Elon Musk fundó SpaceX en 2002 con un propósito declarado: llevar a la humanidad a Marte. Más de dos décadas después, la empresa no ha lanzado una sola misión al planeta rojo.
Eso está a punto de cambiar, aunque no de la manera que la mayoría habría imaginado. El primer contrato marciano de SpaceX no involucra a Starship ni a colonos humanos, sino a un róver europeo diseñado para buscar rastros de vida que lleva más de una década sorteando retrasos, recortes presupuestarios y rupturas con socios clave.
Falcon Heavy, elegido para una misión histórica
El 16 de abril, NASA anunció que el Falcon Heavy de SpaceX transportará el róver Rosalind Franklin hacia Marte a finales de 2028, con despegue previsto desde el Kennedy Space Center en Florida. Es el primer contrato de lanzamiento a Marte que SpaceX firma en toda su historia —un hito que llega de la mano de una agencia espacial europea, no de las ambiciones propias de la compañía.
El Falcon Heavy tiene un historial sólido. Compuesto por tres primeras etapas de Falcon 9 modificadas y unidas entre sí, todas reutilizables, acumula once lanzamientos consecutivos sin ningún fallo. Su vuelo más reciente, en octubre de 2024, puso en camino la sonda Europa Clipper hacia la luna oceánica de Júpiter. Ahora le espera un destino aún más lejano.
Rosalind Franklin: un róver con una historia turbulenta
El programa ExoMars nació hace aproximadamente quince años con NASA como socio principal. El plan original contemplaba dos misiones: el orbitador TGO y el róver, que entonces aún no tenía nombre. Ambos debían lanzarse en cohetes Atlas V de United Launch Alliance, pero en 2012 NASA se retiró del programa por restricciones presupuestarias, dejando a la Agencia Espacial Europea sin su aliado más importante.
ESA encontró un sustituto en Rusia. La colaboración arrancó bien: el TGO despegó con éxito en 2016 a bordo de un cohete Proton, y Rusia asumió la construcción de la plataforma de aterrizaje del róver junto con varios instrumentos científicos. El lanzamiento del róver —rebautizado Rosalind Franklin en 2019— quedó fijado para septiembre de 2022.
Los problemas, sin embargo, no tardaron en acumularse. Primero llegaron los fallos con los paracaídas y las disrupciones en la cadena de suministro provocadas por la pandemia. Luego, en febrero de 2022, Rusia invadió Ucrania. Europa respondió cortando la mayoría de sus vínculos espaciales con Moscú, incluida la colaboración en ExoMars, y el róver volvía a quedarse sin lanzador y sin plataforma de aterrizaje.
En 2024, ESA y NASA firmaron un nuevo acuerdo que devolvió la misión a terreno firme y estableció las contribuciones concretas de la agencia estadounidense.
Lo que NASA aporta más allá del cohete
El papel de NASA va mucho más allá de contratar el cohete. La agencia proporcionará parte del sistema de propulsión necesario para que Rosalind Franklin aterrice suavemente en la superficie marciana —un proceso técnicamente exigente que ha frustrado misiones anteriores— y suministrará calefactores diseñados para proteger la electrónica durante las gélidas noches de Marte.
La contribución científica más relevante es un espectrómetro de masas de última generación para el instrumento MOMA, Mars Organic Molecule Analyzer. Este dispositivo analizará muestras del suelo marciano en busca de moléculas orgánicas, los componentes básicos de la vida tal como la conocemos. El lugar de aterrizaje elegido es Oxia Planum, una región seleccionada por su potencial para conservar indicios de vida pasada. NASA ha aprobado ya la fase de implementación, lo que consolida el calendario y despeja incertidumbres sobre la viabilidad del proyecto.
Starship y las ambiciones marcianas de SpaceX
Mientras Falcon Heavy se prepara para llevar a Rosalind Franklin a Marte, SpaceX trabaja en paralelo en Starship, el cohete más grande y potente jamás construido. La visión de Musk pasa por que Starship transporte tanto carga como personas para establecer bases permanentes primero en la Luna y después en el planeta rojo.
El progreso de Starship ha sido notable, aunque incompleto. El vehículo acumula once vuelos de prueba suborbitales, los dos últimos considerados plenamente exitosos. Aun así, todavía no ha alcanzado órbita ni ha demostrado la capacidad de repostar combustible fuera de la Tierra, tecnología imprescindible para cualquier misión de larga distancia.
Las ventanas de lanzamiento hacia Marte se abren cada 26 meses. La próxima comienza en octubre de 2025, pero todo apunta a que Starship no estará listo. La siguiente oportunidad llegaría en 2028, la misma fecha en que Rosalind Franklin tiene previsto partir.
2028, el año en que SpaceX mira al planeta rojo
La paradoja resulta llamativa: la empresa fundada para colonizar Marte llegará por primera vez al planeta rojo gracias a un róver europeo que lleva más de una década sorteando obstáculos. Falcon Heavy hará historia donde Starship aún no puede.
Lo que ocurra a partir de 2028 marcará el rumbo de la exploración marciana durante años. Si Rosalind Franklin aterriza con éxito en Oxia Planum, sus análisis del suelo podrían ofrecer las primeras evidencias directas sobre si Marte albergó vida en el pasado. Y si Starship logra madurar a tiempo, ese mismo año podría ser el momento en que SpaceX dé sus primeros pasos reales hacia el sueño que motivó su fundación. Dos cohetes, un mismo destino.
