Cada mañana, a las 6.30, Marcos Llorente sube solo a la terraza del hotel de concentración en Chattanooga. No va a desayunar ni a revisar el móvil. Va a ver el amanecer.
El lateral derecho titular de España en el Mundial cena cuando aún hay luz, come lo que él mismo pide a la Federación y toma el sol sin protección. Hábitos que, en cualquier otro vestuario, pasarían por excentricidades de un futbolista raro. Aquí, algo ha cambiado.
Un futbolista de otro planeta en la concentración mundialista
Marcos Llorente no necesita grandes explicaciones para justificar lo que hace. En rueda de prensa, con los brazos cruzados y la coleta recogida, lo resumió con una claridad casi desarmante: «No estoy teniendo problema para seguir con mis hábitos. Hago lo mismo que en casa, pero en un hotel».
Lo que hace en casa —y ahora en Chattanooga— incluye madrugar, ver el amanecer, comer lo que él mismo pide a la Federación y cenar antes de que caiga la noche. En el fútbol profesional de élite, esos hábitos llaman la atención. La mayoría de los futbolistas adaptan su vida a los horarios del equipo. Llorente hace lo contrario: adapta los horarios del equipo a su vida.
Los empleados de la Federación lo notan. «Ha puesto a todos a tomar el sol», repiten estos días por Chattanooga. No es una queja. Es casi una descripción asombrada.
El efecto contagio: de Baena a Grimaldo, todos al sol
Lo más relevante no es que Llorente tenga estos hábitos. Es que otros los adopten.
Desde la concentración cuentan que sube a la terraza acompañado de compañeros como Baena, Grimaldo, Cucurella o Pubill. En los minutos previos a los entrenamientos abiertos en Atlanta y Guadalajara —alrededor de las 9.30 de la mañana— se les veía sin camiseta, tomando el sol antes de ponerse a trabajar. Sin protección solar, además.
Llorente defiende una teoría sin base científica según la cual la crema solar no es necesaria. La defiende abiertamente, sin matices, con la misma convicción con la que habla de cualquier otra cosa. Y, al parecer, parte del vestuario le escucha. No hay imposición ni charlas motivacionales. Sus ideas se instalan de forma orgánica, casi por inercia, en un grupo que convive durante semanas en el mismo hotel.
De centrocampista a lateral: una reconversión que llegó por accidente
Que Llorente sea el lateral derecho titular de España en un Mundial es, en sí mismo, una historia improbable. Hasta octubre de 2024, De la Fuente nunca había pensado en él para esa posición. Fue la lesión de Carvajal la que abrió esa puerta.
Su historia con la selección viene de más atrás. Fue Luis Enrique quien le hizo debutar en noviembre de 2020, en plena pandemia, en Ámsterdam contra Holanda. Desde entonces, el técnico asturiano lo utilizó indistintamente como lateral derecho y como centrocampista, replicando el esquema de Simeone en el Atlético.
En Qatar 2022 vivió una situación peculiar: no tuvo ni un minuto en los tres primeros partidos. Luego apareció como titular para disputar los 120 minutos del choque ante Marruecos, comenzando como lateral y terminando en el centro del campo, en uno de aquellos experimentos tácticos que no salieron bien.
Ahora llega al Mundial en el mejor momento de su carrera. Esta temporada ha disputado 49 partidos con el Atlético, superando los 3.800 minutos, lo que le convierte en uno de los jugadores con más minutos de toda la convocatoria.
La conexión con Lamine Yamal: aprender a no estorbar al mejor
Jugar al lado de Lamine Yamal requiere, según Llorente, un aprendizaje específico. Pasa, sobre todo, por saber cuándo no intervenir.
«El Atlético no tiene nada que ver con la selección, son dos ideas de juego diferentes. Yo en el Atlético no tengo a Lamine delante y en la selección no tengo a Giuliano», explicó. La lógica que rige el Metropolitano no sirve aquí. Su reflexión sobre cómo ayudar al ’19’ es precisa: «Si te acercas, le estás llevando otro jugador que le puede defender». La mejor ayuda, a veces, es quedarse quieto.
Esa conexión la trabaja a través de conversaciones con Lamine, con De la Fuente y con vídeos. Dentro del campo, la crítica le señala por su escasa finura técnica en un equipo con alto nivel asociativo. Llorente lo sabe y no parece que le quite el sueño.
Las gafas de la polémica: cuando la vida sana roza el patrocinio
La semana pasada, la Federación tuvo un detalle con los enviados especiales acreditados en Chattanooga. En cada gran campeonato suele hacerlo: una camiseta, una placa, una réplica de los trofeos. Esta vez regaló unas gafas con cristal amarillo de la marca Free Human, el proyecto de vida saludable de Marcos Llorente.
La Federación lo promocionó con un vídeo en sus redes sociales. Lo borró poco después, ante las sospechas de un acuerdo comercial con la empresa de uno de sus propios futbolistas. La propia Federación desmintió cualquier contrato. Pero el vídeo ya había circulado, y las gafas siguen en manos de los periodistas.
La paradoja es difícil de ignorar. Un jugador cuya influencia dentro del vestuario se describe como espontánea y orgánica protagoniza, al mismo tiempo, una situación que mezcla salud, imagen de marca y comunicación institucional. El regalo permanece. La sombra de la duda, también.
Quizá la pregunta más interesante no es si hubo acuerdo o no. Es por qué, en pleno Mundial, la figura de un futbolista ha adquirido suficiente peso cultural como para que sus gafas acaben siendo el obsequio oficial de la Federación. Algo ha cambiado, dentro y fuera del vestuario. Y Llorente lleva meses levantándose a las 6.30 para verlo venir.
