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Las bajas por salud mental en el trabajo se disparan un 72% y las empresas empiezan a cambiar las reglas

by David Pérez
24 de septiembre de 2026
in Bienestar
Mujer agotada en oficina moderna vacía, simbolizando el aumento de bajas laborales por salud mental en España

Una trabajadora refleja el peso invisible del agotamiento emocional en el entorno laboral, en un contexto donde las bajas por salud mental han crecido un 72% en España.

En 2024 se registraron en España 643.681 bajas laborales por trastornos mentales. Son un 72% más que en 2020. Detrás de esa cifra no hay solo estadísticas: hay personas que un día dejaron de poder ir a trabajar.

La salud mental en el ámbito laboral ha dejado de ser un tema privado o un tabú para convertirse en una cuestión de salud pública, productividad y cultura empresarial. El lugar de trabajo ya no es únicamente un espacio físico: es un factor determinante del bienestar psicológico.

Un problema que ya no se puede ocultar: los datos que cambiaron la conversación

La cifra no admite discusión: la salud mental se ha convertido en un problema estructural del mercado laboral español. Según el Instituto Nacional de la Seguridad Social, las 643.681 bajas laborales por trastornos mentales registradas en 2024 representan un incremento del 72% respecto a 2020.

La comparativa europea refuerza esta lectura. Un informe de UGT sitúa en el 37% el porcentaje de trabajadores españoles que sufre estrés, depresión o ansiedad atribuibles al trabajo. La media de la Unión Europea es del 27%. Esa brecha de diez puntos indica que el problema no es solo individual ni global: tiene raíces específicas en el modelo laboral español.

El impacto económico completa el cuadro. El Ministerio de Sanidad estima que los problemas de salud mental pueden provocar una pérdida de hasta el 25% de la productividad en las empresas. La Organización Mundial de la Salud calcula que cada año se pierden 12.000 millones de días de trabajo en el mundo por depresión y ansiedad. Son datos oficiales, de fuentes institucionales. Y por eso han cambiado la conversación.

Del tabú al riesgo psicosocial: qué hace que un trabajo enferme

La salud mental en el trabajo se refiere al estado emocional y psicológico que permite desempeñar funciones, mantener relaciones y afrontar desafíos sin que el bienestar se deteriore. No es un lujo ni un extra: es una condición básica para que el trabajo funcione.

Los riesgos psicosociales son los factores que la amenazan. La sobrecarga de trabajo, la falta de control sobre las tareas, la inseguridad laboral, el ambiente tóxico, el desequilibrio entre vida laboral y personal y la falta de apoyo figuran entre los principales. Según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, el 32% de la población trabajadora está expuesta a presión de tiempo o sobrecarga, y el 11% señala la inseguridad laboral como factor negativo.

La OMS es clara: los entornos laborales deficientes —con discriminación, cargas excesivas o control insuficiente— representan un riesgo directo para la salud mental. Lo relevante es que los factores organizacionales explican una parte importante del riesgo, por encima de las variables individuales. Dicho de otro modo: no se trata solo de personas vulnerables, sino de trabajos que enferman.

El empleo también protege: la doble cara del trabajo

Frente a la idea de que el trabajo solo enferma, conviene recordar su otra cara. El trabajo decente protege la salud mental. Proporciona medios de vida, sentido de propósito, relaciones positivas y rutinas estructuradas. La OMS lo dice sin rodeos: el trabajo decente es bueno para la salud mental.

Para las personas con problemas de salud mental, el empleo puede ser una vía de recuperación e inclusión. Contribuye a mejorar la confianza y el funcionamiento social. No es un obstáculo más: en muchos casos es parte de la solución.

El contraste lo aporta el desempleo. La OMS advierte de que el desempleo, la inseguridad laboral y financiera y la pérdida reciente del empleo son factores de riesgo de intento de suicidio. La conclusión es matizada pero firme: lo que marca la diferencia no es solo tener un empleo, sino la calidad de ese empleo.

De las encuestas de clima a la atención psicológica 24/7: qué están haciendo las empresas

Algunas organizaciones ya han empezado a actuar. La evaluación de riesgos psicosociales es la herramienta de diagnóstico: encuestas de clima y salud laboral que permiten conocer hábitos, prioridades y preocupaciones de las plantillas. A partir de ahí se diseñan medidas concretas.

El Grupo Social ONCE ofrece un ejemplo. Su proyecto CONMENTE nació en 2024 con el objetivo de crear entornos laborales más saludables en ONCE, Fundación ONCE e Ilunion. Incluye un Programa de Ayuda al Empleado con atención psicológica disponible 24 horas al día, 7 días a la semana, para empleados y familiares. Es anónimo y sin límite de tiempo.

A eso se suman talleres de meditación, risoterapia y musicoterapia, y plataformas online de prevención como Mentiness, desarrollada por profesionales de la Psicología. También hay iniciativas de sensibilización como el programa ‘Trabajar sin Máscaras, Emplear sin Barreras’, de la Confederación Salud Mental España, orientado a eliminar el tabú sobre la salud mental en el trabajo.

Prevenir en origen: el enfoque que propone la OMS y el sistema sanitario español

El cambio de fondo no está solo en las empresas. Las instituciones han empezado a mover el marco. La OMS propone tres líneas de actuación: prevenir los riesgos psicosociales, proteger y promover la salud mental, y apoyar a los trabajadores con problemas de salud mental.

Las intervenciones recomendadas incluyen modalidades de trabajo flexibles, marcos contra la violencia y el acoso, y ajustes razonables para personas con problemas de salud mental. No se trata de parches individuales, sino de rediseñar las condiciones de trabajo.

El Ministerio de Sanidad apunta en la misma dirección. Su propuesta es pasar de la medicalización individual del sufrimiento a una mirada estructural que reconozca las causas sociales y laborales del malestar. Eso exige coordinación entre salud laboral, atención primaria y salud mental para detectar y tratar los problemas de forma precoz.

Lo que viene: de la reacción a la prevención

El siguiente paso es pasar de la reacción a la prevención. Los datos han obligado a hablar del problema. Las empresas han empezado a responder con programas de apoyo y evaluación de riesgos. Pero el reto es que esas medidas no se queden en la superficie.

La OMS insiste en que la prevención debe gestionar los riesgos psicosociales en origen. Eso significa actuar sobre el diseño del trabajo, no solo sobre las consecuencias del malestar. Significa también integrar la salud mental en los sistemas de seguridad y salud ocupacional.

Habrá que observar si el impulso se sostiene. Si las bajas siguen creciendo, la presión sobre empresas y administraciones aumentará. Si la prevención funciona, los datos empezarán a contar otra historia. La conversación ya ha cambiado. Ahora toca ver si cambian también las condiciones que la provocaron.

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