En un tribunal de Oakland, el juicio que podría decidir el futuro de OpenAI —y de una posible salida a bolsa de casi un billón de dólares— entra en su segunda semana con testimonios que contradicen punto por punto la versión de Elon Musk. Él asegura haber sido engañado para donar 38 millones de dólares a una organización sin ánimo de lucro que luego se convirtió en un gigante corporativo.
Pero ¿quién impulsó realmente esa transformación?
La versión de Brockman: Musk quería el control absoluto
Los testimonios de esta segunda semana apuntan directamente a Musk como el principal motor de la transformación comercial de OpenAI. Según declaró Greg Brockman ante el jurado, fue el propio Musk quien, tras el éxito del modelo de OpenAI en el videojuego Dota 2 en el verano de 2017, envió un correo electrónico que rezaba: «Es hora de dar el siguiente paso para OpenAI. Este es el evento desencadenante». Semanas antes, ya había escrito que ese tipo de logro público sería la señal para «crear una empresa con fines de lucro».
Durante las semanas siguientes, los cofundadores mantuvieron intensas negociaciones. Musk exigió participación mayoritaria en la nueva entidad, el derecho a elegir a la mayoría del consejo y el puesto de CEO. Cuando Brockman y el entonces científico jefe Ilya Sutskever propusieron repartir el capital en partes iguales, Musk guardó silencio, pronunció un escueto «lo rechazo» y se levantó de la mesa. Brockman declaró que llegó a temer que Musk le golpeara. Musk agarró una pintura de un Tesla —traída por Sutskever como gesto de buena voluntad— y abandonó la reunión.
Ante esa encrucijada, los cofundadores se enfrentaron a una elección sin salida cómoda: aceptar las condiciones o construir OpenAI sin él. «Lo único que no podíamos aceptar era entregarle el control absoluto y unilateral sobre la AGI», declaró Brockman al jurado.
Diarios personales y conflictos de interés bajo la lupa
El abogado de Musk, Steven Molo, intentó desacreditar a Brockman proyectando ante el jurado entradas de su diario personal. En una de ellas, escrita en 2017 mientras negociaba con Musk, Brockman anotó: «Financieramente, ¿qué me llevará al billón de dólares?». Molo subrayó que Brockman nunca invirtió dinero propio en la compañía y que hoy posee una participación valorada en cerca de 30.000 millones de dólares.
Brockman respondió que resolver la misión siempre ha sido su motivación principal. Molo también sacó a la luz que Brockman tiene participaciones en empresas con vínculos comerciales directos con OpenAI: la firma de inteligencia artificial Cerebras, el proveedor de computación en la nube CoreWeave y la startup de fusión nuclear Helion Energy.
La credibilidad de Sam Altman tampoco salió indemne. Tanto la exdirectora técnica Mira Murati como la exmiembro del consejo Helen Toner aparecieron en deposiciones en vídeo y cuestionaron la fiabilidad de Altman, citando un historial de falta de transparencia que, según ellas, motivó su breve destitución en 2023.
Shivon Zilis y el plan secreto de un laboratorio de IA en Tesla
El testimonio más revelador de la semana llegó de Shivon Zilis, exmiembro del consejo de OpenAI y madre de cuatro hijos de Musk. Zilis declaró que, cuando Musk aún formaba parte del consejo de OpenAI, intentó reclutar a Sam Altman para dirigir un nuevo laboratorio de inteligencia artificial dentro de Tesla. Según un mensaje de texto de la propia Zilis, Musk pidió al investigador Andrej Karpathy que le enviara una lista de los mejores empleados de OpenAI susceptibles de ser captados —a Karpathy, precisamente, lo había fichado de OpenAI para Tesla.
Un documento interno de Tesla de 2017 describía planes para crear un laboratorio de IA que rivalizara con Google DeepMind y Facebook AI Research. Ese laboratorio nunca llegó a materializarse. En 2018, justo antes de abandonar OpenAI, Musk escribió a Zilis: «Hay pocas posibilidades de que OpenAI sea una fuerza seria si me centro en Tesla AI».
Zilis admitió además que no reveló a OpenAI su relación personal con Musk hasta que Business Insider la hizo pública en 2022, dos años después de incorporarse al consejo de la organización.
Lo que está en juego: un veredicto que puede redefinir la industria de la IA
Las cifras en disputa son de una magnitud poco habitual incluso para los estándares de Silicon Valley. Musk reclama hasta 134.000 millones de dólares en daños y pide la destitución de Altman y Brockman, además de revertir la reestructuración que convirtió la filial con fines de lucro de OpenAI en una corporación de beneficio público.
El resultado podría condicionar la salida a bolsa de OpenAI, cuya valoración ronda el billón de dólares. Mientras tanto, xAI —integrada en SpaceX— se prepara para su propia OPV con una valoración objetivo de 1,75 billones de dólares. Un veredicto desfavorable para cualquiera de las partes podría alterar ambos calendarios bursátiles de forma considerable.
La semana que viene, Ilya Sutskever y el CEO de Microsoft, Satya Nadella, subirán al estrado antes de los alegatos finales. Después, el jurado emitirá un veredicto consultivo que orientará la decisión final del juez. Lo que comenzó como una disputa sobre una promesa incumplida podría terminar redibujando las reglas de gobierno de toda la industria de la inteligencia artificial.
