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Home Tecnología

Investigadores chinos logran recargar drones en pleno vuelo con un haz de láser y un receptor del tamaño de una moneda

by David Pérez
7 de agosto de 2026
in Tecnología
Dron cuadricóptero recargándose en pleno vuelo mediante un haz de láser verde disparado desde una estación terrestre

Investigadores chinos recargan drones en vuelo con un láser y un receptor del tamaño de una moneda, un avance que podría transformar la logística autónoma.

Un dron que pierde potencia a mitad de misión no tiene otra opción: debe aterrizar, recargar y empezar de nuevo. Es una limitación que condiciona su uso en emergencias, entregas o inspecciones de infraestructuras.

La solución que propone un equipo de investigadores chinos no pasa por baterías más grandes, sino por un haz de luz. Han diseñado un receptor diminuto —del tamaño de una moneda— capaz de capturar energía láser disparada desde tierra mientras el aparato sigue volando.

El talón de Aquiles de los drones modernos

La mayoría de los drones comerciales no pueden mantenerse en el aire más de una hora. Pasado ese tiempo, deben aterrizar para recargar las baterías o sustituir la unidad de energía, un ciclo que interrumpe cualquier misión de cierta duración.

Esa restricción resulta especialmente costosa en tareas críticas: repartir paquetes a larga distancia, cartografiar zonas extensas o localizar personas en operaciones de búsqueda y rescate. Cada aterrizaje forzoso consume tiempo, logística y, en el peor de los casos, vidas.

Los investigadores de la Universidad de Aviación Civil de China, en Tianjin, y la Universidad Tsinghua, en Pekín, decidieron abordar el problema desde otro ángulo. Transmitir energía al dron mientras vuela, sin añadir más peso en forma de baterías.

Un receptor de perovskita del tamaño de una moneda

El equipo diseñó un receptor basado en perovskita de bromuro de plomo y cesio. Este material destaca por su estabilidad a altas temperaturas, su alta tasa de absorción y un coste de fabricación relativamente bajo frente a otros materiales fotovoltaicos.

El receptor ocupa apenas 2 cm² y es lo suficientemente ligero para instalarse bajo el ala de un dron sin comprometer su aerodinámica.

Su arquitectura interna combina cuatro elementos diferenciados. La capa fotovoltaica de perovskita convierte la luz del láser en electricidad. Sobre ella descansa un electrodo de carbono que recoge la corriente generada. Por debajo, una capa termoeléctrica aprovecha el calor residual para producir electricidad adicional, sacando el máximo partido a cada fotón recibido. Todo ello en un conjunto que cabe en la palma de la mano.

El problema del calor y la solución de los nanorods

El electrodo de carbono tiene un inconveniente relevante: convierte en calor los fotones que la capa fotovoltaica no absorbe. La temperatura del receptor puede alcanzar los 85,3 °C, lo que reduce su eficiencia y compromete la integridad del material.

Para proteger la perovskita, los investigadores incorporaron al electrodo nanorods de seleniuro de antimonio de entre 50 y 80 nanómetros de diámetro. Su conductividad térmica muy baja los convierte en una barrera que frena la transferencia de calor hacia la capa fotovoltaica.

El beneficio es doble: además de proteger térmicamente la perovskita, los nanorods mejoran el flujo de corriente desde esa capa hacia el electrodo. Un mismo componente resuelve dos problemas distintos.

Resultados en laboratorio: casi un 39% de eficiencia

Para evaluar el sistema, el equipo disparó un láser verde de 5 vatios sobre el área activa del receptor, que mide 12 mm². Al mismo tiempo, soplaron aire sobre la superficie para simular condiciones de vuelo real y potenciar el rendimiento de la capa termoeléctrica. El resultado fue una eficiencia de conversión energética cercana al 39%, con potencia suficiente para hacer girar una hélice de 6,7 cm a 7.820 rpm.

Los investigadores fueron un paso más allá. Integraron el receptor en un modelo estático de dron de ala fija e incorporaron canales de aire en el ala para mejorar el enfriamiento termoeléctrico. Al iluminar el receptor con el láser verde, el sistema impulsó una hélice a entre 1.200 y 1.450 rpm durante aproximadamente un minuto.

Retos pendientes antes de volar de verdad

El propio equipo reconoce una limitación clara: todas las pruebas se han realizado en tierra. Ningún experimento ha involucrado un dron en vuelo real. Queda por demostrar si el rendimiento observado en laboratorio se mantiene en exteriores, con viento natural, variaciones de temperatura, interferencias de luz solar y las vibraciones propias del vuelo.

Apuntar con precisión un láser de alta potencia a un vehículo en movimiento representa otro desafío de ingeniería considerable. La seguridad centra buena parte de las preocupaciones: evitar que el haz interfiera con otras aeronaves o cause daños en tierra. Otros grupos trabajan en tecnologías de seguimiento del haz y en sistemas de corte en escala de milisegundos que se activan si algo cruza su trayectoria.

El equipo ya tiene marcado su siguiente objetivo: pruebas de vuelo reales con un dron ligero. Según el autor principal, Jianhua Han, incluso un breve vuelo estacionario alimentado por láser representaría un hito histórico —la transición definitiva de la demostración en laboratorio a la validación en el mundo real— y abriría la puerta a una nueva generación de drones capaces de operar sin límite de tiempo sobre el terreno.

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