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ADN antiguo desvela que fueron las mujeres agricultoras quienes llevaron la agricultura a los cazadores-recolectores del norte de Europa

by David Pérez
10 de junio de 2026
in Ciencia
Mujer agricultora neolítica con cesta de semillas en un paisaje pantanoso del norte de Europa al amanecer

Una joven agricultora neolítica se detiene al borde de un humedal nórdico al alba, simbolizando el encuentro histórico entre las culturas agrícolas y los cazadores-recolectores del norte de Europa.

Hace unos 5.000 años, en los humedales del norte de Europa, dos mundos coexistían en una frontera difusa: el de los cazadores-recolectores que llevaban milenios habitando esas tierras pantanosas, y el de los agricultores neolíticos que avanzaban desde el sur. Durante décadas, los científicos se preguntaron cómo había llegado la agricultura a estas comunidades del norte.

La respuesta, hallada en los genomas de restos humanos excavados en Bélgica y los Países Bajos, resultó inesperada: fueron las mujeres agricultoras quienes la llevaron consigo.

El hallazgo que reescribe la prehistoria europea

Un nuevo estudio publicado en Nature, liderado por el profesor David Reich y el doctor Iñigo Olalde en la Universidad de Harvard, con la participación de investigadores de varias universidades europeas, ha analizado los genomas de restos humanos excavados en la región del Rin-Mosa inferior. Sus resultados cuestionan el relato que durante años dominó la genómica prehistórica.

El modelo predominante describía la formación de la Europa moderna a partir de tres grandes migraciones relativamente separadas: los cazadores-recolectores paleolíticos, los agricultores neolíticos procedentes de Anatolia y, más tarde, las poblaciones de la estepa rusa. Un esquema limpio, casi ordenado. Demasiado ordenado, según se desprende ahora.

Los genomas de individuos del Neolítico tardío en Bélgica mostraron que al menos el 50% de su ascendencia procedía de cazadores-recolectores locales, una proporción muy superior a lo esperado. El mismo patrón apareció en otros yacimientos de entornos ricos en agua de toda la región, convirtiendo un hallazgo singular en una tendencia sistemática.

El estudio rastrea también los orígenes de las poblaciones prehistóricas de Bélgica y los Países Bajos, e identifica la población de origen de una migración hacia Gran Bretaña durante el Neolítico tardío.

El papel crucial de las mujeres en la frontera neolítica

El descubrimiento más notable llegó al comparar dos tipos de ADN: el cromosoma Y, transmitido por línea paterna, y el ADN mitocondrial, heredado por línea materna. Lo que emergió fue un patrón profundamente asimétrico.

Los cromosomas Y de los restos belgas eran característicos de cazadores-recolectores. Sin embargo, tres cuartas partes del ADN mitocondrial procedía de agricultoras neolíticas del sur. La conclusión fue directa: mujeres agricultoras se integraron en las comunidades de cazadores-recolectores llevando consigo el conocimiento agrícola.

Esto invierte las expectativas de muchos arqueólogos, que habían asumido que serían las mujeres cazadoras-recolectoras quienes «ascenderían» socialmente al casarse con agricultores. Los datos señalan lo contrario: el flujo matrimonial discurría en la dirección opuesta.

Los humedales del norte: un refugio que también cambió

Las tierras fértiles al sur del Rin-Mosa atrajeron colonos agricultores desde el 5500 a.C. Los ricos humedales del norte, en cambio, eran territorio de cazadores-recolectores cuyo modo de vida se adaptaba mejor a ese entorno. Culturas como la de Swifterbant, en los Países Bajos, mantenían una ascendencia de cazadores-recolectores cercana al 100%, combinando una economía de subsistencia con una adopción todavía incipiente de la agricultura.

Este panorama encaja con el modelo de «movilidad en la frontera» propuesto en los años ochenta por los arqueólogos Marek Zvelebil y Peter Rowley-Conwy. Su esquema contemplaba una fase inicial de contacto y alianzas graduales, seguida de otra en que la agricultura se desarrolla junto a la caza y recolección, hasta llegar a una consolidación final donde la agricultura acaba predominando. Los nuevos datos genéticos sugieren que esa frontera era considerablemente más permeable para las mujeres que para los hombres, y que las alianzas matrimoniales habrían sido el mecanismo clave de transmisión cultural, más que la conquista o el desplazamiento directo.

La llegada de los Bell Beaker y la transformación de Gran Bretaña

Hace aproximadamente 4.600 años, una nueva oleada migratoria procedente de la estepa rusa —la cultura Corded Ware— comenzó a infiltrarse en la región del Rin. Esta población derivó, mediante un proceso que los investigadores aún no comprenden del todo, en la cultura Bell Beaker. El impacto fue radical.

Hace unos 4.400 años, más del 80% de la ascendencia genética de la región del Rin-Mosa procedía ya de la estepa, relegando a agricultores y cazadores-recolectores a menos del 20%. En pocas generaciones, el paisaje genético de la zona quedó completamente transformado. Los Bell Beaker cruzaron el Canal de la Mancha y se extendieron por toda Gran Bretaña, llegando hasta las Orcadas, y a su paso se produjo una sustitución que pudo alcanzar el 90% de la población neolítica local. Los constructores de Stonehenge desaparecieron casi por completo del registro genético, aunque las causas permanecen sin explicación clara.

Lo que aún no sabemos: preguntas abiertas para la ciencia

Los mecanismos exactos por los que los Bell Beaker reemplazaron tan rápidamente a las poblaciones anteriores siguen sin respuesta. No está claro si intervinieron episodios de violencia, epidemias, ventajas reproductivas u otros factores. Los propios investigadores reconocen que el cuadro podría volverse más matizado a medida que se acumulen datos arqueológicos y genéticos de mayor resolución.

El estudio plantea también si el modelo de «frontera permeable» podría aplicarse a otras regiones de Europa donde se observa un aumento tardío de la ascendencia de cazadores-recolectores, pero donde los mecanismos concretos aún no se han estudiado con suficiente detalle.

Quizá la implicación más profunda sea la que atañe al rol de género en la prehistoria. Durante mucho tiempo, los grandes cambios culturales se interpretaron como fenómenos protagonizados por hombres: guerreros, colonizadores, líderes de migración. Este estudio sugiere que, al menos en un episodio decisivo de la historia europea, fueron mujeres quienes tendieron el puente entre dos mundos. Eso invita a preguntarse cuántas otras transformaciones prehistóricas podrían reinterpretarse si se presta más atención a quiénes las protagonizaron realmente.

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