 11 de abril de 2026, el cohete ya ensamblado rodó hasta la rampa para las pruebas de encendido estático; el 16 de abril, los siete motores BE-4 volvieron a encenderse con éxito. Superadas las revisiones posteriores, Never Tell Me The Odds quedó listo para su segundo viaje al espacio.
New Glenn es todavía un cohete joven: debutó en enero de 2025 con la misión NG-1 y acumula dos lanzamientos exitosos con entrega de carga a órbita baja. Cada vuelo ha representado un paso más hacia la madurez operativa que Blue Origin necesita para competir en el mercado de lanzamientos pesados.
La misión NG-3: qué llevará New Glenn al espacio
La carga útil es el satélite BlueBird Block 2 FM2, también conocido como BlueBird 7, fabricado por AST SpaceMobile. Con una masa de 6.100 kilogramos y un panel de comunicaciones de 222 metros cuadrados, es el mayor array desplegado por un proveedor comercial en órbita baja terrestre. Sus dimensiones por sí solas justifican el uso de un cohete de clase pesada.
BlueBird 7 se integrará en la constelación SpaceMobile, diseñada para ofrecer cobertura 4G y 5G directamente a teléfonos convencionales sin modificación alguna. Cuando esté plenamente operativa, la red promete velocidades de hasta 120 Mbps y más de 5.600 celdas cubriendo el territorio de Estados Unidos.
AST SpaceMobile lleva años construyendo este camino. La compañía lanzó su primer satélite, BlueWalker 1, en 2019; en abril de 2023 realizó la primera llamada telefónica bidireccional desde el espacio con un móvil sin modificar, usando BlueWalker 3. En noviembre de 2024 anunció contratos para hasta 60 lanzamientos de satélites BlueBird Block 2, repartidos entre New Glenn, el Falcon 9 de SpaceX y los vehículos de la agencia espacial india ISRO.
Anatomía de un vuelo reutilizable: así funciona New Glenn
New Glenn mide 98 metros de altura y siete de diámetro, dividido en dos etapas. La primera, GS1, tiene 57,5 metros y aloja siete motores BE-4 propulsados por metano líquido y oxígeno líquido, generando 19.928 kilonewtons de empuje en el momento del despegue durante 190 segundos.
La secuencia de recuperación comienza tras la separación de etapas. El propulsor se reorienta, continúa en trayectoria suborbital y enciende sus motores para la quema de reentrada, que reduce su velocidad. Guiado por sus strakes —superficies aerodinámicas fijas—, planea hasta situarse sobre la barcaza Jacklyn, donde ejecuta la quema de aterrizaje y toca tierra verticalmente.
La segunda etapa, GS2, es distinta en casi todo: usa dos motores BE-3U con hidrógeno líquido y oxígeno líquido, no es reutilizable y se deorbita de forma controlada al final de la misión. La comparación con SpaceX resulta inevitable —la barcaza y el aterrizaje vertical son conceptualmente similares a los droneships del Falcon 9—, aunque New Glenn es más grande y emplea propelentes distintos en su primera etapa.
Cronología del lanzamiento y condiciones meteorológicas
La ventana de lanzamiento se abre el domingo 19 de abril a las 6:45 EDT (10:45 UTC) y se extiende durante dos horas, hasta las 8:45 EDT, desde LC-36 en la Base de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral.
La carga de propelentes comienza cuatro horas y media antes del despegue. Los motores BE-4 se encienden a T-5,6 segundos y el cohete despega en T0. La presión aerodinámica máxima (max-q) se alcanza en T+1:36 minutos; la separación de etapas, en T+3:09. Never Tell Me The Odds toca la barcaza en T+9:23 minutos, y BlueBird 7 se despliega en órbita aproximadamente una hora después, tras una fase de planeo de la segunda etapa.
El pronóstico es favorable. El Escuadrón Meteorológico 45 de la Fuerza Espacial estima solo un 10 % de probabilidad de condiciones adversas en la ventana principal; si el lanzamiento se retrasa 24 horas, esa cifra sube hasta el 50 %, lo que convierte el domingo en la oportunidad más favorable con diferencia.
Lo que está en juego: reutilización más allá de SpaceX
Durante años, SpaceX ha sido la única empresa capaz de recuperar y reutilizar propulsores de clase orbital. Si Never Tell Me The Odds aterriza de nuevo sobre Jacklyn este domingo, Blue Origin romperá ese monopolio y se convertirá en la segunda entidad en lograrlo. No es un detalle menor.
Las implicaciones van más allá del simbolismo. Un cohete reutilizable permite reducir costes por lanzamiento, aumentar la cadencia de vuelos y ofrecer alternativas reales en el segmento de cohetes pesados, donde la competencia ha sido históricamente escasa. Para AST SpaceMobile, que necesita desplegar decenas de satélites en los próximos años, contar con varios proveedores fiables es una ventaja estratégica muy concreta.
Lo que venga a continuación marcará el ritmo. Si la misión NG-3 transcurre según lo previsto, Blue Origin tendrá ante sí la tarea de demostrar que la reutilización no fue un resultado aislado, sino el inicio de una cadencia sostenida. La industria observará con atención cuántos vuelos tarda Never Tell Me The Odds —y sus sucesores— en convertir la reutilización orbital en algo tan habitual como lo es hoy para el Falcon 9.
