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Ladrillos eléctricos alcanzan 1.800 °C sin llamas: la apuesta del MIT para descarbonizar la industria pesada con energía sobrante

by David Pérez
4 de septiembre de 2026
in Energía
Ingeniero frente a batería térmica de ladrillos refractarios incandescentes a 1.800 °C en instalación industrial

Batería térmica de ladrillos refractarios al rojo vivo: la tecnología del MIT que almacena energía renovable sobrante para descarbonizar la industria pesada.

Los hornos de acero, los kilns de cemento y los hornos de cerámica tienen una exigencia que no admite negociación: necesitan gases a entre 1.500 y 2.000 °C para funcionar. Hoy, solo la llama del gas fósil garantiza esas temperaturas de forma fiable.

La paradoja es que, cada día, hay electricidad renovable tan abundante que los mercados la ofrecen a precio negativo —literalmente, nadie la quiere— mientras la industria pesada sigue quemando combustibles para calentar sus hornos. La pregunta es si existe una tecnología capaz de unir esos dos mundos.

El calor que la industria no puede negociar

Fabricar acero, cemento o hierro no es como calentar agua. Estos procesos exigen temperaturas de entre 1.500 y 2.000 °C, equiparables a las de una llama directa, sin margen para aproximaciones.

Durante décadas, el gas natural ha sido la única respuesta práctica a esa exigencia. Ofrece calor continuo, fiable y a la temperatura correcta. Sustituirlo no es una cuestión de voluntad: es un problema de física e ingeniería que hasta ahora ninguna solución eléctrica había resuelto de forma convincente.

La señal de que la industria busca alternativas está en las cifras. Según datos de la plataforma de patentes Patsnap, las solicitudes relacionadas con el almacenamiento de energía térmica se han disparado en los últimos ocho años. El interés existe. La tecnología madura, aunque despacio.

El reto central sigue siendo el mismo: llevar electricidad renovable a temperaturas de horno sin que el coste o la complejidad técnica lo hagan inviable. Ahí es donde entra una empresa nacida en el MIT.

Ladrillos sin cables: el diseño que nació en el MIT

Electrified Thermal Solutions fue fundada hace cinco años por Dan Stack, exingeniero nuclear del MIT. El punto de partida era claro: convertir la electricidad solar o eólica sobrante en calor industrial de alta temperatura.

El diseño que desarrolló es, en apariencia, casi primitivo. Una caja llena de ladrillos refractarios que se cargan eléctricamente, sin cables internos. Solo hay conexión eléctrica en la parte superior, donde entra la corriente. El resto es masa térmica sólida.

Otras empresas del sector, como Rondo, utilizan resistencias eléctricas que recorren los ladrillos —un principio similar al de una tostadora—. El sistema de Stack elimina esa complejidad: los ladrillos son estables en aire y en distintas atmósferas gaseosas, lo que simplifica el mantenimiento y reduce los puntos de fallo.

El formato comercial es igualmente directo. Las unidades se comercializan en contenedores de 20 pies, con capacidad de hasta 10 MWh cada uno. Pueden conectarse a la tensión de distribución industrial estándar —13,8 kilovoltios en gran parte de Estados Unidos—, aunque el sistema opera de forma óptima a niveles más altos.

Enchufar la batería al lado del quemador de gas

La instalación no requiere reformar la planta. El contenedor se sitúa en el emplazamiento industrial y el aire caliente generado se canaliza hacia la caldera existente, junto al quemador de gas convencional. Es una integración directa con la infraestructura ya en uso.

Este planteamiento tiene una ventaja estratégica evidente: el gas no desaparece. Permanece como respaldo, y el operador puede alternar entre ambas fuentes según las condiciones del mercado eléctrico o las necesidades de producción. Eso elimina el riesgo percibido que suele frenar cualquier cambio tecnológico en entornos industriales.

La batería puede suministrar calor de forma continua durante horas o varios días sin consumir electricidad adicional. La pérdida térmica es inferior al 2 % diario, según Stack. El calor almacenado, sencillamente, se mantiene.

El interés de la industria pesada ya se ha materializado en compromisos concretos: Holcim, en cemento; Vale, en mineral de hierro; y ArcelorMittal, en acero, han firmado pedidos vinculantes. No son conversaciones preliminares.

Ganar dinero con la electricidad que nadie quiere

La lógica económica del sistema depende de un fenómeno cada vez más frecuente: la electricidad renovable excedente que los mercados ofrecen a precios muy bajos o negativos. Esa electricidad existe porque la red no siempre puede absorber todo lo que producen el sol, el viento o las centrales nucleares en horas valle.

Electrified Thermal Solutions incluye un sistema de optimización basado en inteligencia artificial que predice los momentos de precio mínimo y programa la carga de los ladrillos en esas ventanas. La batería se llena cuando la electricidad es casi gratuita. Según Stack, ya resulta más barata que el gas natural hasta la mitad del tiempo, incluso en zonas menos soleadas como la red eléctrica del este de Estados Unidos. En amplias áreas de Europa y otras regiones con excedentes renovables regulares, el modelo es igualmente aplicable.

Una vida útil de décadas… y una incógnita de fondo

Los ladrillos refractarios tienen una propiedad que los distingue de los calefactores convencionales: ya son óxidos estables. No se oxidan ni se degradan con los ciclos de calentamiento, lo que elimina uno de los principales mecanismos de envejecimiento en los sistemas de almacenamiento térmico.

La empresa de certificación DNV ha avalado una vida útil superior a 20 años para la tecnología —un respaldo relevante para industrias acostumbradas a planificar inversiones a largo plazo—.

Existe, sin embargo, una incógnita estructural que el propio Stack reconoce. El modelo depende de que siempre haya excedentes renovables baratos disponibles. Si la transición energética avanza lo suficiente como para absorber esos excedentes, o si más empresas compiten por aprovecharlos, la ventaja económica podría reducirse con el tiempo.

La expansión de las redes de transmisión —que hoy limitan el transporte de energía desde las zonas más ricas en sol y viento— podría también alterar las condiciones del mercado. Por ahora, las restricciones de red en países como Estados Unidos apuntan a que los excedentes seguirán siendo abundantes durante años. Lo que ocurra más allá de esa ventana es, todavía, una pregunta abierta que la industria tendrá que vigilar de cerca.

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