Morningstar es una de las firmas de análisis financiero más respetadas del mundo. Su reciente valoración de SpaceX, sin embargo, sitúa a la compañía en apenas la mitad del precio al que podría debutar en bolsa.
La cifra llama la atención por sí sola. Pero lo que resulta más difícil de explicar es qué ha quedado fuera del modelo —y por qué una empresa que ya genera decenas de miles de millones de dólares al año aparece valorada como si sus negocios más grandes simplemente no existieran.
Una valoración que deja fuera el negocio más grande de SpaceX
El análisis de Morningstar sitúa SpaceX en aproximadamente la mitad del precio al que se espera que debute en bolsa. Esa cifra ya sorprende. Pero el detalle más llamativo es lo que el modelo omite directamente: los ingresos actuales de XAI, la división de inteligencia artificial vinculada a la compañía.
XAI genera ya en torno a 15.000 millones de dólares anuales, alquilando 325.000 GPUs repartidas entre dos instalaciones: Colossus 1, con 230.000 unidades de las familias H100, H200 y B200, y Colossus 2, con 95.000 GPUs B300. Ambos centros están construidos y en funcionamiento. No son proyectos futuros.
Para calibrar lo que Morningstar pasa por alto, vale un dato de contexto. En los últimos dos años se han completado en todo el mundo unos diez gigavatios de capacidad en centros de datos de IA. XAI ha construido dos de esos diez gigavatios —el 20% de toda la infraestructura de IA completada a nivel global en ese periodo— y el análisis no menciona nada de esto.
Colossus 3, Terafab y la expansión que Morningstar no modeló
Lo que ya existe es solo una parte del cuadro. XAI tiene en marcha Colossus 3, conocido internamente como Macroharder, con dos gigavatios de energía ya reservados y capacidad potencial para hasta un millón de GPUs Rubin. Si esa capacidad se alquila a terceros, el potencial de ingresos podría superar los 100.000 millones de dólares anuales. El modelo de Morningstar no contempla este escenario.
Tampoco menciona Terafab, una instalación de fabricación de chips para la que SpaceX ha adquirido más de 3.100 acres de terreno, equivalentes a unas cinco millas cuadradas. Es una apuesta por controlar la cadena de producción de hardware desde la base. A esto se suman Grok y Cursor —cuya adquisición está en curso—, que generan cada uno más de 3.000 millones de dólares anuales y no aparecen en ningún lugar del análisis.
Un escenario optimista para ambos productos podría acercarlos a un tercio de los ingresos futuros proyectados para Anthropic, cifrados en cientos de miles de millones de dólares.
Starship: el cohete que podría abaratar el acceso al espacio de forma radical
Morningstar describe el escudo térmico de Starship como un problema que tardará al menos tres años en resolverse. El último lanzamiento apunta en otra dirección: el sistema parece ya operativo. Es un detalle técnico, pero con implicaciones económicas considerables.
El propulsor ha sido recuperado tres veces y reutilizado en dos ocasiones. Cuando se alcance la reutilización completa, el coste de lanzamiento podría caer hasta entre 100 y 200 dólares por kilogramo —una transformación que los modelos actuales apenas empiezan a incorporar. Starship podría comenzar a poner en órbita satélites reales en un plazo de dos o tres meses, una vez resuelto el problema de la reentrada controlada para evitar que 200 toneladas de material se conviertan en basura espacial. Ese problema parece próximo a resolverse.
Centros de datos en órbita y X Payments: los escenarios que cambian la escala
Morningstar sí contempla un escenario con centros de datos de IA en el espacio, valorado en 1,3 billones de dólares. Aun así, esa cifra queda por debajo del precio estimado de la IPO.
El problema es que esa valoración no refleja la escala real del escenario. Si los centros de datos orbitales se materializan, podrían representar entre 10 y 100 veces la capacidad global actual de infraestructura de IA en tierra. El valor potencial se mediría en decenas o cientos de billones de dólares, no en uno.
X Payments tampoco aparece en el modelo, pese a estar ya en fase beta. Elon Musk cofundó PayPal. Su ausencia en el análisis no es un detalle menor.
Lo que plantea todo esto no es solo una discrepancia numérica. Es una pregunta más profunda sobre cómo se valoran las empresas tecnológicas en expansión acelerada. Los modelos financieros tradicionales están diseñados para medir lo que ya existe —y cuando una compañía construye simultáneamente en varias direcciones, puede que esas herramientas sencillamente se queden cortas.
