En los primeros 117 días de 2026, Colorado ya ha lanzado más de 200.000 galones de agua y retardante desde el aire en más de 50 jornadas de vuelo. La capa de nieve invernal ha sido desastrosa, y el paisaje del suroeste de Estados Unidos llega al verano más seco que en años recientes.
Los responsables estatales califican los próximos meses de excepcionalmente difíciles, no solo para Colorado, sino para toda la región. Utah, Nuevo México y Arizona afrontan un riesgo elevado similar, y los recursos disponibles podrían no ser suficientes para todos.
Un paisaje reseco: la sequía y el cambio climático preparan el terreno
La escasa capa de nieve de este invierno no es solo una mala noticia para las estaciones de esquí. Deja el terreno de Colorado —desde las montañas boscosas hasta las llanuras del este— en condiciones extremadamente susceptibles a cualquier chispa. El cambio climático, la sequía prolongada y el crecimiento de la población están detrás de este deterioro progresivo, según los responsables estatales.
Las cifras nacionales confirman la gravedad del momento. En lo que va de 2026, 24.222 incendios han quemado casi dos millones de acres en todo el país, superando la media de la última década para estas mismas fechas. En un año normal, Colorado registra entre 6.000 y 7.000 incendios forestales.
El riesgo no se limita a las zonas rurales más remotas. Más de la mitad de los residentes de Colorado viven en la interfaz urbano-forestal —conocida como WUI—, esa franja donde las viviendas colindan con paisajes naturales altamente inflamables. Matt McCombs, director del Servicio Forestal del Estado, advirtió que esa realidad obliga a los ciudadanos a aprender a convivir con el fuego. El problema desborda las fronteras estatales: el riesgo elevado se extiende también a Utah, Nuevo México y Arizona.
Recursos al límite: la difícil decisión de compartir medios
Colorado ha reforzado considerablemente su capacidad de respuesta en los últimos años. El gobernador Jared Polis enumeró en el balance anual de preparación los activos disponibles: dos aeronaves multimisión de propiedad estatal, helicópteros de tipo 1 y tipo 2, cisternas de un solo motor, grandes aviones cisterna en régimen de arrendamiento, cuadrillas terrestres y sistemas de inteligencia satelital y aérea.
Aun así, la solidaridad entre estados tiene sus límites. Polis dejó claro que la prioridad es garantizar una respuesta rápida dentro de las fronteras de Colorado, y que cualquier ayuda a otros estados se evaluará caso por caso. «No queremos sacrificar esa capacidad de respuesta», señaló.
Michael Morgan, director de la División de Prevención y Control de Incendios, fue más directo: los recursos se verán sometidos a una presión sin precedentes en todo el Oeste. Más fuego, más demanda, los mismos medios repartidos entre más frentes.
Fricciones federales: recortes, denegaciones y un nuevo servicio de incendios
La relación entre Colorado y el gobierno federal atraviesa un momento complicado. La administración Trump denegó las solicitudes del gobernador Polis para declarar dos incendios recientes como grandes desastres, lo que, según él, dificulta y ralentiza la recuperación. Si esta tendencia se consolida, advirtió Polis, cambiaría de forma fundamental la naturaleza de la relación entre el gobierno federal y los estados en materia de emergencias.
En respuesta, los senadores demócratas Michael Bennet y John Hickenlooper presentaron la llamada «Ley de Transparencia en las Declaraciones de Desastre de 2026», que permitiría al Congreso anular las denegaciones presidenciales de declaraciones de desastre. La oficina de prensa de FEMA declinó comentar el proyecto.
En el plano operativo, el nuevo U.S. Wildland Fire Service —resultado de la fusión de los servicios de incendios de los Departamentos de Interior y Agricultura— asegura mantener los mismos niveles de personal que sus organismos predecesores. Las dudas persisten: despidos, programas de renuncia diferida y puestos sin cubrir en otras áreas federales han generado incertidumbre sobre la capacidad real del sistema.
Prevención y gestión forestal: el debate que no se apaga
Días antes del balance anual, dos exgobernadores de Colorado —el demócrata Bill Ritter y el republicano Bill Owens— publicaron una columna conjunta en The Denver Post reclamando una gestión forestal más activa: quemas prescritas, raleo estratégico y reducción de combustible vegetal. Criticaron a quienes se oponen a estas herramientas y advirtieron que negarse a usarlas «es su propia forma de imprudencia».
La estrategia operativa de este año apunta en una dirección similar. Morgan anunció que el enfoque predominante será el «ataque inicial rápido y agresivo»: detener cada ignición antes de que crezca. Cada incendio sofocado a tiempo es un equipo de bomberos que no se agota.
Polis reconoció que las quemas prescritas conllevan un proceso burocrático extenso —documentación, evaluación ambiental, condiciones específicas— y sugirió que podría tener sentido simplificar esos trámites. A largo plazo, medidas como el endurecimiento de viviendas y la reducción de combustible en parcelas privadas podrían ser tan decisivas como los medios aéreos.
Lo que viene es incierto, pero el rumbo es claro. Colorado entrará en el verano con más recursos que nunca, aunque también con más presión que nunca. La pregunta no es si habrá incendios graves, sino cuántos frentes podrán atenderse al mismo tiempo —dentro y fuera del estado— cuando el fuego llegue de verdad.
