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Home Ciencia

De fermentar vino a editar genes: así se convirtió la biotecnología en la ciencia que está transformando el presente

by David Pérez
24 de septiembre de 2026
in Ciencia
Manos entre vasijas de barro antiguas y laboratorio moderno con CRISPR, simbolizando la evolución de la biotecnología

De la fermentación en vasijas de arcilla a la edición genética con CRISPR: la biotecnología conecta milenios de innovación humana en un mismo hilo conductor.

Hace miles de años, alguien mezcló agua, harina y un poco de paciencia. Sin saberlo, estaba utilizando microorganismos vivos para transformar la materia: había fermentado pan, o quizá cerveza. Aquella persona no conocía la palabra biotecnología, pero ya la practicaba.

Hoy, esa misma lógica —usar seres vivos o sus partes para crear productos y procesos útiles— se ha convertido en una de las áreas científicas con mayor impacto en la vida cotidiana. Lo que empezó como fermentación empírica es ahora una disciplina interdisciplinar que redefine la medicina, la agricultura y la industria.

Qué es exactamente la biotecnología

La biotecnología es una rama interdisciplinar del conocimiento. Se sitúa en el cruce entre la biología, la física, la química y la biomedicina. Su esencia es sencilla de explicar: consiste en utilizar sistemas biológicos, seres vivos o partes de ellos para crear o modificar productos y procesos que resulten útiles para las personas.

No existe una única definición internacional consensuada. Sin embargo, la mayoría de los organismos coinciden en lo fundamental. La OCDE, por ejemplo, la define como la aplicación de la ciencia y la tecnología a organismos vivos, así como a sus partes, productos y modelos, para alterar el material vivo o inerte con el fin de obtener conocimientos, productos y servicios.

Todas las definiciones comparten un núcleo común: el uso deliberado de lo biológico con fines humanos. Esa intención consciente es lo que separa la biotecnología de otros procesos naturales que ocurren sin intervención humana.

Una historia que empezó hace más de 6.000 años

Las pruebas arqueológicas sugieren que los seres humanos llevan más de seis mil años practicando la biotecnología. Las primeras aplicaciones fueron la fermentación: vino a partir del jugo de uva, queso y yogur a partir de la leche, pan y cerveza a partir de cereales.

Se trataba de una biotecnología tradicional. Aprovechaba los procesos metabólicos de algunos microorganismos sin comprender del todo cómo ni por qué ocurrían. Era una práctica empírica, basada en la observación y la repetición, no en el conocimiento científico.

El término «biotecnología» no apareció hasta 1919. Lo acuñó el ingeniero húngaro Károly Ereki en su libro Biotecnología en la producción cárnica y láctica. Con el avance científico, aquella práctica intuitiva empezó a transformarse en una disciplina que buscaba comprender los procesos biológicos para optimizarlos y encontrar nuevas aplicaciones.

El salto a la biotecnología moderna

A mediados del siglo XX, los investigadores comenzaron a entender el ADN, los genes y los plásmidos, esos pequeños fragmentos circulares de material genético que pueden transferirse de un organismo a otro. Comprendieron que el ADN codificaba información, que los genes producían proteínas y que las moléculas de ARN actuaban como mediadoras en esos procesos.

Ese conocimiento dio lugar a la tecnología del ADN recombinante, también conocida como ingeniería genética. Uno de sus primeros productos comerciales fue la insulina recombinante, desarrollada en los años setenta. Consistía en insertar secuencias de ADN humano en bacterias para que produjeran insulina.

Después llegaron otros hitos: la PCR en los años ochenta, la secuenciación genómica y, más recientemente, la edición genómica con CRISPR-Cas. Esta última técnica se diferencia de las anteriores porque permite realizar cambios precisos en el ADN de un organismo vivo sin necesidad de insertar constructos de ADN recombinante.

Aplicaciones que ya forman parte de la vida cotidiana

La biotecnología médica, también llamada roja, está orientada al desarrollo de medicamentos, vacunas, inmunoterapias y antibióticos. También permite diagnósticos más tempranos mediante el análisis genético de proteínas o ácidos nucleicos de tumores, y abre la puerta a la terapia génica y la medicina personalizada.

La biotecnología agrícola o verde se centra en la mejora de cultivos y ganado. Busca variedades resistentes a la sequía o a las plagas, con mayor valor nutricional. Además, fortalece la agricultura sostenible al reducir o eliminar la necesidad de plaguicidas y herbicidas tóxicos.

La biotecnología industrial o blanca aplica células vivas o enzimas aisladas para producir bioplásticos, biocombustibles y productos químicos orgánicos. Las enzimas actúan como catalizadores o inhibidores enzimáticos para destruir contaminantes peligrosos. En el ámbito energético, se utiliza para producir biogás combustible.

En el plano ambiental, los microorganismos y plantas ayudan a eliminar contaminantes de la naturaleza. Algunas comunidades microbianas contienen genes codificados para degradar alcanos, lo que reduce la toxicidad de los hidrocarburos que llegan al medio marino.

Riesgos, límites y debates abiertos

La biotecnología también conlleva riesgos ecológicos. La polinización cruzada puede dispersar características como la resistencia a los herbicidas y contribuir al desarrollo de malezas más agresivas. La modificación genética que introduce toxinas insecticidas en los cultivos puede desarrollar resistencia en poblaciones de plagas y poner en riesgo a aves, mariposas y abejas.

Desde el punto de vista económico, el acceso a la biotecnología sigue implicando una inversión a la que no todos los agricultores pueden hacer frente. Esto podría acrecentar la brecha entre pequeños y grandes agricultores, así como entre distintas regiones del mundo.

Además, las intervenciones en el material genético de los organismos son irreversibles. Según lo que se conoce hasta ahora, las consecuencias potencialmente indeseables solo pueden manifestarse fenotípicamente en la siguiente generación o en la posterior. Por eso, conviene distinguir entre los procesos que interfieren en el material genético y los que no lo hacen.

Lo que viene

La biotecnología sigue evolucionando a un ritmo acelerado. La secuenciación genómica de alto rendimiento está generando una cantidad creciente de datos que alimentan nuevas innovaciones. La biología sintética, que se centra en la ingeniería de sistemas biomoleculares con capacidades novedosas, resulta difícil de clasificar en las categorías actuales y promete ampliar aún más los límites del campo.

Todo este conjunto de herramientas se sustenta en tecnologías de plataforma como el cribado de alto rendimiento, la automatización y los métodos computacionales. El reto será mantener el equilibrio entre el potencial transformador de estas técnicas y la necesidad de evaluar con rigor sus consecuencias ecológicas, sociales y éticas. Lo que empezó como fermentación empírica es hoy una ciencia interdisciplinar en plena expansión. Lo que hagamos con ella definirá buena parte del futuro.

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