La actividad humana ha elevado el calentamiento global hasta 1,37 °C en 2025. Ese es el dato central de un nuevo estudio elaborado por más de 70 científicos de 17 países, que han rastreado doce indicadores clave del sistema climático.
Los resultados apuntan en una misma dirección: el planeta se calienta a un ritmo creciente y los registros se acumulan. Lo que aún no está sobre la mesa es hasta dónde puede llegar ese ritmo, ni cuánto tiempo queda antes de cruzar el umbral que la comunidad científica considera crítico.
El estudio que mide el pulso del planeta
Detrás de ese dato de 1,37 °C hay un esfuerzo científico de gran escala. Más de 70 investigadores de 56 instituciones en 17 países han participado en su elaboración, muchos de ellos colaboradores habituales del IPCC —el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas y el organismo científico más influyente del mundo en esta materia.
El equipo rastreó doce conjuntos de indicadores del sistema climático: concentración de gases de efecto invernadero, nivel del mar, calor oceánico, fenómenos extremos y más. La publicación se coordinó con el servicio Copernicus de Cambio Climático de la Unión Europea, lo que refuerza su alcance institucional y su rigor metodológico. No es un análisis parcial de una región o variable concreta, sino una fotografía global del sistema climático. Eso lo convierte en referencia de primer nivel para gobiernos y organismos internacionales.
Gases de efecto invernadero en máximos históricos
El primer indicador que examina el estudio es el más conocido: las emisiones de gases de efecto invernadero, procedentes principalmente de la quema de combustibles fósiles, se encuentran en niveles récord. No existe precedente histórico comparable.
El dióxido de carbono es el gas más prevalente en la atmósfera. Hay indicios de que su crecimiento se está desacelerando, aunque los investigadores no lo presentan como una tendencia consolidada: es una señal a seguir, no una conclusión.
Otro indicador fundamental es el desequilibrio energético de la Tierra: la diferencia entre la energía que entra al planeta y la que sale. Desde los años setenta ese desequilibrio se ha más que duplicado y alcanza ahora niveles récord. Es, en esencia, el termómetro más preciso del ritmo al que la actividad humana está alterando el clima.
Los océanos absorben el golpe: consecuencias en cadena
El calor atrapado en la atmósfera no se distribuye de forma uniforme. Aproximadamente el 90 % acaba transfiriéndose a los océanos, que actúan como un inmenso depósito térmico. Esa absorción tiene consecuencias en cadena sobre los sistemas marinos y costeros de todo el planeta.
El calor adicional dilata físicamente el agua del mar y acelera el deshielo de glaciares, capas de hielo y permafrost, lo que eleva el nivel del mar. En 2025 ese nivel alcanzó un récord histórico: 23 centímetros por encima de la media registrada en 1901.
La cifra puede parecer modesta, pero sus efectos son concretos. Según Aimée Slangen, investigadora del Instituto Real Neerlandés de Investigación Marina y coautora del estudio, incluso ese incremento ya está intensificando las inundaciones costeras en zonas bajas de todo el mundo, con impacto directo sobre los medios de vida y los ecosistemas.
Las olas de calor marinas también han aumentado de forma notable: en 2025 el planeta registró 65 días de olas de calor oceánicas, más del triple de lo documentado en 1991. Eso altera los ecosistemas marinos, daña la pesca comercial y erosiona las defensas naturales de las costas.
Del mar a la tierra: extremos meteorológicos más intensos
El calor acumulado en los océanos no permanece en el mar. Al aumentar la evaporación, carga la atmósfera de humedad y modifica los patrones meteorológicos a escala global. El resultado son fenómenos extremos más frecuentes e intensos: huracanes, inundaciones, episodios de calor prolongado.
El estudio confirma que 2025 fue el tercer año más cálido desde que existen registros instrumentales, y la variabilidad natural del clima tuvo un efecto muy limitado en ese resultado. De los 1,26 °C de calentamiento medio registrados en la última década respecto a la era preindustrial, 1,24 °C son de origen humano. Prácticamente todo el calentamiento de los últimos diez años tiene causa antrópica.
Cuatro años para el umbral de 1,5 °C
Al ritmo actual, el calentamiento humano superará el umbral de 1,5 °C en aproximadamente cuatro años. Ese límite no es arbitrario: el Acuerdo de París lo estableció como la línea que la comunidad internacional debería esforzarse por no cruzar, porque a partir de ahí los riesgos climáticos se intensifican de forma significativa para muchos ecosistemas y poblaciones.
Samantha Burgess, responsable estratégica de clima en el servicio Copernicus, lo resume con precisión: «Nuestro estudio demuestra que casi todo el calentamiento de la última década está impulsado por las actividades humanas. Los impactos sobre los medios de vida y los ecosistemas ya se sienten en todo el mundo, y se acelerarán a medida que las temperaturas sigan aumentando.»
Lo que ocurra a continuación dependerá en gran medida de las decisiones que se tomen en los próximos años. Este estudio no es un pronóstico inamovible, sino una medición del estado actual. Los indicadores que los científicos seguirán monitorizando —desde el desequilibrio energético hasta el nivel del mar— dirán si el rumbo cambia o si ese margen de cuatro años se acorta aún más.
