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Home Energía

Reciclaje de baterías en EE.UU.: una industria que prometía una revolución y ahora lucha por sobrevivir

by David Pérez
3 de mayo de 2026
in Energía
Industrial battery recycling facility with discarded lithium-ion batteries and idle machinery

A stark view of an industrial battery recycling facility, highlighting the challenges in the lithium-ion battery recycling industry in the U.S.

El 9 de abril, Ascend Elements se declaró en quiebra. No era una empresa cualquiera: había sobrevivido a varios competidores y operaba plantas de reciclaje de baterías en Georgia y Kentucky cuando otros ya habían cerrado.

La paradoja es difícil de ignorar. En plena transición hacia el vehículo eléctrico, las empresas creadas para gestionar el final de vida de esas baterías están cayendo una tras otra. La tecnología prometía una solución. Los números cuentan otra historia.

La promesa del reciclaje: capital riesgo y alquimistas modernos

Durante los primeros años de la administración Biden, el capital riesgo apostó con fuerza por startups que prometían resolver uno de los problemas más evidentes de la transición energética: qué hacer con las baterías de litio cuando dejan de funcionar. La narrativa era atractiva. Había financiación, urgencia climática y una tecnología que, sobre el papel, parecía capaz de recuperar casi el cien por cien de los materiales para reintroducirlos en la cadena de suministro.

Escalar esas técnicas desde el laboratorio hasta una instalación comercial demostró ser un reto que muchas empresas no supieron afrontar. Varias fueron reduciendo sus ambiciones de forma gradual —un retroceso que, con frecuencia, anticipaba el colapso— antes de que el mercado las alcanzara.

Ascend Elements: ascenso y caída de un superviviente

Ascend Elements era, en cierto modo, la excepción que confirmaba la regla. Había sobrevivido donde otros habían caído y operaba una planta de desensamblaje de baterías cerca de Atlanta desde 2023, mientras construía otra instalación en Kentucky para convertir baterías trituradas en materiales aprovechables para nuevas unidades.

Esa supervivencia tenía un coste oculto. En 2025, la empresa renunció a una subvención federal de 164 millones de dólares y poco después perdió otros 110 millones de una segunda ayuda pública. Los compradores de materiales reciclados retrasaron sus plazos, lo que agravó una situación financiera ya de por sí frágil.

Lo más llamativo fue el diagnóstico de la propia compañía. Su presidenta y consejera delegada, Linh Austin, reconoció en LinkedIn que la empresa había acumulado «un largo historial de mala gestión fiscal y operativa». Aun así, prometió usar el proceso de bancarrota del Capítulo 11 no para rendirse, sino para reiniciarse. Si la tecnología es viable o si el problema es estructural sigue siendo una pregunta sin respuesta.

El efecto dominó: política, demanda y cadena de suministro

El contexto político agravó la situación de forma significativa. La administración Trump eliminó los incentivos al vehículo eléctrico destinados a los consumidores, lo que llevó a varios fabricantes de automóviles estadounidenses a moderar o retrasar sus planes de electrificación. El mensaje que llegó al mercado fue claro: el ritmo de adopción del vehículo eléctrico en EE.UU. no sería tan rápido como se preveía.

Esa caída en la demanda se propagó hacia abajo por toda la cadena de suministro. Para los recicladores, el impacto fue doble: menos baterías en circulación a corto plazo y menos compradores dispuestos a adquirir los materiales recuperados. En una industria que necesita escala para ser rentable, ese círculo vicioso es especialmente difícil de romper.

La inestabilidad regulatoria añade otra capa de incertidumbre. Las inversiones en plantas de reciclaje requieren horizontes temporales largos, y cuando las reglas del juego cambian con cada administración, el cálculo financiero se vuelve difícilmente sostenible.

Redwood Materials y la alternativa de la reutilización

No todas las empresas del sector están en retirada. Redwood Materials lleva años triturando gigavatios-hora de baterías usadas en su campus cerca de Reno, Nevada, no lejos de una Gigafactoría de Tesla. Pero la iniciativa de la que más habla la compañía ahora no es un avance en reciclaje, sino algo más pragmático.

Redwood ha apostado por reutilizar packs de baterías de vehículos eléctricos ligeramente desgastados como almacenamiento barato para la red eléctrica. La empresa confirmó que ampliará su instalación principal —que ya alimenta centros de datos modulares— y anunció que reutilizará cien packs de Rivian para almacenar energía en una fábrica de esa misma compañía en Illinois.

Este giro estratégico es revelador. Sugiere que, al menos a corto plazo, la reutilización podría ser un camino más viable que el reciclaje puro. No resuelve el problema de fondo —qué hacer con las baterías cuando ya no pueden reutilizarse—, pero ofrece una vía de negocio más inmediata y con menor fricción tecnológica.

El futuro incierto de una industria necesaria

La pregunta que subyace a todo esto no ha desaparecido: ¿quién se hará cargo de los millones de baterías que generará la expansión del vehículo eléctrico cuando lleguen al final de su vida útil? No es un problema hipotético. Es una cuestión de tiempo.

Algunos actores veteranos siguen operando. Cirba Solutions, con 35 años de trayectoria en el sector, continúa funcionando, lo que indica que la experiencia acumulada y la escala operativa sí importan. No todo en este mercado es frágil.

Lo que está por ver es si el modelo de negocio actual —dependiente de subvenciones públicas, de una demanda creciente de vehículos eléctricos y de compradores dispuestos a pagar por materiales reciclados— puede sostenerse en un entorno político tan volátil. El caso de Ascend plantea si el obstáculo es tecnológico o si es, sobre todo, una cuestión de condiciones de mercado y voluntad política. En los próximos años habrá que observar si Redwood logra escalar su modelo de reutilización, si el Capítulo 11 permite a Ascend resurgir con una estructura más sólida, y si una eventual recuperación de los incentivos al vehículo eléctrico reactiva la demanda que toda esta cadena necesita. La industria del reciclaje de baterías no ha muerto, pero su forma definitiva todavía está por escribirse.

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