Un tanque de plástico, ácido suave burbujeando a menos de 100 °C y unas pocas horas de espera. Así de sencillo parece el nuevo proceso que investigadores del MIT dicen haber desarrollado para extraer litio directamente de la roca.
Es una imagen difícil de conciliar con la minería convencional de roca dura: explosiones, hornos industriales a temperaturas extremas y productos químicos peligrosos. Sin embargo, un equipo del MIT afirma haber encontrado un camino radicalmente distinto, publicado esta semana en Science.
La pregunta que queda en el aire es si algo tan aparentemente simple puede aliviar uno de los mayores cuellos de botella de la transición energética.
El problema con el litio que tenemos hoy
La demanda de litio no deja de crecer. Las baterías de vehículos eléctricos y los sistemas de almacenamiento energético requieren cantidades cada vez mayores de este metal, y la presión sobre la cadena de suministro se hace notar. El mercado registró precios récord en 2022, mínimos pronunciados a finales de 2024 y una recuperación lenta que arrancó a principios de 2026.
Obtener litio hoy no es sencillo. La extracción de salmuera —agua salada que ha disuelto el metal de la roca durante milenios— es la opción más económica, pero está limitada geográficamente y exige enormes balsas de evaporación que ocupan vastas extensiones de terreno. La alternativa más extendida, la minería de roca dura, implica voladuras, cocción del mineral en hornos industriales y el uso de productos como el ácido fluorhídrico. Eficaz, sí. Pero costosa y contaminante.
La crema de grabar vidrio que inspiró un avance científico
El origen del nuevo método es, cuanto menos, inesperado. Yet-Ming Chiang, profesor del MIT y fundador en serie de empresas de tecnología climática, estaba trabajando en otro proyecto cuando la memoria le trajo una imagen del pasado.
«Estaba reformando una ducha en Framingham, Massachusetts, hace unos 25 años», explica Chiang. Recordó haber usado crema de grabado de vidrio, un producto que se vende en cualquier tienda de manualidades y que contiene fluoruro de amonio, un ácido débil.
Su equipo investigaba fuentes de sílice reactiva para fabricar un cemento más resistente en su otra startup, Sublime Systems, y necesitaban disolver minerales de silicato. Eso normalmente requiere ácido fluorhídrico. El fluoruro de amonio resultó ser una alternativa viable: en las condiciones adecuadas, disuelve esos minerales sin generar ácido fluorhídrico como subproducto.
Cómo funciona el nuevo proceso paso a paso
El método se centra en la espodumena, el mineral de silicato más habitual para extraer litio. En lugar de tostarlo en hornos, el equipo lo introduce en tanques de plástico con agitación y lo calienta a un máximo de 95 °C. En los experimentos iniciales, el proceso tardaba un par de días en extraer casi todo el litio del mineral.
Desde entonces, los investigadores han logrado reducir ese tiempo a menos de 12 horas, según Benjamin Mowbray, primer autor del estudio y director técnico de Rock Zero. Los productos resultantes son cuatro: carbonato de litio listo para fabricar baterías, alúmina procesable para obtener aluminio, sílice cementante incorporable al hormigón, y el ácido, que se reutiliza dentro del mismo ciclo. Chiang lo denomina minería «de la nariz a la cola»: aprovechar cada parte del mineral, sin desperdicios.
Ventajas frente a la minería convencional y estimaciones de coste
Eliminar el horno de tostación tiene consecuencias directas. Supone un ahorro energético significativo y una posible reducción de emisiones de carbono, según Camden Hunt, CEO y cofundador de Rock Zero. El proceso también permite trabajar con minerales de alto contenido en hierro que, en los métodos convencionales, se funden y se convierten en un material vítreo sin utilidad.
Las estimaciones de coste son ambiciosas. Asumiendo que el fluoruro de amonio pueda reciclarse a un nivel elevado, el equipo calcula que el proceso podría extraer litio por menos de 6.000 dólares por tonelada métrica, potencialmente competitivo con la extracción de salmuera. Rock Zero ya tiene diseñada una planta piloto y planea terminar su construcción a finales de 2026 para comenzar a operar en 2027.
Escepticismo del sector y el camino por recorrer
No todo el mundo comparte ese optimismo. Simon Jowitt, catedrático de geología de exploración en la Universidad de Nevada, advierte de que el mercado del litio es pequeño y volátil, dominado por grandes actores con recursos y experiencia difíciles de igualar. «La gente está esperando a ver qué pasa con el precio del litio», señala. «Es un mercado saturado.»
Jowitt también considera que algunas estimaciones económicas de Rock Zero podrían ser optimistas. Hay otro factor de incertidumbre: las baterías de iones de sodio, que no necesitan litio, podrían complicar el panorama a largo plazo si ganan cuota de mercado.
El propio equipo del MIT mira más allá del litio. Dado que la corteza terrestre está compuesta mayoritariamente de silicatos, la tecnología podría aplicarse en el futuro a otros minerales. Si el proceso supera las pruebas a escala industrial y los costes reales se acercan a los proyectados, podría redefinir no solo cómo se obtiene el litio, sino cómo se extrae una parte mucho más amplia de los materiales que la economía moderna necesita.
