Mientras la mayoría de personas experimenta un declive cognitivo progresivo a partir de los 60 o 70 años, existe un grupo reducido de individuos que llegan a los 80 o 90 con una memoria comparable a la de alguien treinta años más joven. Los científicos los llaman superagers, y llevan décadas intentando descifrar qué tienen sus cerebros que los demás no tienen.
Un nuevo estudio postmortem acaba de ofrecer una pista relevante.
¿Quiénes son los ‘superagers’ y por qué importan?
El término superager designa a personas mayores —generalmente de 80 años o más— que conservan capacidades cognitivas propias de adultos treinta o cuarenta años más jóvenes. No es una rareza anecdótica: son individuos reales, estudiados en laboratorio, cuyos cerebros parecen resistir el deterioro que afecta a la mayoría.
El contexto hace urgente entenderlos. El envejecimiento de la población mundial va acompañado de un aumento sostenido de casos de alzhéimer y otras demencias, y millones de familias junto con los sistemas sanitarios se enfrentan a una carga creciente. La ciencia todavía no dispone de tratamientos que frenen ese deterioro de forma efectiva.
Ahí reside el valor de estudiar a los superagers. Observar a quienes no enferman —o lo hacen mucho más tarde— puede revelar mecanismos de protección que de otro modo permanecerían ocultos, en lugar de centrarse únicamente en quienes sí lo hacen. Son, en cierto sentido, el experimento natural que la neurociencia necesitaba.
El hallazgo: nuevas neuronas a edades avanzadas
El estudio, basado en el análisis postmortem de cerebros donados, encontró que los superagers producen más neuronas nuevas y lo hacen durante más tiempo que las personas con un envejecimiento cognitivo típico. Este proceso —la neurogénesis adulta— ocurre principalmente en el hipocampo, la región cerebral más directamente vinculada a la memoria y el aprendizaje.
El análisis postmortem tiene un valor metodológico particular: permite examinar el tejido cerebral con un nivel de detalle imposible en personas vivas, identificando marcadores celulares que indican la presencia de neuronas recién formadas. Eso convierte estos hallazgos en evidencia directa, no en inferencias obtenidas a través de técnicas de imagen. El resultado es claro: algo en el cerebro de los superagers mantiene activa una capacidad que en la mayoría de personas se reduce con la edad.
Qué dice la neurociencia sobre la neurogénesis adulta
Durante décadas se asumió que el cerebro adulto era una estructura fija, incapaz de renovarse. Estudios más recientes han cuestionado esa idea, aunque el debate no está del todo cerrado.
Lo que sí muestra la investigación acumulada es que ciertos factores se asocian a una mayor neurogénesis. El ejercicio físico regular y la estimulación cognitiva continua aparecen de forma consistente en la literatura científica como promotores de la salud cerebral a largo plazo, junto con determinados patrones dietéticos.
En este contexto, el hallazgo sobre los superagers adquiere más peso. Como señala la neurocientífica Orly Lazarov, de la Universidad de Illinois Chicago: «Determinar por qué algunos cerebros envejecen de forma más saludable que otros puede ayudar a los investigadores a desarrollar terapias para el envejecimiento saludable, la resiliencia cognitiva y la prevención del alzhéimer y las demencias relacionadas.»
Implicaciones para el alzhéimer y el envejecimiento saludable
Si la neurogénesis sostenida protege el cerebro frente al deterioro, la pregunta siguiente es lógica: ¿podría estimularse artificialmente en personas de riesgo? Este descubrimiento podría orientar el desarrollo de terapias dirigidas precisamente a ese objetivo.
La relación entre la pérdida de neurogénesis y la aparición del alzhéimer es un área de investigación activa. Algunos estudios previos sugieren que la reducción en la producción de nuevas neuronas puede preceder a los síntomas clínicos de la enfermedad, lo que la convertiría en un posible marcador temprano o incluso en una diana terapéutica.
El estudio tiene, no obstante, sus limitaciones. Los análisis postmortem, aunque valiosos, no permiten establecer causalidad directa. Quedan abiertas preguntas fundamentales: ¿qué factores genéticos o de estilo de vida explican la mayor neurogénesis en los superagers? ¿Es posible replicar ese efecto de forma controlada?
Más allá de los ‘superagers’: otras noticias científicas de la semana
La semana también trajo hallazgos relevantes en otros frentes. Un nuevo estudio sugiere que la semaglutida —el principio activo de fármacos como Ozempic— podría reparar el cartílago dañado por la artrosis. El mecanismo, según los investigadores, no tiene que ver con la pérdida de peso, sino con la reprogramación del metabolismo de las células que sintetizan y mantienen el cartílago sano.
En el campo de las vacunas, un preparado experimental en spray nasal protegió a ratones frente a virus, bacterias e incluso alérgenos en una sola formulación. «Imagina recibir un spray nasal en otoño que te proteja de todos los virus respiratorios», señaló Bali Pulendran, microbiólogo de Stanford. La propuesta sigue siendo preliminar, pero el potencial es considerable.
Un estudio vinculó además una dieta basada exclusivamente en avena durante 48 horas con una reducción del 10 % en el colesterol «malo». Lo destacable es que ese efecto se mantuvo seis semanas después de finalizada la intervención.
El estudio sobre los superagers abre una vía de investigación que podría transformar el enfoque del envejecimiento cognitivo en las próximas décadas. Si los científicos logran identificar con precisión qué impulsa esa neurogénesis prolongada —y cómo reproducirla— el camino hacia terapias preventivas contra el alzhéimer se volvería considerablemente más concreto. Vale la pena seguir de cerca lo que venga después.
