Durante décadas, la imagen del Spinosaurus ha oscilado entre dos versiones irreconciliables: la de un depredador que vadeaba las orillas como una garza gigante y la de un nadador que se sumergía en los ríos del Cretácico para cazar bajo la superficie. El esqueleto de este dinosaurio, hallado en el norte de África, parecía contradecirse a sí mismo. Los paleontólogos quedaron atrapados en un debate sin salida.
Ahora, un equipo de la Universidad de Yale ha recurrido a una herramienta inesperada para zanjar la controversia: inteligencia artificial entrenada con animales vivos. Sus conclusiones, basadas en miles de mediciones fósiles, reescriben lo que creíamos saber sobre la vida acuática de los grandes reptiles prehistóricos.
El enigma de los huesos: cuando la anatomía engaña
Los paleontólogos llevan décadas debatiendo si ciertos animales extintos eran completamente acuáticos o anfibios. Los fósiles ofrecen pistas contradictorias: algunas características óseas sugieren vida en el agua, mientras que otras indican capacidad de moverse y alimentarse en tierra. El resultado es un callejón sin salida científico.
Esta incertidumbre no es un problema menor. Afecta a docenas de grupos de mamíferos y reptiles que hicieron la transición evolutiva inversa, de la tierra al agua. Caleb Gordon, autor principal del estudio, lo resume con claridad: «En estos casos, los paleontólogos suelen quedarse atascados, ya que distintas líneas de evidencia discrepan sobre cómo era el animal antiguo».
Aprendizaje automático y una técnica de la Segunda Guerra Mundial
El equipo de Yale abordó el problema con una combinación poco habitual. Midieron más de 11.000 proporciones de extremidades en cientos de fósiles y especímenes modernos. Después entrenaron modelos de aprendizaje automático con animales vivos para relacionar proporciones esqueléticas con estilos de vida conocidos.
El objetivo era predecir hábitos en especies extintas. Pero el método escondía una sorpresa. Gordon rescató una técnica estadística desarrollada en los años 40 para estimar si un punto en el radar era un avión enemigo. La aplicó para calcular la probabilidad de que un animal extinto tuviera aletas. El modelo predice con más del 90% de precisión si un animal poseía aletas de tejido blando y hábitos altamente acuáticos.
Spinosaurus: un depredador sumergido
El hallazgo más llamativo afecta al Spinosaurus. El análisis apoya la interpretación de que pasaba la gran mayoría de su tiempo sumergido, no caminando por las orillas. Las dos hipótesis previas dibujaban escenarios muy distintos: un animal que perseguía presas bajo el agua como focas o pingüinos, frente a un estilo de vida tipo garza en aguas poco profundas.
Gordon es directo sobre los resultados: «Recuperamos con confianza hábitos altamente acuáticos para Spinosaurus, indicando que pasaba la gran mayoría de su tiempo sumergido en el agua». El hallazgo no resuelve todas las preguntas sobre cómo cazaba. Pero refuerza considerablemente la visión del depredador submarino.
Mesosaurios: los reptiles marinos que nunca dejaron la tierra
El análisis deparó otra sorpresa. Los mesosaurios, pequeños reptiles marinos del Pérmico, han sido considerados durante mucho tiempo completamente acuáticos, en parte porque daban a luz crías vivas. El nuevo análisis sugiere lo contrario. Sus proporciones de extremidades indican que se movían regularmente entre el agua y la tierra, como un aligátor o un ornitorrinco modernos.
El hallazgo se amplía a un patrón más general. Todos los reptiles marinos del Paleozoico, anteriores a los dinosaurios, seguían regresando a tierra con regularidad. Ninguno era completamente acuático. Gordon lo resume: «Los mesosaurios no dejaron la tierra atrás del todo».
Un método que da voz a los huesos
Los huesos son casi todo lo que queda de la mayoría de los vertebrados extintos. Reconstruir su comportamiento es uno de los mayores desafíos de la paleontología. El nuevo enfoque elimina la subjetividad de elegir qué características anatómicas privilegiar.
Bhart-Anjan Bhullar, autor principal del estudio, lo explica: «El método de Caleb elimina la subjetividad de este proceso y permite que los datos hablen por sí mismos». Las aplicaciones futuras son amplias. Podría servir para estudiar cuándo los ancestros humanos desarrollaron el bipedismo, o cómo los ancestros dinosaurios de las aves evolucionaron el vuelo.
Esta herramienta podría transformar cómo se investigan otras grandes transiciones evolutivas. Los huesos, durante tanto tiempo mudos, empiezan a contar historias más precisas.
