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Home Ciencia

Un cometa llegado de otra estrella transporta un tipo de agua nunca visto en nuestro sistema solar

by David Pérez
10 de mayo de 2026
in Ciencia
Cometa interestelar brillando en el espacio profundo con un núcleo luminoso y cola azul-blanca.

Un cometa de otra estrella revela agua de deuterio, una primera vez en nuestro sistema solar, en un asombroso espectáculo cósmico.

El tercer visitante interestelar confirmado en la historia acaba de revelar algo que los astrónomos no habían observado hasta ahora: niveles de agua pesada muy por encima de cualquier medición registrada en cometas de nuestro propio sistema solar.

El cometa 3I/ATLAS fue detectado hace menos de un año, y un equipo de investigadores ha logrado por primera vez analizar la composición del agua de un objeto procedente de otra estrella. Los resultados apuntan a un origen radicalmente distinto al de todo lo que conocemos en nuestro entorno cósmico.

Agua pesada en cantidades sin precedentes

El agua que transporta 3I/ATLAS no es agua corriente. Está enriquecida con deuterio, un isótopo del hidrógeno que, a diferencia del hidrógeno ordinario —formado únicamente por un protón—, contiene también un neutrón en su núcleo. Esta versión más pesada del hidrógeno existe en pequeñas cantidades tanto en los océanos terrestres como en los cometas de nuestro sistema solar, pero siempre en proporciones modestas.

Lo que hallaron los investigadores en 3I/ATLAS rompe cualquier referencia conocida. La proporción de deuterio respecto al hidrógeno ordinario es aproximadamente 30 veces mayor que la medida en cometas de nuestro sistema solar, y unas 40 veces superior a la que presentan los océanos de la Tierra. No es un margen pequeño: es una diferencia de orden de magnitud que convierte a este cometa en un objeto químicamente ajeno a todo lo que los astrónomos habían estudiado. Este análisis, además, es el primero de su tipo en la historia de la astronomía.

La huella química de un lugar de nacimiento extremo

Los niveles de deuterio no son solo una curiosidad química: funcionan como una huella dactilar que revela las condiciones en las que se formó un objeto celeste. Cuanto más frío es el entorno en el que se condensa el agua, mayor es la proporción de deuterio que tiende a acumularse. Leer esa huella permite a los científicos inferir cómo era el lugar de origen del cometa sin necesidad de visitarlo.

El equipo concluyó que 3I/ATLAS probablemente se formó en una región con temperaturas mucho más bajas y niveles de radiación más reducidos que los que caracterizaron la nebulosa que dio origen a nuestro sistema solar. La implicación es directa: nuestro sistema solar no es el modelo universal de cómo se forman los planetas.

«Esto demuestra que las condiciones que llevaron a la creación de nuestro sistema solar no son ubicuas en el espacio», afirmó Teresa Paneque-Carreño, co-líder del estudio y profesora asistente de astronomía en la Universidad de Míchigan. «Puede parecer obvio, pero es algo que hay que demostrar.»

Cómo fue posible estudiar un visitante tan fugaz

Los cometas interestelares no esperan. Se mueven a velocidades enormes y el margen para observarlos en detalle es estrecho. La detección temprana de 3I/ATLAS fue lo que hizo posible este estudio: los astrónomos tuvieron tiempo suficiente para organizar observaciones de seguimiento antes de que el objeto se alejara demasiado.

El primer paso fue asegurar tiempo de observación en el Observatorio MDM, en Arizona. Allí, el equipo liderado por Luis Salazar Manzano —doctorando en el Departamento de Astronomía de la Universidad de Míchigan y autor principal del estudio— captó algunas de las primeras señales de emisión de gas del cometa. El paso decisivo llegó después, con la incorporación de Paneque-Carreño y el uso del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array, conocido como ALMA, en Chile.

Este conjunto de radiotelescopios tiene la sensibilidad necesaria para distinguir el agua deuterada del agua ordinaria con una precisión que ningún otro instrumento disponible podría igualar. «Ser parte de un equipo muy talentoso y con experiencia en múltiples áreas, en el que todos nos complementamos, fue lo que nos permitió analizar e interpretar estos conjuntos de datos», señaló Salazar Manzano. El estudio fue publicado en la revista Nature Astronomy.

Más visitantes interestelares en el horizonte

Hasta la fecha, solo se han confirmado tres objetos de origen interestelar cruzando nuestro sistema solar. Es un número reducido, pero los investigadores esperan que crezca a medida que nuevos observatorios más potentes comiencen a escrutar el cielo con mayor profundidad y cobertura.

Cada nuevo visitante representa una oportunidad única para estudiar la química de sistemas planetarios que de otro modo serían completamente inaccesibles. Analizar el agua, el polvo o los gases de estos objetos abre una ventana directa a cómo se forman los planetas en distintos rincones de la galaxia. Detectarlos, sin embargo, exige cielos oscuros.

Paneque-Carreño fue explícita al respecto: «Necesitamos cuidar nuestros cielos nocturnos y mantenerlos despejados y oscuros para poder detectar estos objetos tan pequeños y tenues.» Con cada nuevo telescopio que entre en funcionamiento y cada cometa interestelar capturado a tiempo, la astronomía se acerca un poco más a comprender qué tan distintos —o similares— pueden ser los mundos que orbitan otras estrellas.

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