En el norte de Nuevo México, la red eléctrica de Kit Carson Electric Cooperative serpentea por un terreno montañoso y remoto donde apenas cinco clientes comparten cada kilómetro de tendido. Gestionar esa red ya era complicado de por sí. Integrar decenas de instalaciones solares dispersas por ese territorio era, según los expertos de los laboratorios nacionales del Departamento de Energía, directamente inviable: superar el 35% de penetración solar, advirtieron, haría colapsar el sistema.
La cooperativa decidió ignorar esa advertencia.
Un límite que nadie creía posible superar
Kit Carson Electric Cooperative da servicio a unos 23.000 socios repartidos por el norte montañoso y remoto de Nuevo México. Hace unos años, la cooperativa se fijó un objetivo ambicioso: operar con energía solar al 100% durante las horas diurnas antes de 2022, no desde unos pocos parques centralizados, sino a partir de una docena de instalaciones distribuidas conectadas a su red de baja y media tensión.
Sus responsables consultaron a los mejores antes de avanzar. Los Álamos, Sandia y el Laboratorio Nacional de Energías Renovables (NREL) coincidieron en el diagnóstico: superar el 35% de penetración solar provocaría inestabilidad en la red. El mensaje no dejaba margen a la interpretación.
Hoy, comunidades enteras dentro del territorio de Kit Carson funcionan con energía solar al 100% durante el día.
El software que hace posible lo imposible
La pieza clave es Camus Energy, una startup fundada en 2019 con sede en San Francisco que ofrece una plataforma cloud agnóstica de hardware. Su CEO y cofundadora, Astrid Atkinson, llegó al sector eléctrico con una filosofía importada directamente de Google, donde lideró los equipos responsables de la capa de servicio web del buscador.
«El núcleo de ese modelo era básicamente la idea de hardware poco fiable con software muy fiable», explicó Atkinson. En los primeros tiempos de Google, los servidores podían literalmente incendiarse; el software los mantenía en marcha. Esa misma lógica, trasladada a la red eléctrica, es lo que Camus ha llevado a cooperativas como Kit Carson.
El sistema integra datos de los sistemas SCADA de las subestaciones, de los contadores inteligentes y de los inversores solares para construir un perfil de tensión en tiempo real de cada circuito. También utiliza datos de interconexión para localizar cada instalación fotovoltaica y anticipar su producción en cualquier momento del día. El resultado: la cooperativa puede ajustar su equipamiento existente para gestionar las fluctuaciones de tensión y flujo de potencia antes de que disparen los relés de protección.
Un cuadro de mando para sustituir veinte programas que no se hablan
El CEO de Kit Carson, Luis Reyes, lo describe sin rodeos: «Como muchas cooperativas, probablemente tengo veinte programas de software, la mayoría de los cuales no se comunican entre sí». Es un problema habitual en entidades pequeñas que han ido acumulando herramientas sin ninguna arquitectura común que las vertebre.
Camus actúa como un «agregador de agregadores». Unifica en un único panel de control los sistemas de gestión de recursos energéticos distribuidos, los contadores inteligentes y los sistemas de facturación, de modo que lo que antes obligaba a saltar entre pantallas inconexas queda disponible simultáneamente para ingenieros y personal de atención al cliente.
El precio también marca la diferencia. Mientras un sistema ADMS corporativo de los grandes fabricantes —Schneider, Siemens, GE— puede costar hasta 100 millones de dólares, la solución de Camus se sitúa entre 600.000 y 800.000 dólares. Su modelo de suscripción cloud encaja bien con entidades públicas que no tienen incentivos para amortizar grandes inversiones de capital en infraestructura informática.
Más allá de Kit Carson: la red crece
Camus no es ya un experimento local. La plataforma da servicio a cooperativas y municipios con 400.000 clientes colectivos en el oeste de Estados Unidos, y en 2021 la startup cerró una ronda Serie A de 16 millones de dólares liderada por Park West, con la participación de Congruent Ventures.
Parte de esa financiación respalda un proyecto con el Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico del Departamento de Energía para aplicar técnicas de aprendizaje automático —análisis de espectro singular y análisis wavelet multirresolución— y cubrir las lagunas de datos que aparecen en redes con conectividad imperfecta, un problema que afecta también a infraestructuras de mayor escala. Una eléctrica privada —cuyo nombre Atkinson no reveló— que participó en la ronda ya está explorando aplicar la tecnología en sus propias operaciones.
El modelo que Kit Carson quiere exportar
La cooperativa sirve a seis municipios y a dos naciones tribales, los Pueblos de Taos y Picurís. Su ambición ya no se limita a gestionar bien su propia red: quiere crear un manual replicable. «Queremos que cualquiera que desee llegar al 100% de generación solar distribuida local pueda ver qué no funcionó y qué lo corrigió», señaló Reyes.
Los retos inmediatos son concretos. Las baterías de almacenamiento serán imprescindibles para gestionar los picos de demanda a medida que crezca la generación solar, y la adopción de vehículos eléctricos en zonas rurales —tibia hasta la llegada de la Ford F-150 eléctrica— empieza a acelerar. Si otras cooperativas siguen el camino de Kit Carson, el 35% que los expertos consideraban un techo podría convertirse, simplemente, en un punto de partida.
