Durante años, Texas fue el territorio más codiciado por los gigantes tecnológicos para levantar sus enormes centros de datos de inteligencia artificial. Los permisos se aprobaban con rapidez, las autoridades locales daban la bienvenida a las constructoras y el estado parecía imparable en esa carrera. Pero en cuestión de meses, ese panorama empezó a resquebrajarse. Las elecciones de mitad de mandato han cambiado el signo político del estado, y con él, el futuro de proyectos que prometían consumir tanta electricidad como ciudades enteras. Lo que antes era un trámite casi seguro se ha convertido en una incógnita que inquieta a inversores, empresas y comunidades locales.
Texas, el epicentro indiscutible del ‘boom’ de centros de datos
Texas es el mercado de centros de datos de más rápido crecimiento en Estados Unidos. Los gigantes tecnológicos lo eligieron como terreno principal para sus mayores proyectos de inteligencia artificial. La facilidad histórica para construir en el estado convirtió a Texas en la opción preferida de los hiperescaladores. Los permisos se tramitaban con rapidez y las autoridades locales recibían a las constructoras con los brazos abiertos.
La escala de los proyectos en marcha resulta difícil de asimilar. El centro de datos Stargate Frontier, en el condado de Shackelford, está proyectado para consumir 1.820 megavatios. Esa cifra equivale aproximadamente al mayor centro de datos del país y duplica con creces al más grande que opera hoy en Texas. Nexus Hubbard, pensado sobre todo para servir a Anthropic, planea alcanzar los 6.400 megavatios. Es el segundo centro de datos en construcción más grande de Estados Unidos.
Un giro político que nadie esperaba
Las elecciones de mitad de mandato cambiaron el tablero por completo. El demócrata James Talarico ganó el escaño al Senado frente a Ken Paxton. Gina Hinojosa se impuso al gobernador republicano Greg Abbott. A nivel estatal, los demócratas tomarán el control de la Cámara de Representantes de Texas por primera vez en 24 años.
Talarico y Hinojosa hicieron de los centros de datos un tema central de sus campañas. Hablaron de ellos constantemente y prometieron frenar su expansión. Pero el cambio empezó antes incluso de que se cerraran las urnas. El 21 de septiembre, Abbott ordenó a un regulador estatal clave detener los permisos de centros de datos. Quizá percibió el creciente rechazo bipartidista hacia estas instalaciones y decidió cambiar de rumbo él mismo.
Señales de alarma en la industria
En la conferencia DCD de Ashburn, Virginia, el ambiente entre los desarrolladores era de preocupación. Los panelistas lamentaron que Texas había sido el lugar más fácil para construir durante años, hasta septiembre. La oficina del gobernador dejó de responder a sus correos electrónicos. Muchos esperan que los proyectos existentes se ralenticen y que los nuevos se detengan por completo.
La gobernadora electa parece decidida a cumplir esa amenaza. Hinojosa apoyó exenciones fiscales para centros de datos en 2023 como forma de impulsar el empleo en la construcción. Pero durante su campaña empezó a impulsar una moratoria total. Ese giro preocupa a los hiperescaladores, que tienen planes ambiciosos para instalaciones de entrenamiento de IA en el estado.
El voto no fue uniforme: geografía del descontento
El mapa electoral complica la lectura del resultado. Los condados cercanos a Dallas, donde se concentra gran parte de la construcción, votaron mayoritariamente demócrata. Pero Ellis County, líder en solicitudes de permisos para centros de datos, apoyó a Abbott y a Paxton. Cameron County, cerca de la frontera sur, es un punto caliente para centros de datos y cambió al voto azul. Mitchell y Scurry, en el oeste de Texas, siguieron siendo republicanos.
Esta complejidad sugiere que el rechazo a los centros de datos no es un fenómeno homogéneo. No está claro si los condados con mayor presencia de estas instalaciones fueron decisivos para la victoria demócrata o si el voto contrario llegó de otros lugares.
¿Moratoria real o promesa de campaña?
Ninguna oficina estatal decide por sí sola si un proyecto avanza o se detiene. Las decisiones dependen de la interacción entre ayuntamientos, condados y el estado. Los funcionarios locales que tienen voz en el desarrollo de centros de datos podrían resistirse a las restricciones estatales. Muchos se benefician directamente del crecimiento que generan estas instalaciones.
Los demócratas que impulsan una moratoria también podrían enfrentarse a la presión de los sindicatos de la construcción. Esos sindicatos apoyaron algunas de sus campañas y no verían con buenos ojos una medida que destruya empleos. La ola azul puede significar en teoría un golpe mortal para los centros de datos de Texas. Pero convertir esa oposición en políticas reales será mucho más complicado que prometerla en campaña.
Un malestar nacional con efectos económicos
El descontento no es exclusivo de Texas. Los votantes de todo el país apoyaron medidas para proteger a los consumidores de subidas en las tarifas eléctricas provocadas por los centros de datos. Algunos respaldaron prohibiciones más amplias de nuevas instalaciones. El mensaje fue claro: las grandes tecnológicas no han logrado convencer a la población de que la abundancia impulsada por la IA mejorará la sanidad, abaratará los bienes o traerá avances científicos.
Los bancos y prestamistas ya se están volviendo más selectivos con los proyectos que financian. La expansión de centros de datos sostiene hoy una parte importante del crecimiento económico de Estados Unidos. Si esa expansión se frena, los efectos se sentirán en cadena. Lo que ocurra en Texas en los próximos meses marcará el ritmo de todo el sector.
