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Home Ciencia

El ciclo natural al que se culpaba de los huracanes más destructivos tenía mucho menos peso del que se creía

by David Pérez
23 de junio de 2026
in Ciencia
Hombre de pie entre las ruinas inundadas de una casa tras el paso de un huracán devastador en el Golfo de México

Un hombre contempla los destrozos de un huracán en el Golfo de México. Nuevas investigaciones cuestionan el peso del ciclo natural al que se atribuían estos fenómenos.

La temporada de huracanes de 2005 fue una de las más destructivas de la historia. Katrina, Rita, Wilma: los nombres quedaron grabados en la memoria colectiva y reabrieron una vieja disputa científica. ¿Había detrás de aquella catástrofe un ciclo natural, o el cambio climático llevaba ya tiempo inclinando la balanza?

Un nuevo estudio apunta a que la respuesta habitual podría estar bastante equivocada.

Una temporada de huracanes que exigía explicaciones

El verano y el otoño de 2005 dejaron una huella difícil de borrar. La temporada batió récords de destrucción y obligó a la comunidad científica a buscar respuestas. ¿Por qué aquel año fue tan devastador?

El punto de partida era claro: las temperaturas superficiales del Atlántico tropical en 2005 fueron, de media, 1,7 °F más cálidas que la media registrada entre 1900 y 1970. Ese calentamiento oceánico actuó como combustible de las tormentas. La pregunta era quién había encendido la llama.

Dos hipótesis se disputaban el terreno. Quienes señalaban al calentamiento global como factor determinante, y quienes defendían que los ciclos naturales del océano eran los verdaderos responsables —con el cambio climático jugando un papel marginal, si es que tenía alguno en aquella temporada excepcional.

El papel del ciclo natural AMO, puesto en entredicho

Durante años, la Oscilación Multidecadal del Atlántico —conocida como AMO— ocupó el centro del debate. Se trata de un ciclo natural de entre 60 y 80 años que influye en las temperaturas superficiales del mar. Cuando entra en su fase cálida, las aguas del Atlántico se calientan y las condiciones para que los huracanes ganen intensidad mejoran considerablemente.

Esta explicación se convirtió en la narrativa dominante. Era cómoda y, en apariencia, bien fundamentada: si el océano se calienta por razones naturales, el papel de la actividad humana queda en un segundo plano.

Los nuevos cálculos contradicen esa lectura de forma directa. Según el estudio, el AMO solo explicó menos de 0,2 °F del calentamiento oceánico registrado en 2005. Una cifra notablemente pequeña para un factor al que se le atribuía el protagonismo principal. No es una matización menor: es una inversión completa de la jerarquía causal que se daba por establecida.

Qué factores explican realmente el calentamiento del océano

Si el AMO apenas alcanzó los 0,2 °F, ¿qué explica el resto? El estudio, elaborado por Kevin Trenberth y Dennis Shea del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) y publicado en Geophysical Research Letters, ofrece una distribución muy distinta a la esperada.

El calentamiento global fue responsable de aproximadamente 0,8 °F del aumento total —casi la mitad del calentamiento registrado. El episodio de El Niño de 2004-2005 aportó cerca de 0,4 °F adicionales, y el resto se atribuye a la variabilidad interanual natural de las temperaturas.

El panorama que emerge es el de un fenómeno multicausal, pero con una jerarquía clara: el calentamiento global al frente, el AMO al fondo.

Lo que el estudio dice — y lo que no dice

Conviene ser precisos. Este hallazgo no implica que el calentamiento global sea «responsable a medias» de un huracán concreto, ni que el cambio climático cause directamente la mitad de los daños que una tormenta determinada deja a su paso. Las relaciones entre clima y fenómenos meteorológicos extremos son complejas, y un grado más en la temperatura del océano no se traduce de forma lineal en mayor destrucción.

Lo que sí establece el estudio es una base sólida para sostener que el calentamiento global tenderá a generar tormentas más intensas en el futuro. Los propios autores advierten de que los resultados deben interpretarse con cautela mientras la comunidad científica los evalúa y contrasta.

Un hallazgo que pasó casi desapercibido

El mismo día que se publicó este estudio, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos presentó su propio informe sobre clima y huracanes. Los medios se volcaron en el documento de la NAS. El trabajo de Trenberth y Shea apenas recibió atención.

La paradoja es llamativa. El informe de la NAS confirmaba el consenso ya establecido; el estudio del NCAR lo cuestionaba en un punto fundamental. Fue el primero el que acaparó los titulares.

Esto plantea una pregunta que va más allá de la meteorología: ¿cómo selecciona la prensa los hallazgos científicos que considera noticiables? En un campo tan debatido como la relación entre clima y huracanes, ignorar resultados que rompen con la narrativa dominante moldea el debate público y, con él, la percepción del riesgo al que nos enfrentamos.

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