En el auditorio donde Vox celebró su fin de curso político, los vicepresidentes autonómicos ocupaban la primera fila. Desde el estrado, Santiago Abascal hablaba de «nueva etapa» y pedía «respeto» hacia los socios de gobierno del PP. Hace apenas un año, en ese mismo escenario, el líder de Vox advertía que su partido no estaba «para ser la muleta de nadie».
Algo ha cambiado en el discurso de Vox. Aunque todavía no está del todo claro en qué condiciones.
Un año de distancia entre dos discursos muy distintos
El contraste entre junio de 2025 y junio de 2026 es difícil de ignorar. Hace un año, Abascal preguntaba desde ese mismo estrado: «¿Hasta qué punto el PP ha confundido a sus propios electores que piensan que tienen algún tipo de derecho de pernada sobre nosotros?». Ayer, el mismo líder pedía «respeto» hacia los «socios de gobierno» populares y celebraba una «nueva etapa».
El cambio de tono no es casual. Vox ha alcanzado el poder en tres comunidades autónomas tras el último ciclo electoral: Extremadura, Aragón y Castilla y León tienen ahora vicepresidentes del partido. Esos tres dirigentes ocupaban la primera fila del auditorio, una imagen que el propio partido quería proyectar como señal de madurez institucional. Lo que antes era confrontación abierta es hoy, al menos en el plano público, una llamada a la colaboración con condiciones.
El camino hasta la tregua: meses de choques y acusaciones cruzadas
El viraje no llegó de golpe. Durante el ciclo electoral autonómico, las tensiones entre Vox y PP escalaron hasta niveles poco habituales incluso para dos partidos acostumbrados a competir por el mismo electorado. Las acusaciones cruzadas se sucedieron tanto a nivel regional como entre las direcciones nacionales.
El ejemplo más llamativo llegó hace apenas tres meses, cuando Ignacio Garriga calificó a la cúpula de Alberto Núñez Feijóo de «clan gallego con prácticas de contrabandistas de ría». No era un desliz aislado. Vox llevaba meses argumentando que el PP había incumplido los pactos de gobierno del anterior ciclo electoral y negándose a facilitarles, por ejemplo, la aprobación de presupuestos. El punto de inflexión llegó con la firma de nuevos acuerdos de legislatura, comunidad a comunidad, que sellaron una tregua refrendada ayer por Abascal desde el escenario —aunque con advertencias explícitas sobre sus límites.
El bisturí en lugar de la motosierra: la nueva hoja de ruta de Vox en el poder
Abascal recurrió ayer a una metáfora para explicar cómo entiende Vox su papel en los ejecutivos autonómicos. «Nos toca probablemente aplicar el bisturí más que la motosierra», dijo, en referencia a su intención de recortar gasto público y simplificar normativa. Y añadió: «Ya llegará el momento. Con el bisturí se puede hacer grandes cosas también».
La imagen resume bien la tensión interna del partido. Vox sabe que su cuota de poder es limitada y que los acuerdos firmados no son exactamente los que habrían preferido. El propio Abascal lo reconoció sin rodeos: «Hay unos acuerdos de Gobierno que hemos firmado, pero que nos gustaría que fueran otros». «La gente tiene prisa, es normal, pero nos han dado la fuerza que nos han dado», agregó. Pese a esas limitaciones, dirigentes del partido se muestran convencidos de que podrán impulsar buena parte de sus medidas desde los ejecutivos autonómicos.
La advertencia que acompaña a la tregua
El discurso de Abascal no fue solo de celebración. Junto al mensaje de respeto hacia el PP, introdujo una condición explícita: el cumplimiento «al pie de la letra» de lo pactado. Si eso no ocurre, advirtió, el partido no dudará en romper de nuevo. «Os pido valentía para que, si llega el momento, y no lo queremos, seamos capaces de abandonar los gobiernos», les dijo directamente a sus vicepresidentes autonómicos.
Ese «no lo queremos» fue, según las crónicas del acto, igualmente significativo. Vox entra en esta etapa con más interés en mantenerse en el poder que en repetir la ruptura del ciclo anterior.
Queda, con todo, un frente abierto. Manuel Gavira, el representante de Vox en Andalucía, estuvo presente en el acto y recibió los mensajes de Abascal sobre los acuerdos con el PP. Su situación es distinta: la negociación con Juanma Moreno sigue abierta, y la incógnita de si Vox pedirá entrada en el gobierno andaluz no estaba resuelta a 72 horas de la primera votación clave. Abascal evitó pronunciarse.
Lo que ocurra en Andalucía será, probablemente, la primera prueba real de si esta «nueva etapa» tiene consistencia o si las grietas entre ambos partidos siguen siendo más profundas de lo que el escenario de ayer sugería.
