En el fondo del Pacífico oriental, a unos 1.600 kilómetros de las costas de Ecuador, una falla submarina lleva al menos treinta años repitiendo el mismo comportamiento con una precisión casi imposible: terremotos de magnitud 6, cada cinco o seis años, siempre en los mismos puntos, siempre con la misma intensidad.
Una regularidad así no tiene precedentes en la sismología moderna. Y durante décadas, nadie había logrado explicarla.
Una falla con un patrón sísmico casi imposible
La falla de Gofar se extiende por el Pacífico oriental, en la dorsal del Pacífico Este, donde las placas tectónicas del Pacífico y de Nazca se deslizan lateralmente a unos 140 milímetros por año, aproximadamente la velocidad a la que crecen las uñas. Es una falla transformante, un tipo de fractura en la que las placas no chocan ni se separan, sino que se rozan de forma horizontal.
Lo que distingue a esta falla es que sus terremotos mayores no solo ocurren con una periodicidad de cinco o seis años, sino que rompen prácticamente las mismas secciones y alcanzan magnitudes casi idénticas. En sismología, esa clase de consistencia es extraordinariamente rara. Los científicos reconocían el patrón desde hacía décadas, pero el mecanismo que lo sostenía seguía sin identificarse.
Cómo los científicos captaron el comportamiento de la falla
Para resolver la incógnita, el equipo recurrió a datos de dos grandes experimentos submarinos: uno realizado en 2008 y otro entre 2019 y 2022. En ambas campañas se colocaron sismómetros de fondo oceánico directamente sobre la falla para registrar su actividad antes y después de los grandes terremotos.
Los instrumentos capturaron decenas de miles de pequeños terremotos, lo que proporcionó una imagen detallada y sin precedentes del ciclo sísmico completo. El estudio fue publicado en la revista Science e involucró a investigadores del Woods Hole Oceanographic Institution, el Scripps Institution of Oceanography y el USGS, entre otras instituciones, bajo la dirección del sismólogo Jianhua Gong, de la Universidad de Indiana.
El hallazgo: zonas de barrera que frenan las rupturas
El análisis reveló que dentro de la falla existen regiones que actúan como sistemas de frenado naturales. No son tramos de roca inerte: son zonas estructuralmente complejas donde la falla se divide en múltiples ramales con pequeños desplazamientos laterales de entre 100 y 400 metros. Esa geometría genera aperturas localizadas en el interior de la fractura, similares a pequeñas cavidades dentro de una grieta.
Lo más significativo fue la coherencia del patrón a lo largo del tiempo. En los días y semanas previos a cada gran terremoto, estas zonas de barrera registraban ráfagas de actividad sísmica menor; inmediatamente después del evento principal, esas mismas áreas quedaban en silencio casi absoluto. Este comportamiento idéntico se observó en dos segmentos distintos de la falla con doce años de diferencia, confirmando que el mismo proceso físico opera de forma repetida y predecible.
El papel del agua del mar y el mecanismo de ‘endurecimiento por dilatancia’
El agua de mar se filtra profundamente en las zonas fracturadas de las barreras, saturando la roca porosa. Ahí entra en juego un proceso denominado endurecimiento por dilatancia: durante un gran terremoto, el movimiento repentino provoca una caída brusca de la presión del fluido atrapado en la roca, lo que hace que esta se bloquee temporalmente y frene —o detenga por completo— la ruptura antes de que pueda propagarse.
Las barreras funcionan, en la práctica, como frenos integrados en la propia falla. «Estas barreras no son simplemente elementos pasivos del paisaje», explicó Gong. «Son partes activas y dinámicas del sistema de fallas, y entender cómo funcionan cambia nuestra manera de pensar sobre los límites de los terremotos en estas fallas».
Implicaciones para la predicción de terremotos a escala global
La falla de Gofar está lejos de zonas costeras densamente pobladas, por lo que sus terremotos no representan una amenaza directa inmediata. Aun así, las fallas transformantes similares son comunes en todos los océanos del mundo, y los científicos llevan tiempo observando que los terremotos submarinos en este tipo de fallas suelen ser más pequeños de lo que la geología permitiría. El nuevo estudio sugiere que las zonas de barrera podrían ser un mecanismo extendido que limita el tamaño máximo de muchos terremotos submarinos.
Si esa hipótesis se confirma, los hallazgos podrían mejorar los modelos de peligrosidad sísmica utilizados para evaluar riesgos en fallas próximas a costas pobladas. El paso siguiente será determinar si estas estructuras existen en otras fallas oceánicas y si su comportamiento es igualmente predecible. De ser así, lo aprendido en el fondo del Pacífico oriental podría contribuir a proteger regiones con una exposición humana mucho mayor.
