Pedir presupuesto para instalar aerotermia en una vivienda unifamiliar suele generar la misma sensación: la de estar comparando cifras sin saber muy bien qué se está pagando. Las diferencias son abultadas. Una casa de 100 m² sin suelo radiante puede partir de 8.500 €, mientras que una de 300 m² con ese sistema de emisión supera con facilidad los 32.000 €.
La horquilla desconcierta, pero esconde una lógica interna. De hecho, el coste por metro cuadrado baja conforme crece la vivienda: pasa de unos 98 €/m² en una casa de 100 m² con suelo radiante a unos 53 €/m² sin él en una de 300 m². Entender por qué ocurre esto es el primer paso para valorar si la inversión compensa.
De 8.500 a más de 30.000 euros: la horquilla real de la instalación de aerotermia en vivienda unifamiliar
El precio orientativo sin IVA para una vivienda unifamiliar de 100 m² parte de unos 8.500 a 10.000 euros si no se instala suelo radiante. Esa cifra sube hasta los 29.540 a 32.540 euros cuando hablamos de una casa de 300 m² con ese sistema de emisión incluido.
La horquilla general, por tanto, va de 8.500 a 32.500 euros. El salto depende de cuatro variables: tamaño, aislamiento, sistema de emisión y si se trata de obra nueva o rehabilitación. Conviene tener claro un dato antes de alarmarse: el coste por metro cuadrado se reduce al crecer la vivienda.
En una casa de 120 m² sin suelo radiante se paga unos 83 €/m². En superficies mayores, el coste baja hasta unos 53 a 70 €/m². Es la economía de escala: el equipo y la instalación base se reparten entre más metros. Eso sí, estos precios son orientativos y no incluyen IVA ni todos los accesorios.
Qué estás pagando realmente dentro del presupuesto
Un sistema de aerotermia no es solo una bomba de calor. El presupuesto incluye varios componentes que conviene distinguir: la bomba en sí, el acumulador de agua caliente sanitaria, el depósito de inercia opcional, los grupos de impulsión y la mano de obra.
La bomba por sí sola no equivale al precio final. Una monobloc de 10 kW ronda los 8.500 euros. Una bibloc con acumulador incorporado se acerca a los 10.000 euros. Y eso es solo el equipo, sin contar instalación ni emisores. La mano de obra de una instalación media puede suponer entre 1.500 y 2.500 euros, con unos tres o cuatro días de trabajo de dos técnicos.
Por eso el presupuesto debe detallar qué está incluido y qué no. Dos empresas pueden ofrecer cifras parecidas con alcances muy distintos. Comparar solo el precio final es la forma más rápida de equivocarse.
Vivienda nueva frente a casa ya construida: por qué cambia tanto el precio
Integrar aerotermia en una vivienda de nueva construcción es más sencillo y barato. El sistema se planifica desde el proyecto, sin necesidad de adaptar nada. En una casa ya construida, el coste se dispara si hay que cambiar radiadores convencionales, instalar suelo radiante o levantar pavimentos. Cada una de esas partidas suma obra, tiempo y dinero.
Mantener radiadores convencionales de alta temperatura reduce la inversión inicial, pero encarece el funcionamiento. La aerotermia rinde mejor con emisores de baja temperatura. La buena noticia es que en muchos casos se puede aprovechar parte de la instalación existente. Si los radiadores actuales son compatibles, el presupuesto se acerca al tramo bajo de la horquilla.
Suelo radiante o radiadores: la decisión que más mueve el presupuesto
La diferencia es notable. En una vivienda de 200 m², la instalación sin suelo radiante cuesta entre 14.000 y 16.000 euros. Con suelo radiante, sube a 23.000–25.000 euros. El suelo radiante supone una partida independiente de unos 40 a 50 €/m². No es barato, pero mejora el rendimiento energético del sistema, ya que trabaja con agua a baja temperatura, que es justo lo que la aerotermia hace mejor.
Los fancoils y los radiadores de baja temperatura son alternativas viables, sobre todo cuando no hay obra prevista. No requieren levantar suelos ni reformas complejas. Conviene recordar que el sistema de emisión influye directamente en la eficiencia final, no solo en el coste inicial. Elegir mal aquí se paga durante años en la factura.
¿Cuánto se ahorra y cuándo se amortiza de verdad?
La aerotermia puede ahorrar un 60 % frente a gas natural y hasta un 65 % frente a gasoil en viviendas unifamiliares. Son cifras orientativas, pero marcan una diferencia clara. Un ejemplo concreto: una vivienda de 180 m² en Madrid podría pagar unos 800 euros anuales de consumo con aerotermia. Con gas natural, el gasto rondaría los 2.100 euros. Con gasoil, unos 2.350 euros.
La amortización no es igual en todos los casos. En obra nueva, se sitúa entre 4 y 6 años si se compara con caldera de gas o gasoil. En rehabilitación energética, el retorno se acerca a los 8 años. Combinar aerotermia con autoconsumo fotovoltaico puede acelerar la amortización. Generar parte de la electricidad que consume la bomba reduce la dependencia de la red y mejora los números.
Cómo pedir el presupuesto sin caer en el error más común
El error más común es comparar únicamente precios finales sin revisar qué incluye cada propuesta. Dos presupuestos de 15.000 euros pueden ser realidades completamente distintas. Antes de decidir, conviene hacer un estudio técnico previo que incluya cálculo de potencia, elección coherente de emisores y estimación de obra adicional. Sin eso, cualquier cifra es un salto al vacío.
También conviene detectar cuándo la aerotermia no es la mejor opción. Una vivienda con mal aislamiento y sin previsión de mejora puede no justificar la inversión. En ese caso, primero toca aislar. Contrata una empresa que dimensione bien el sistema, no solo que venda equipos. La diferencia entre una instalación bien calculada y una mal dimensionada se nota cada invierno.
La aerotermia seguirá ganando peso en los próximos años. Las calderas de gas y gasoil tienen los días contados en Europa, y las ayudas públicas seguirán empujando la transición. Si estás valorando la instalación, el momento de informarte bien es ahora. Pide al menos tres presupuestos detallados, compara qué incluye cada uno y desconfía de las cifras cerradas sin estudio previo. La decisión no es solo económica: es una apuesta por un sistema más eficiente, más limpio y menos expuesto a la volatilidad de los combustibles fósiles.
