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Nubes en espiral, vórtices y una tormenta polar: lo que un satélite de la NASA captó sobre Alaska en el último día del invierno

by David Pérez
19 de mayo de 2026
in Ciencia
Fotografía aérea de nubes en espiral y tormentas polares sobre el Golfo de Alaska.

Una impresionante visión satelital que captura la belleza de nubes en espiral y un intenso sistema de tormenta polar sobre Alaska.

El último día del invierno astronómico de 2026, un satélite de la NASA fotografió el sur de Alaska desde el espacio y capturó algo difícil de ignorar: bandas paralelas de nubes alineadas como carriles, remolinos simétricos girando en sentidos opuestos y un sistema tormentoso compacto dando vueltas sobre el océano con vientos de intensidad tropical.

La imagen, tomada el 19 de marzo, condensaba en un solo encuadre la inestabilidad extrema que había marcado el final de la estación. Lo que parecía una composición casi geométrica era, en realidad, la huella visible de una violenta colisión entre el aire ártico y las aguas relativamente cálidas del golfo de Alaska.

Calles de nubes: cuando el aire ártico toca el océano

El mecanismo detrás de esas bandas paralelas responde a una lógica bien establecida. Cuando el aire frío y seco procedente del Ártico abandona tierra firme y se desplaza sobre aguas relativamente más cálidas, empieza a absorber calor y humedad. Ese intercambio desencadena un proceso de convección que da forma a las denominadas cloud streets o calles de nubes.

El funcionamiento es casi rítmico: las bolsas de aire cálido y húmedo ascienden, se enfrían y forman nubes; entre ellas, el aire más frío desciende y deja franjas despejadas. El resultado son esas filas paralelas alineadas con la dirección del viento, tan ordenadas que desde el espacio parecen trazadas con regla.

Cerca de la costa, el cielo permanecía mayormente despejado. El aire aún no había absorbido calor ni humedad suficientes del océano, así que no había convección capaz de sostener nubes. La zona brumosa visible junto a la orilla podría corresponder a estratos bajos o niebla marina.

Mar adentro, las calles de nubes ganaban definición y complejidad, evolucionando hacia formaciones de células abiertas: estructuras en las que paredes delgadas de nubes rodean espacios circulares vacíos, como si el cielo se hubiera organizado en una red de burbujas irregulares.

Vórtices de von Kármán y el efecto de las islas Aleutianas

En las proximidades de la isla Unimak, la más oriental del archipiélago de las Aleutianas, el satélite registró otro fenómeno destacado. A sotavento aparecían los llamados vórtices de von Kármán: remolinos simétricos que giran en direcciones opuestas y se repiten con una cadencia casi hipnótica.

Estos patrones surgen cuando vientos fuertes se ven obligados a rodear un obstáculo de terreno elevado. Al no poder atravesarlo, el flujo de aire se divide y se curva, generando esa sucesión alternada de espirales a ambos lados.

No son solo visualmente llamativos. Su tamaño, espaciado y forma revelan información concreta sobre la velocidad del viento, la estabilidad atmosférica y las características del terreno que los origina, convirtiéndolos en indicadores útiles para los meteorólogos.

Una tormenta polar con vientos de fuerza tropical

El elemento más inusual de la imagen era un gran sistema de nubes en espiral localizado aproximadamente a 300 kilómetros al suroeste de Anchorage. El meteorólogo Matthew Cappucci lo identificó como un polar low o tormenta polar compacta.

Este tipo de sistema se forma cuando aire polar muy frío se desplaza sobre aguas oceánicas más cálidas. La diferencia de temperatura genera una inestabilidad intensa y concentrada que puede organizarse con rapidez en una tormenta de pequeño tamaño pero gran energía. No son frecuentes, y su detección desde tierra resulta difícil precisamente por sus dimensiones reducidas.

En este caso, el sistema alcanzó vientos de intensidad equivalente a los de una tormenta tropical. Cerca de su centro se registraron nevadas e incluso tormentas eléctricas —una combinación poco habitual que subraya la violencia del fenómeno—. La imagen satelital permitió visualizar su estructura con una claridad que habría sido imposible desde la superficie.

Un invierno persistente y lo que viene después

Las condiciones del 19 de marzo no constituían un episodio aislado. Durante todo el mes, Alaska había registrado temperaturas por debajo de la media y sucesivas oleadas de tiempo severo, cerrando así un invierno especialmente activo en la región.

A finales de abril, las temperaturas empezaron a subir, aunque la estabilidad tardó en llegar. Los pronósticos apuntaban a condiciones inestables y húmedas para el centro-sur y el sureste de Alaska, con la llegada de un río atmosférico que prometía mantener el tiempo revuelto.

Esta secuencia —invierno intenso seguido de una transición turbulenta— ilustra la utilidad creciente de la observación satelital. Imágenes como la del 19 de marzo no solo documentan fenómenos extraordinarios; también ayudan a comprender cómo interactúan las masas de aire, el océano y el relieve en un clima que, en latitudes altas, parece cada vez más propenso a los extremos. Seguir esos patrones desde el espacio será, probablemente, una herramienta cada vez más necesaria.

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